Esta pretende ser la historia de quince supervivientes en un mundo devastado y plagado de zombis. Los protagonistas son familiares y amigos míos que habrán de interactuar para llegar hasta el último capítulo. Pero, irremediablemente, algunos de ellos se habrán de quedar en el camino.
(Esta es una sinopsis patrocinada por Doxma)

29 nov. 2016

NUEVA PRUEBA DE SUPERVIVENCIA

Creo que puedo decir que hemos rebasado el ecuador de The Zombie Experience.

Digo “creo” porque en realidad no estoy seguro. Ya os dije una vez que esta historia no ha tenido nunca una dirección clara ni una ruta preestablecida, y que, de forma incomprensible tal vez, va caminando sola y no sabe muy bien hacia dónde.
Lo que más me gusta es esto precisamente, que en su improvisación es capaz de sorprendernos en cualquier momento, incluso a mí.

Yo, como vosotros, me sigo preguntando qué va a pasar con Holden, si esa pequeña herida de la pierna acabará con él o no. ¿Y cómo sobrellevará Ángeles la transformación de su carácter?
Tengo ganas de saber qué sucederá con Maria José, si sus premoniciones y sueños la conducirán a algo en concreto.
¿Y Nerine? ¿Será capaz de superar la ausencia de Thomas e integrarse en el grupo?
¿Y qué pasará con el resto? ¿Tendrá Juan Miguel la oportunidad de convertirse en el lider de todos?
¿Quién será el próximo en abandonar la historia? ¿Roquito? No, espero que no, que intuyo que necesita vengar a A.B.
¿Carlos, Montse? ¡Imposible! ¡Ahora se necesitan más que nunca!
¿Nacho? No, no, sería una tragedia dejar sola a María José otra vez.
¿Fran , Anasister? Ojalá los hermanos logren llegar hasta el final sin más percances, pero... ¿será así?

Suena extraño pero es totalmente cierto que, a dia de hoy, aún no lo sé.

Y es que solo dos cosas tenía muy claras desde el principio: que los protagonistas serían familiares y amigos (¡en menudo berenjenal os metísteis!) y que no todos llegarían al final, pero en ningún caso tendría yo nada que ver en sus desapariciones.

Este es uno de esos momentos en que la supervivencia vuelve a estar en vuestras manos porque ha llegado una nueva prueba.

La cosa no puede ser más sencilla.
Meteos por un instante dentro de vuestros personajes, en ese otro mundo en el que apenas quedan seres vivos y los muertos se vuelven a levantar en continua amenaza. Pensad en vuestra vida antes de esa hecatombe mundial, cuando no érais capaces de imaginar que todo iba a cambiar de manera fulminante.

Y ahora decidme... además de a familiares y amigos, ¿qué echais de menos de aquella vida anterior? Decidme algo en concreto en los comentarios del blog. No es necesario que os extendáis mucho, pero si lo hacéis, estaré encantado.

Doy de plazo hasta última hora del domingo 4 de diciembre. El último en dejar su respuesta, sintiéndolo mucho, no sobrevivirá. 
En el caso de que pasado el plazo haya más de uno que no ha respondido, se sortearía la baja.
Podeis participar todos, pero la prueba está enfocada para aquellos que seguís vivos.

Nada más por hoy. Un saludo y mucha suerte a todos.

(Gif creado por A.B.)
ACTUALIZACIÓN (5/12/16):

Superado el plazo para dejar comentarios, veo que sois tres los que no habéis llegado a tiempo: Carlos, Fran y Juan Miguel.

Imagino que con el ajetreo de la vida real os habéis olvidado del peligro de vuestra otra vida 2.0, que no puede quedar olvidada, (más que nada por las desgracias que eso puede conllevar)
Qué va a ocurrir ahora, os preguntaréis. Pues que he de dejar vuestro destino en manos del azar. Recurro otra vez al sorteo de la ONCE y, colocando vuestros nombres en orden alfabético,  expongo lo siguiente:

Que en el sorteo de la ONCE del próximo VIERNES 9...

si el número premiado acaba en 1, 2 ó 3, el desafortunado será Carlos.
Si  el número premiado acaba en 4, 5 ó 6, el desventurado será Fran.
Si el número premiado acaba en 7, 8 ó 9,  nos quedaríamos sin el lider Juan Miguel.
En el supuesto de que el número acabara en 0, los tres habrían de escribir cualquier comentario en esta entrada del blog, siendo el último en hacerlo el que dijera adiós a la historia.

¡Mucha suerte a los tres!
Un saludo a todos 

15 nov. 2016

17. OSCUROS PRESAGIOS



Echada en la cama, Nerine se desperezó. Se encontraba bien en aquel lugar. Le recordaba a un escondite que tuvo siendo niña, cuando con su hermana construyó una cabaña a los pies de un frondoso árbol. Aquella cabaña en penumbra, camuflada entre la vegetación, siempre les dio seguridad y se convirtió en su espacio privado, ajeno y vedado por completo al mundo de los mayores.

Revivía en su mente aquellas imágenes del pasado cuando se dio cuenta de que Thomas ya se había levantado y no estaba allí. 
“Siempre tan madrugador”, pensó mientras se incorporaba.
Trató de recordar el momento en que lo sintió tumbarse a su lado, para terminar deduciendo que su sueño debió de ser demasiado profundo como para notarlo.
Al levantarse tuvo sin embargo la extraña sensación de que Thomas no había dormido allí, junto a ella.
Se puso los zapatos y subió los escalones.
La tienda estaba vacía.
Desplazó a un lado el cierre metálico y salió al exterior.
Era más tarde de lo que había supuesto pues el sol brillaba con fuerza muy por encima del horizonte.
Avanzó hacia los surtidores mirando en todas direcciones. Fue más allá del gran espacio de sombra que proporcionaba el techado de la gasolinera, esperando encontrar a su marido en algún punto de la carretera.
Al llegar al asfalto, la brisa levantó un pequeño remolino de polvo en el arcén y Nerine sintió un escalofrío.

“Ha salido con el coche”, se dijo. “No puede estarse quieto y está investigando los alrededores. No tengo por qué preocuparme”
Volvió sobre sus pasos. Sus zapatos hacían crujir las pequeñas piedras del camino, dándole la impresión de que  junto a ella caminaba alguien más.
Se detuvo para volver a mirar a su alrededor. Estaba completamente sola.
En cierta medida, la idea de volver a su escondite la reconfortó.

…...................................................................

- Sácame de aquí
Nacho vio en los ojos de María José una súplica desesperada.  Pudo percibir  en el leve temblor de sus pupilas  la necesidad de huir lejos de aquel lugar en el que había sido el hogar de su familia. Comprendió que en ese instante ella estaba depositando en él toda su esperanza de escapar de aquella amargura y no pudo evitar sentir miedo. Miedo al futuro, al peligro, a lo desconocido... Miedo a no conseguir una vida mejor para los dos pero, sobre todo y por encima de la suya propia, una vida mejor para ella. 
Para Nacho la razón de su supervivencia había cobrado de repente un sentido: conseguir que  aquella mujer recuperara la paz que necesitaba.

- Sí, vamos a irnos, – le dijo apretando aún más sus manos- ¡Confía en mí!
El tétrico murmullo de los zombis les llegaba con claridad desde la calle.
- Lo primero es conseguir que se aparten de la puerta.
María José no pronunció palabra pero su mirada estaba llena de interrogantes.
- A ver, si conseguimos algo con que... Oye, ¿hay azotea? - preguntó Nacho alzando la mirada por el hueco de la escalera.
- Si – contestó María José.
- Ven conmigo.
El perro, adivinando la intención de sus movimientos, fue el primero en apresurarse a subir las escaleras.

La puerta que daba acceso a la azotea estaba entornada y Nacho tomó precauciones antes de salir  al exterior.
Una vez afuera, miró a su alrededor y encontró unas macetas alineadas junto a un tabique.  .
- Bien, es justo lo que necesitamos – dijo mientras sopesaba una – No son muy grandes pero harán bastante ruido.
El perro olisqueaba nervioso la tierra, e incluso mordisqueó algún tallo seco.
- Escucha, María José, voy a lanzar estas macetas a la calle, a ver si el ruido los hace alejarse de la entrada. Pero primero baja tú y quédate lo más cerca posible de la puerta sin que te vean. El furgón está abierto, pero no salgas hasta que compruebes que se han alejado lo suficiente.
- ¿Y tú?
- Yo bajaré con él – dijo mirando un instante al animal, que seguía olisqueando cada rincón de la azotea.
- Bien – dijo María José después de vacilar unos segundos – Os espero en el coche.

La primera maceta cayó  en el centro de la calzada. Nacho la lanzó  lo más lejos que pudo y reventó con más ruido del que había imaginado. Tras el estallido se levantó una nube de polvo.
Desde allí, Nacho no podía ver la reacción de aquella masa de infectados, pero le pareció que el rumor de sus voces había desaparecido.
En seguida lanzó otra maceta y otra inmediatamente después. Tras la doble detonación, el pequeño chucho comenzó a ladrar.
A Nacho le impresionó el sonido de los ladridos, rebotando en el silencio de la ciudad, como si hubiera otros perros contestando a aquellas llamadas.
Volvió a  asomarse por el antepecho. Los apestados se encaminaban hacia donde habían caído las macetas y Nacho apretó los puños al verlos. Era el momento de escapar de allí.
Dio un corto silbido para llamar al perro, y se dirigió hacia las escaleras. Llegó a la entrada en el mismo instante en que María José cerraba la puerta del furgón.
Los ladridos se volvieron a escuchar en el exterior y Nacho se detuvo en seco, asombrado de que el perro hubiera salido sin que él lo viera.
Se aproximó a la puerta y desde allí hizo una señal a María José para que esperara un momento. 
Había dado por hecho que el perro lo seguiría, pero los ladridos venían desde arriba: el perro seguía en la azotea
…...................................................................

Después de un ligero desayuno, Nerine decidió mantenerse ocupada. No encontró la más mínima evidencia de que Thomas hubiera pasado la noche allí, pero se esforzó en apartar los oscuros presagios que la rondaban y no dejó de hacer deducciones optimistas de todo aquel misterio. 
Sin embargo, conforme avanzaba el tiempo, su buena voluntad iba perdiendo fuerza.

“¡Verás cuando te vea aparecer!”, murmuraba mientras apilaba las latas de conserva. “No puedes salir para tanto tiempo... ¡y menos sin decirme a dónde vas!
Sacó unas velas de una caja y las colocó en varios puntos de la estancia.
“Sí,  te diste cuenta de que no tengo miedo, o no tanto como tú, ¡pero eso no quiere decir que no me preocupe!
Incapaz de seguir esperando volvió a salir al exterior. La belleza de un luminoso cielo sin nubes hizo tambalear su entereza.
“Oh, Thomas - exclamó a punto de sollozar-  ¿dónde te has metido?”,
De repente cayó en la cuenta de que no había mirado en la parte posterior de la gasolinera y con paso decidido se encaminó hacia allí.

Un amplio descampado comenzaba a espaldas del edificio, donde una maraña de  altas hierbas lo ocupaba todo. 
Nerine se echó las manos a la boca al descubrir el coche, camuflado entre las altas espigas.  Por unos instantes quedó paralizada y sus pensamientos se dispararon en todas direcciones.
“¡No se ha llevado el coche! ... ¿Cómo entonces...? ¿Se ha marchado caminando?... ¿O es que se ha dormido dentro? Pero no es posible que siga durmiendo... ¡¡No puede estar ahí!! Oh, my God, -murmuraba cuando comenzó a caminar lentamente hacia el vehículo-  ¡Oh, no! ¡Dime que Thomas no está  ahí!
Nerine acercó la cara al cristal y la mantuvo allí mientras experimentaba el alivio de encontrarlo vacío. Poco a poco, ese alivio se fue tornando en desconcierto y del desconcierto pasó a la rabia. De repente sintió la necesidad de gritar y de patear el coche.
- ¡Maldita sea, Thomas! - gritaba furiosa- ¡Vuelve de una vez!
Y presa de un ataque de frustración daba puñetazos en los cristales.
Cuando se sosegó le pareció oír un chasquido, como el crujir de alguna rama  seca. Surgiendo de entre la alta vegetación apareció ante sus ojos uno de aquellos monstruos que deambulaban por todas partes. Se dirigió hacia ella con los brazos extendidos y Nerine observó que tenía una maraña de tallos espinosos prendidos en su ropa y  pelo.
No se alteró lo más mínimo al verlo, tan solo abrió la puerta del coche y se metió dentro. Las llaves estaban puestas y lo arrancó.
El coche empezó  a avanzar y Nerine miró fugazmente por el retrovisor para ver cómo el caminante se iba quedando atrás.
Respiró hondo y giró el volante hacia la carretera

- Voy a encontrarte, my dear – dijo secándose las lágrimas.
…...................................................................

Nacho subió las escaleras a toda prisa. El perro, excitado al escuchar el eco de sus propios ladridos, había alzado las patas delanteras sobre el parapeto y respondía con brío.

- Pero mira que eres tonto – le dijo Nacho mientras lo cogía en brazos – Vámonos de aquí.

Un vistazo a la calle antes de marcharse lo dejó helado. Los muertos se acercaban de nuevo al furgón en el que María José aguardaba, pero otros  habían surgido desde las calles adyacentes, en ambos sentidos.  Sin detenerse a pensar si sería más rápido que todos ellos, Nacho se abalanzó hacia las escaleras. Cuando estaba a punto de salir al exterior, el perro,  asustado sin duda por el peligro inminente, se agitó en sus brazos hasta saltar al suelo. María José, consciente de que cada segundo contaba, ya había arrancado el motor y se apresuró a abrir la puerta del conductor por la que el animal se introdujo de un brinco. Nacho vio cómo uno de los zombis se precipitaba tras el perro y corrió a cerrar la puerta.

- ¡Por aquí! - gritó María José abriendo la  de su lado.
De un fuerte tirón, Nacho se pudo desasir de una mano azulada que le aferró la camisa. Bordeó el coche consciente de lo mucho que se había arriesgado al salir a la calle a toda costa y se le secó la boca al comprender que otro muerto iba a alcanzar  aquella puerta al mismo tiempo que él.
No se permitió dudar ni un segundo. Su único pensamiento era entrar al coche y cerrar la puerta con fuerza. Más tarde comprendería que fue el miedo lo que lo salvó en aquel instante. Nacho embistió al muerto con su propio cuerpo, y al meterse en el coche  cerró con tal ímpetu que la puerta reventó aquella repugnante cabeza.
María José apretó el acelerador en el instante en que la mayor parte de aquellos podridos cercaban por completo el vehículo.
…...................................................................

Nerine condujo despacio a lo largo de aquella larga y solitaria carretera. Había tal quietud en el paisaje que hasta el repentino aleteo de cualquier avecilla captaba inmediatamente su atención.
Su deseo de encontrar a Thomas era tan intenso que parecía verlo caminar a la vuelta de cada curva.

- Oh, my darling,- susurraba con dulce voz- tú que eres tan previsor... ¡y  te has perdido! Seguro que te alejaste más de la cuenta y ahora andas desorientado. Pobre Thomas, estarás hambriento... y cansado.

Pasó junto a un campo de cerezos en flor y al contemplarlo sintió una  mansa tristeza que inundaba poco a poco todo su cuerpo.
- Mira qué bonito todo esto, Thomas

Un par de kilómetros más adelante giró para seguir el mismo recorrido en sentido contrario.
En la distancia, a su izquierda, un conjunto de tejados de color terracota contrastaba con el verdor de una frondosa higuera. La posibilidad de que aquel podía ser el lugar al que se había encaminado su marido la animó, y al girar por el único camino que debía de conducir allí, ya estaba convencida de que iba a encontrarle.
…...................................................................

Nacho se lavaba en el agua turbia de una alberca. Frotaba con fuerza toda la sangre oscura y maloliente que le había saltado a la cara y las manos.
Habían detenido el coche en una zona de chalets a las afueras de la ciudad, un lugar muy tranquilo a primera vista.
Esperándole en el coche, María José acariciaba al perro, complacida en la actitud del animal, que no dejaba de mirarla atentamente con sus ojillos brillantes.
Nacho volvió al coche y se inclinó para mirarles.
- Aún no me has dicho cómo se llama – dijo María José
- ¿Te creerás que no le he puesto nombre? Lo encontré hace unos días.
- ¿En serio?  Yo pensaba que llevabais juntos todo este tiempo.
- No,  estaba por la circunvalación del norte, en un desguace. Es increíble que haya podido sobrevivir.
- ¡Vaya, pobrecillo! - María José le acarició la cabeza- ¡No me quiero ni imaginar el miedo que pasarías tú solito por ahí!

Nacho se dirigió a la parte trasera del furgón y tras rebuscar en su interior volvió con las pocas reservas de comida que aún tenia y las repartió entre los tres.
- ¿Qué vamos a hacer, Nacho?  - empezó a decir María José – Yo... no llevo más que lo puesto. Toda la ropa que tenía...
Nacho se puso un dedo sobre los labios.
- No pienses ahora en nada de eso. Ahora toca comer y eso es lo que vamos a hacer. Todo lo que vayamos necesitando lo iremos tomando de aquí y de allá. En su momento.
- ¿Dónde vamos a pasar la noche?
- No me estás haciendo caso: ahora toca comer. Después pensaremos en todo eso.
María José quedó unos segundos en silencio mirando la manzana y las tortas de maíz que tenía en las manos.
- Supongo que tendré que acostumbrarme a que ahora sobra tiempo para todo.

Comieron en silencio. Nacho miraba las tenues sombras de las nubes desplazándose sobre las montañas. María José observaba el ligero temblor de las orejas del perro que,  apoyada la cabeza en su regazo, había cerrado los ojos. Conmovida por el animal, pensando en lo deseoso que parecía de dar y recibir cariño, le acarició la cabeza y murmuró: “Solito”

Hasta bien avanzada la tarde, estuvieron inspeccionando varias de las casas de aquella zona rural. Accedieron a ellas sin la menor dificultad pues la mayoría estaban abiertas y vacías. Tan solo en una escucharon por el piso superior el ruido de pasos que se arrastraban  y prefirieron no acceder. Tampoco entraron en otra en la que un penetrante olor los  asaltó nada más abrir la puerta.

Nacho caminaba siempre delante, portando  la tubería que había convertido en arma días atrás.  Permanecía atento a cualquier posible reacción del perro, que caminaba despreocupado olisqueando el suelo.
Encontraron dos maletas encima de un armario, y María José fue guardando en una de ellas algunas prendas de su medida, así como artículos de aseo personal y varios medicamentos. Utilizaron la otra maleta para llevarse todo lo aprovechable de las despensas de aquellas casas
El silencio en todas ellas era tan denso que hasta el ruido de sus propios pasos les parecían sonidos perturbadores, y en más de una ocasión se quedaron muy quietos creyendo haber escuchado pasos ajenos.
Nacho observaba que todo estaba en aparente orden y eso le hizo pensar que no habría supervivientes por los alrededores. De haber sido así ya habrían saquedado aquellas viviendas.
Cuando empezó a oscurecer, Nacho propuso pasar la noche en alguna de aquellas habitaciones.
…...................................................................

Nerine conducía de regreso a la gasolinera. De repente la había invadido un sentimiento de culpa por haberse ausentado del lugar al que su marido regresaría.
Había estado admirando las sólidas casas de aquella aldea, sus árboles y la fértil vaguada que llegaba hasta un río, y en todo ese tiempo su único pensamiento había sido el de poder compartir aquella belleza con Thomas. El hecho de que no lo encontrara allí, de pronto perdió importancia, pues lo fundamental era que había dado con el lugar en el que serían felices, el entorno perfecto que Thomas había propuesto para vivir.
Y al sentir la necesidad de contarle a Thomas lo que había visto, le pareció que hacía mucho tiempo que había salido en su busca. Pensó que él ya habría vuelto, y su angustia fue aumentando conforme aceleraba el coche por el camino que subía a la carretera.

Unos minutos después descendía del vehículo para llamar a Thomas con ansiedad. 
Sí, estaba convencida, de que ya había vuelto y lo iba a encontrar en aquel escondite que había limpiado y engalanado con tanto mimo para los dos. Casi adivinaba la forma en que se estaba moviendo por la estancia, con aquel cuerpo alto y algo encorvado, y que cuando la oyera se volvería para gruñir como era habitual en él.
- ¡Thomas! - gritó – ¡Ya estoy aquí!

Pero no había nadie alli.  

Nerine miró toda la estancia desconcertada, intentando que su cabeza encontrara otra vez una razón convincente por la que Thomas no estuviera allí.
- No, no me hagas esto – empezó a murmurar – No me hagas esto, no me hagas esto, ¡NO ME HAGAS ESTO!

Nerine gritaba y daba manotazos tirando al suelo todas aquellas ordenadas pilas de conservas
- ¿Cómo eres capaz de dejarme sola? - gritaba - ¡No me lo merezco! ¡Canalla! ¿Dónde, Thomas, dónde? ¿DONDE ESTÁS?
Continuó lanzando al suelo los cojines, las velas y al ver la Biblia la cogió e hizo un amago de lanzarla con furia contra la pared, pero finalmente se contuvo. Se sentó en el jergón y mirando su colorida colcha  se echó a llorar.
…...................................................................

Un chillido sonó en algún lugar  no lejos de allí y María José dio un respingo.
- Tranquila,  solo ha sido un cuervo – dijo Nacho inspeccionando el cielo a través de la amplia luna del furgón-  No te imaginas cuántos se ven ahora.

Casi había anochecido. Hablaron de la posibilidad de pasar la noche en alguna de aquellas habitaciones pero finalmente determinaron que lo más práctico y seguro era dormir en la parte trasera del furgón, eso les permitíría huir rapidamente de allí si surgían problemas.

Nacho estaba cambiando las pilas a una linterna.
- Pobre mujer - susurró María José
Él la miró  sin estar seguro de lo que había oído.
Nacho,  dime una cosa, ¿cómo es que hemos sobrevivido?
- Bueno…  no somos los únicos. Ten por seguro que hay mucha gente que habrá  superado todo esto. Algunos organismos…
- Yo creo que estuve a punto de morir, ¿sabes? - le interrumpió – Tuve mucha fiebre… deliraba... no sé cuánto tiempo estuve así. Y creo que me salvé al tomarme uno de aquellos frascos que me diste.
Nacho la miró extrañado.
- No, no es que lo crea, estoy segura de que eso me salvó.
- Pero ese jarabe solo tiene propiedades contra la infección de las mordeduras.
- Supongo que es como dices pero… En serio, Nacho, creo que me salvó. Pero al mismo tiempo... me ha transformado.
- ¿Cómo que te ha transformado?
- Te va a resultar muy extraño, pero hace un momento he visto a una mujer que conozco.
- ¿Que has visto a...? Explícame eso.
- Ha sido un instante, justo al oír ese graznido. La he visto gritar porque no encuentra a su marido. Está desesperada.
Nacho se quedó callado.
- Sí, ya sé que te sonará a cosa de locos. Yo tampoco logro explicármelo, pero no es la primera vez que me pasa.
- ¿Quieres decir… que ahora ves cosas?
- Nacho, ¡yo sabía que vendrías a por mí! ¡Te veía!  Vi el momento en que me encontrabas y nos abrazábamos. Pero te había visto antes… Dentro del coche, aparcado junto a un parque en el que había muchos cuervos.
Él se quedó mudo.
- Te ocurrió eso, ¿verdad?
Nacho quiso decir algo pero ella prosiguió.
- Dime, ¿lanzaste algún frasco de jarabe al cielo? ¿Y se rompió al caer? ¡Vi algo así!
María José vio cómo a Nacho se le abría la boca por el asombro ante lo que oía y sintió  alivio al poder contar aquello que  la maravillaba y asustaba al mismo tiempo.

Continuó dándole detalles y con cada episodio de las  visiones que María José le relataba, Nacho comprendía que todo aquello, todo lo que estaban viviendo, era aún más extraordinario e incomprensible de lo que había pensado hasta entonces. Y aunque  esos sueños y visiones de María José habían ayudado a que ellos se encontraran, no estaba seguro de si eran una bendición o todo lo contrario.