Esta pretende ser la historia de quince supervivientes en un mundo devastado y plagado de zombis. Los protagonistas son familiares y amigos míos que habrán de interactuar para llegar hasta el último capítulo. Pero, irremediablemente, algunos de ellos se habrán de quedar en el camino.
(Esta es una sinopsis patrocinada por Doxma)

5 may. 2016

11. CUERVOS Y PREMONICIONES

María José abrió los ojos de golpe. Una fuerte detonación había sonado en algún lugar.
 - ¿Qué ha sido eso? - preguntó asustada.
No te preocupes, - le contestó su vecina Nerine, sin dejar de pasarle un paño húmedo por los brazos - es mi marido, que ha salido a despejar la escalera.

Al momento entró en el salón un hombre muy alto y flaco, sujetando una escopeta de caza. Acostumbrada a presenciar escenas que creyendo reales resultaban ser tan solo sueños, María José se preguntó si estaría realmente despierta. Ante su gesto de desorientación, Nerine comenzó a hablarle despacio, intentando trasmitirle tranquilidad.

Has pasado por cosas terribles, lo sé, pero ahora estás a salvo, en mi casa.
María José se quedó mirando a aquel gigante armado que la saludó con un rápido movimiento de cabeza al pasar por su lado.

- Te mareaste y Thomas y yo te sentamos aquí – siguió diciéndole Nerine -  Mi marido dice que estás débil y deshidratada y por eso te  he preparado un buen caldo.
- Gracias – murmuró María José.
- No nos des las gracias a nosotros, ¡es nuestro Señor quien te ha salvado! A ti y también a nosotros. Thomas empezó con  algo de fiebre… y la fiebre siguió aumentando. Cada vez más... Pensé que Dios se lo ievaría de mi lado, pero sin duda escuchó mis oraciones.
- Yo también tuve mucha fiebre.
- Y sin embargo Él ha decidido que no es tu momento todavía, ¿no es maravilioso? Io ni siquiera he estado enferma. ¡Me siento tan agradecida…! Verdaderamente creo que Él nos tiene preparada alguna misión importante.

Thomas volvió con una bandeja que Nerine se apresuró a tomar de sus manos para ofrecérsela a María José.
- Vamos, es hora de que empieces a coger fuerzas. Tómate esto y después seguiremos hablando.

Dando pequeños sorbos del tazón, María José observaba a aquella peculiar pareja de australianos con la que tan poca relación había tenido en su comunidad de vecinos.
Él tenía los ojos muy abiertos, lo que le daba el aspecto de estar continuamente espantado, y sus movimientos eran nerviosos, como si llevara un motor interno siempre revolucionado.
Durante los minutos posteriores,  María José le vio en repetidas ocasiones salir a la escalera con la escopeta y volver a entrar al piso a grandes zancadas, y todas las veces se pasaba por el cabello una mano que pudo ver temblar levemente.
La mujer mostraba habitualmente una suave sonrisa que contrastaba con el rictus serio de su marido. Tenía algún colgante debajo de la camisa  que constantemente apretaba con la palma de una mano contra el pecho.

Se terminó todo el tazón de caldo y seguía sintiéndose ajena a todo lo que la rodeaba, como si estuviera despertando en un mundo extraño y necesitara observarlo con detalle para saber a qué atenerse. 
Se sentía fuera de lugar en aquel reducto en el que el tiempo parecía haberse aletargado, y le sorprendía su  pasividad, tan impropia de la situación en la que se encontraba.  A pesar de  todo prefería seguir sumida en ese estado antes que reaccionar para sufrir el dolor de la pérdida, que amenazaba con asaltarla en cualquier momento.

Cerró los ojos tan solo un instante y una imagen perturbadora la sobresaltó de tal manera que la bandeja cayó al suelo.
- ¿Estás bien, querida? - exclamó Nerine acudiendo a su lado.
- Lo siento, no sé cómo... - empezó a lamentar Maria José, mientras se levantaba. del sillón para recoger todo lo que había caído.
- No, no te levantes, – le dijo Nerine – no vaias a marearte.

María José volvió a sentarse muy confundida. En esas décimas de segundo en que había cerrado los ojos, pudo ver a Thomas sangrando por la nariz,  y  con las manos en la cabeza gritaba sin emitir sonido alguno.

- Ahora te traeré un poco de fruta, ¿de acuerdo? - le decía Nerine - Después, si te sientes con fuerza, puedes subir a tu casa a traer todo lo que nos pueda hacer falta. Vamos a marcharnos.
- ¿Cómo que a marcharnos?
- No pensarás quedarte aquí tú sola, ¿verdad?
- Pero, ¿a dónde vamos?
- No lo sé, pero la ciudad está llena de infectados. Y ia has visto en qué se han convertido...  Hay que buscar algo más seguro.
- No sé si me voy a atrever a...
- ¿A entrar en tu casa?  Thomas dice que no hay peligro, que ia ha mirado bien y está vacía.
- ¿Qué ha hecho... con los cuerpos?
- No te preocupes por eso ahora. No los vas a ver.

Antes de subir el último tramo de escalones, María José vio la puerta de su piso abierta y sintió un escalofrío. En mitad de aquel silencio, un sonido hueco que rebotaba en las paredes le llegaba desde algún lugar de la escalera y al asomarse por la barandilla vio a Thomas, que limpiaba con una fregona un rastro de sangre.

Decidió hacer las cosas con celeridad, sin pensar demasiado en nada. Llenó el carro de la compra con las conservas que quedaban en la despensa. Entró en el baño, cogió todo lo que usaba a diario y lo soltó en la cama. Bajó del armario una maleta y la llenó con ropa y los utensilios de aseo. Antes de cerrarla metió  un portafotos que no quiso mirar.
Cuando se apresuraba para salir,  sus pies golpearon el frasco vacío que había en el suelo, que giró como una peonza. Observando ese movimiento hipnótico, María José se recordó a sí misma arrodillada en el suelo bebiendo de un trago todo aquel jarabe dulzón.
Recordó entonces las palabras de Nerine 
“ ...es nuestro Señor quien te ha salvado, ¿no es maravilioso?”
“No, -  se dijo a sí misma – es el Doxma lo que me ha salvado”

Sacó la caja de cartón de debajo de la cama y salió de allí.
Al cerrar la puerta de su piso se despidió mentalmente de todo lo que dejaba atrás.

…..........................................................

Nacho se sacudió de la camisa las migajas de galletas saladas que había estado comiendo. Se encontraba aparcado junto a un parque de árboles frondosos, observando la bandada de cuervos que se había posado en la barra de hierro de los columpios.
“¡Vaya una estampa! – pensó - Para que el mundo sea aún más tétrico, ahora en los parques no se ven palomas, sino cuervos”.
Una de aquellas ruidosas aves graznó mirando en su dirección y Nacho observó cómo dejaba a sus compañeras para, en un corto vuelo,  sobrevolar de cerca el vehículo.
“Eres listo – musitó – Has venido a curiosear, ¿eh?”
El cuervo regresó a la barra del columpio y desde allí volvió a graznar con más fuerza, consiguiendo alborotar al resto de las aves, que lo imitaron en lo que parecía una competición de sonoridad.

La algarabía no tardó en llamar la atención de los caminantes de la zona. Los primeros infectados en presentarse surgieron del mismo jardín, pero Nacho vio también llegar a otros por las calles adyacentes.
Por unos instantes quedó paralizado, sin saber qué hacer, pues era obvio que acudían al ruido que hacían los cuervos y que a él no lo verían mientras no se moviese.
Pero, incomprensiblemente, los cuervos echaron a volar y, sin dejar de graznar, se posaron en el techo del furgón, por lo que el rumbo de los zombis cambió hacia aquella dirección.
"¡Hijos de puta!" - exclamó Nacho, arrancando de inmediato el vehículo para salir de aquel lugar. 
En un acto reflejo frenó de golpe cuando uno de aquellos seres putrefactos apareció de repente delante del coche. Los cuervos no dejaban de chillar y el zombi, cara a cara con Nacho a través del parabrisas, levantaba la cabeza y los brazos hacia él. Nacho aceleró. El zombi cayó bajo el coche y quedó enganchado. 

Con la cara crispada por la aprensión, Nacho aceleraba y frenaba intentando deshacerse tanto de los cuervos como del bulto que arrastraba bajo sus pies. Irritado ya por sus múltiples intentos en vano, frenó y bajó del vehículo
"¡Malditos...!"

La reacción de los cuervos le dejó impresionado. Nada más abrir la puerta volaron todos a varios metros, posándose en diversos lugares, observándolo. Cesó la algarabía. La calle quedó en silencio. Solo se oía un tenue jadeo debajo del furgón.

Nacho se arrodilló  para mirar al hombre que había atropellado. Movía los brazos lentamente y emitía un ronquido apagado, como el de un moribundo. Volvió a subir al vehículo con una idea en la cabeza y nada más ponerse en marcha vio por el espejo retrovisor cómo uno de los cuervos alzaba el vuelo para llegar pronto al techo del furgón. Inmediatamente lo imitaron todos, para nuevamente comenzar a graznar con fuerza.

La idea dio el resultado esperado.  Nacho dirigió el furgón hacia el bordillo de una acera hasta subir en ella y así consiguió que el cuerpo se soltara.
Entonces los cuervos se abalanzaron hacia el guiñapo.  
Manos, cara, orejas, ojos... los gruesos picos de los cuervos rasgaban la piel del zombi con un ímpetu tal que en poco tiempo dejaron todo su cráneo al descubierto.

Nacho se fue alejando lentamente, hipnotizado por lo que veía en el espejo retrovisor. Cuando se distanció lo suficiente como para dejar de escuchar a los pájaros, aceleró, despreciando interiormente a aquellas siniestras aves, pero al mismo tiempo fascinado por su violento instinto.

“Primera lección de mi nueva vida – se dijo mentalmente - No te fíes de los cuervos”
…...........................................................

A María José la ponía nerviosa la presencia de Thomas. Era evidente que era hombre de pocas palabras, hasta el punto  que parecía entenderse perfectamente con su mujer con tan solo mirarse entre ellos. Pero su continuo caminar por la casa y sus insistentes entradas y salidas del piso  empezaban a  irritarla. De vez en cuando hacía un gesto a su mujer y entonces se apartaban de ella, pero no lo suficiente como para dejar de oírles cuchichear.

Tenía muy claro que no se atrevía a quedarse sola en aquel edificio, pero empezaba a plantearse si  la idea de salir de la ciudad con aquella pareja era la mejor opción. No hacía falta ser muy observador para darse cuenta de  que Thomas y Nerine  estaban llenos de rarezas y no se veía trabando amistad con ellos.

Como lo más práctico era llevar pocos bultos, María José volvió a abrir su maleta para pasar a ella todos los frascos de Doxma.

- ¿Estás medicándote, querida? - el dulce tono de voz de Nerine a sus espaldas la sobresaltó.
- ¿Eh? Ah, no, no. Es... Bueno, un amigo me consiguió esto. Me aseguró que podría servirme de ayuda.
- ¿Qué es?
- Es un simple jarabe para la tos, pero parece que tiene unos componentes que … - María José dudó un instante antes de proseguir -  ...que dan fuerza al organismo.
- Ah, bien, - dijo Nerine aumentando su sonrisa- ¡nada de lo que avergonzarse entonces!
- No, claro que no – respondió María José, ignorando el significado de aquel comentario.
Nerine hizo un amago de alejarse, pero volvió a encararse a María José.
- Verás, Thomas estuvo haciendo exploraciones por muchos barrios de la ciudad. Parece que la fiebre ha sido terrible. No ha encontrado a nadie con vida.
- Pero... no podemos ser los únicos – dijo María José cerrando la maleta.
- Imagino que no, pero no parece que vayamos a encontrar supervivientes aquí– decía Nerine sin dejar de apretar el colgante bajo su suéter.
- De todas formas, me gustaría comprobar si...
- No, querida, no hay nada que comprobar. No queda nadie.
- ¡Pero, cómo puede estar tan segura! Esta ciudad es grande, ¡no podemos ser solo tres!
- No vaias a insultar la infinita bondad de nuestro Señor por haberte salvado.
- ¿Pero qué está diciendo? Yo no estoy insultando...
- ¡Haz el favor de no gritarme! - le interrumpió Nerine endureciendo su gesto – Creo que me he portado... nos hemos portado bien contigo. Deberías tenerlo presente.
- Oiga, Nerine, yo le agradezco enormemente esa ayuda, pero comprenda que me he quedado sola, que quiero intentar localizar a algún familiar, algún amigo...
- ¡Dios es ahora nuestro amigo! ¡Nuestro único amigo! Y deberías estar dándole gracias por...
- ¿Gracias? - gritó María José totalmente exasperada - Gracias por qué ¿Por haberme dejado con vida pero no a mi marido y mis hijas? ¿Debo saltar de contenta y gritarle a los cielos “¡Gracias! ¡Gracias! Ellos han muerto pero yo sigo viva!”
El impacto de la bofetada de Nerine la desplazó.
De repente estaba sentada en un parque y unos cuervos volaban en dirección a un coche aparcado. En ese coche había alguien a quien necesitaba ver, convencida de que era alguien con quien podía ser feliz. Pero las alas negras de las aves tapaban su  rostro.
Entre brumas, María José regresó en un viaje fugaz a aquel salón. La australiana la miraba con desdén.
No quedaba nada de la amable sonrisa de su rostro.

…........................................................

 Nacho conducía con el ceño fruncido. Sin nada con lo que defenderse en sus manos todavía, se sentía más vulnerable cuanto más tiempo transcurría, así que estaba decidido a construirse un arma eficaz.
No tenía nada en mente, salvo que debía ser algo duro, contundente y fácil de manejar. Entonces recordó un amplio lugar en las afueras, un enorme cementerio de chatarra.
“¿Qué habrá sido de él?” - se preguntó mientras giraba el volante en aquella dirección.
No vio señal de vida en todo el recorrido por el extrarradio de la ciudad, tan solo el vuelo de algunos cuervos, diminutos puntos negros en la distancia. Se le erizó la piel al recordar las miradas de las aves desde aquel columpio.

Próximo ya al cementerio de chatarra,  en una zona de suaves colinas se cruzó con uno de aquellos caminantes.
Llevaba una bata de hospital muy manchada y arrastraba por la calzada una botella de suero que aún seguía inyectada a sus venas. El muerto, con la mandíbula desencajada, se detuvo a ver pasar el coche, como si fuera la cosa más llamativa que hubiera visto en mucho tiempo.
A pesar de la horripilante imagen, Nacho no pudo evitar reír y el sonido de su propia risa  le sonó tan divertido que desembocó en una carcajada interminable. Tuvo que detener el coche para dejar salir aquellas incontenibles ganas de reír. Cada vez que miraba  al zombi por el retrovisor, que seguía con su expresión de  bobo detenido en el centro de la calzada, explotaba en una nueva oleada de carcajadas.


“Vamos – decía Nacho secándose las lágrimas con las manos- ¿no oyes cómo me río de tu cara? ¡Ven a defenderte!”

Sin embargo el muerto continuó su camino en dirección contraria  y Nacho lo siguió con la mirada hasta dejar de verlo.

Desde allí se podía contemplar una hermosa panorámica de la ciudad y sus alrededores. El sol, que empezaba a descender, arrancaba reflejos a muchas superficies metálicas o de cristal, haciéndolas brillar desde lo lejos.
Nacho buscó el lugar exacto del almacén, del lugar que había sido su hogar en todos aquellos meses, y no tardó en localizarlo. También sus pequeñas ventanas brillaban y a Nacho le pareció que le hacían guiños de despedida.
Le invadió de repente una profunda sensación de soledad y se quedó pensando si volvería a reír alguna otra vez de la forma en que lo había hecho aquel día.

Un suave viento meció los altos matorrales de aquellas colinas.

Antes de reanudar la marcha se secó de nuevo otra lágrima. Una última lágrima que nada tenía que ver con las anteriores.

…..............................................

Thomas había preparado el coche en la puerta del edificio. María José, que no dirigió una sola mirada a Nerine, se había sentado en las escaleras junto a la puerta de entrada. Desde allí vio cómo ella iba bajando  muchas maletas y bolsas de gran tamaño pero no sentía ningunas ganas de ofrecerse a ayudarla.
Thomas quería que le fueran pasando el equipaje y  cuando estuviera todo en el maletero abriría las puertas del coche para que ellas entrasen.

- Ha de ser todo muy rápido, ok? - les dijo- Me aseguraré de que la calie esté despejada y entonces os haré una senial.
María José estaba ausente en aquellos momentos. No dejaba de pensar en su última visión y en por qué le asaltaban aquellas incomprensibles imágenes, algo que no le había sucedido nunca con anterioridad. 
“¿Qué ha cambiado en mí?- se preguntaba – Algo me sucede y no me reconozco.”
Miró de reojo a Nerine y observó que en las manos portaba un pequeño libro de tapas azules en el que se leía “Hole Bible”.

Cuando todos los bultos estaban ya en el maletero, Thomas entró al edificio para volver a subir al piso.

- ¿A dónde vas, querido? - preguntó Nerine
Él se volvió un instante con ojos desorbitados y le hizo señal de que no gritara.
- ¡Se me olvidaba algo muy importante!

A María José, los minutos a solas con aquella mujer se le hicieron eternos.
- ¿Estás más calmada ahora? - le preguntó Nerine de repente con aquella sonrisa de nuevo en la cara.
Thomas volvió a bajar con un par de cajas de cartuchos.
- Bien, - dijo-  todo listo por fin. No tenéis más que dirigiros al coche, subir y cerrar las puertas. No quiero que miréis a los lados, solo al coche, OK?

A la señal esperada, salieron las dos con presteza, pero para María José fue imposible dejar de ver una señal de sangre  sobre la acera, que condujo su mirada al hombre que yacía sobre un charco oscuro.
Una vez dentro del coche no se atrevió a comprobar lo que su  mente estaba procesando. Aquel cuerpo…

El coche se puso en marcha y empezó a avanzar. Contra su voluntad, María José volvió a mirar a aquel hombre muerto. Reconoció su camisa, sus pantalones, el color de su pelo…
- Oh, Dios mío, gritó cubriéndose el rostro, ¿por qué lo ha dejado ahí?
Nerine, sentada junto a Thomas, se volvió para mirarla
- Oh, vamos, querida, ese ya no era tu marido.
- ¡Pero no esperaba encontrarlo ahí tirado! ¡Yo no quería verle así! ¡Me aseguró que no lo vería!
- ¿Y para qué has mirado? ¡Thomas dijo que miraras sólo al coche!
- Oh, por favor… - empezó a decir él con evidentes muestras de nerviosismo.
- ¡Ha sido muy cruel por su parte! – les recriminó María José furiosa.
- Oh, pero por qué eres tan desagradable- exclamó Nerine con tono severo- ¡No haces más que protestar! ¿Aún no te has dado cuenta de que es una bendición ser una elegida de Dios?
- ¡No me nombres más a Dios! ¿Vale? – le gritó María José – Eres una mujer egoísta y sólo piensas en ti. ¡¡Me gustaría saber qué dirías si fuera tu marido el que estuviera ahí tirado en la calle!!
- ¡¡Estúpida ingrata!! – le gritó Nerine - No se te ocurra hablarme así jamás. ¡Después de lo que estamos haciendo por ti!
La mirada de Thomas se quedó perdida durante unos segundos hasta que frenó de golpe. Parecía que los ojos fueran a escapar de sus órbitas y tanto Nerine como Maria José vieron que se apretaba la cabeza con manos temblorosas
Thomas empezó a sangrar por la nariz y abrió la boca en un gesto de dolor sin llegar a emitir sonido alguno.

- Oh, my God – exclamó Nerine- ¿¿Qué te pasa, querido?? ¿Has visto lo que has conseguido, estúpida? – gritó a María José con desprecio – Aún está convaleciente, ¿no te das cuenta?
María José no escuchaba a Nerine. Estaba impresionada ante lo que estaba viendo. Aquello era exactamente igual a la imagen que había visto en su mente horas atrás. “¿Qué me está ocurriendo?”

Nerine se apresuró a ponerle a Thomas un pañuelo en la nariz sin dejar de susurrarle “Shhhh, shhhh…”

En aquellos instantes de confusión, escuchando a Nerine hablar a su marido, la voz de ella se difuminó  como si estuviera muy lejos de allí, y entendió que verdaderamente se había alejado a otro lugar. No era un lugar físico sino la sensación de flotar y verlo todo a su antojo. Se acercó a toda velocidad a aquel vehículo que llamaba su atención y espantó a todos los cuervos que volaban junto a él. Se acercó a los cristales y dentro pudo ver a Nacho. 
¡Aquel era su amigo Nacho!
Acto seguido lo vio en su casa y él  la abrazaba y ella por fin podía llorar ante alguien que la escuchaba y la comprendía. Y  la sensación de paz fue tan intensa que ni siquiera la voz aguda de Nerine ante su cara, devolviéndola de nuevo a aquel asfixiante reducto le borró la sonrisa.

- ¿Me estás escuchando? – le gritaba la australiana- ¡Aiúdame a sentar a mi marido en mi sitio! Voy a conducir io mientras se recupera.
María José, sin  dejar marchar del todo aquella agradable premonición, negaba con la cabeza y sonreía.
- ¿Estás diciéndome que no?
- Sí
- ¡Si no me aiudas ahora mismo, te quedas aquí, maldita ingrata!
María José seguía sonriendo.
Nerine, fuera de sí, salió, rodeó el coche y ayudó a salir a su marido, que parecía estar recuperándose.
Cuando cambiaron de asiento, María José abrió la puerta.
- Que tengan buen viaje, yo me quedo.
- ¡Estás loca!
- Puede ser, por eso estarán mejor sin mí. Voy a coger mis cosas y me voy.
- ¡No esperes a que dé la vuelta para ievarte a tu casa!
- No hace falta. Está cerca.

Cuando María José descendió y se dirigía al maletero, Nerine aceleró.

En solo medio minuto el coche desapareció y con él sus maletas, su comida, su ropa… y todos los frascos de Doxma.

Thomas se giró y vio el asiento vacío.
- ¡La has dejado atrás!
- No, no dejo atrás a nadie.
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Nota: Las dos primeras fotos me las envía  Carlos (¡deberes cumplidos!)
La tercera foto me la manda Nerine (¡antes de saber que en el capítulo aparecerían cuervos!)
La última frase en rojo fue la propuesta por Anasister para este capítulo (¡deberes cumplidos también!)

En los siguientes seguiré con vuestras aportaciones.
¡Gracias a todos!

9 comentarios:

Juan Miguel dijo...

muy cortito Juan, o me lo ha parecido a mí. Siempre me ha costado entender esta forma de contar una historia, pasado, presente. Menudo puzle estas montando, espero que sepas donde te estas metiendo, jeje.

Este capitulo es suave no has metido acción, a ver si para el próximo rodan cabezas.

Anónimo dijo...

Guauuuu...guauuuu...guauuuuu.
Y guauuuuu.
Me ha encantado Juan. Pobre M.josé...me encanta su sexto sentido..y Thomas? Estará infectado? El personaje de Nerine me encanta. Deseando que Nacho y M.josé se encuentren...
Anasister

Ángeles dijo...

Es un capítulo magnífico, JuanRa, y eso que no aparezco yo (o será por eso, más bien :D)

El personaje de Nerine es toda una creación, ¡da escalofríos! Y los de Nacho y María José cada vez resultan más interesantes.

Además todas las escenas son muy dinámicas, y hay imágenes, como las de los cuervos o las de Thomas por la escalera, saliendo y entrando, con ese aspecto tan peculiar con que lo has pintado, que resultan muy cinematográficas, muy plásticas.

Te felicito mucho, sinceramente.

miquel zueras dijo...

Acabo de descubrir tu blog que me parece excelente. Yo también me he estrenado en el género zombi con mi relato LA CASA DE ATRÁS de mi post "Poti poti de primavera" del 17 de abril, por si quieres echarle un vistazo.
Saludos!
Borgo.

Angel Olmedo dijo...

Juan de nuevo gran capítulo, nos están malacostumbrado jajjaajja, Maria José!! Por favor, ni la bruja lola vaya visiones que tienes!! Ojalá pronto te encuentres a Nacho, aúnk no las tengo todas conmigo y nerine....... Te tenía que dar un bocado en la nariz un zombie, no eres buena cristiana grrrrrrr.
Seguro que thomas no tiene ni un telediario más,y los cuervos?? Serán mamones! A.B. coge el rifle de balines que está noche comemos pajaritos a la brasa,ummmmmmm pajaritos jajjaajja

Anónimo dijo...

¡Pues a mí me ha parecido un capítulo magnífico! Muy psicológico: Nerine, que me ha sorprendido con su personalidad cambiante, su amabilidad y sus brotes fanáticos y agresivos(y también por su marido llamado "Thomas" que quizá explique la fijación que sentía hacia nuestro Tomás; Mª José y sus extraordinario poder mental y Nacho, que ante tanto terror encuentra en su propia risa el alivio más efectivo para no volverse loco.
Es inquietante lo de los cuervos...¡vaya inteligencia para lograr comer!. Y me intriga el significado que tienen en esta historia ¿por qué aparecen también en la ilustración de la cabecera?
Y también me ha gustado mucho como logras explicar y conectar a los personajes de Mª José y Nerine y por qué tiene ésta el Doxma.
Jo, macho,es un relato genial y que no decae en ningún momento. ¡y todo perfectamente justificado y explicado!
carlos

Montse Martínez Ruiz dijo...

JuanRa, te superas en cada capítulo ¡hay que ver lo interesante que se está poniendo!
Me gusta esta pincelada de vidente de M.José, la fuerza que le has dado al personaje ante la situación con Nerine y Thomas ¡qué fuerte! y por otro lado Nacho con los cuervos también tiene algo inquietante. Lo describes tan bien que es como una película, me imagino cada escena y es como si lo estuviera viendo. Incluso se intuye en romance entre Nacho y M.José, ummmm, no sé, no sé.
Hoy no hay masacre, pero hay intriga, así que muy bien por el capítulo. Cortito se hace, pero es que lo pones tan emocionante ¡me como las uñas mientras leo!
Besitos.

JuanRa Diablo dijo...

Juan Miguel:

Ya veo que esperas con ganas los BANG, CRASH, TOC, PUM, ZAS, BOOM, PLAFF… Pero debes agradecer que no os someta a tanta acción continua, ten en cuenta que de momento estáis cansados y mal alimentados.
Todo llegará, tooodooo llegará, distinguido líder.

Anasister:

Sí, Thomas (que no Tomás) está manifestando una de las tres formas de contagio que se comentaron al principio del capítulo 9:

“Una minoría, tras un evidente decaimiento acompañado de fiebre alta o moderada, experimentaba una progresiva mejoría que se manifestaba hasta el punto de sentir la necesidad de estar en constante movimiento. La actividad cerebral iba en aumento y ante la imposibilidad de dormir, el sistema nervioso provocaba el colapso de todos los órganos”

Ángeles:

¡Estupendo! Uno de estos días, cuando hables con Stephen, dile que te recomiende a algún cineasta para que nos monte TZE en película. Pero fiel al original, ¿eh? Que luego se inventan y quitan cosas a su antojo :p
GraZias, soZia :)

miguel zueras:

Bienvenido, Miguel , y gracias por tus palabras. He leído tu relato de zombis que vienen desde los Urales. No puedo más que aplaudir el hecho de que haya aparecido por aquí otro prozombi que necesita retratar ese bello mundo Z para el resto del mundo :D

Angel Olmedo:

Pobre del zombi que dé un bocado a Nerine, sabiendo cómo las gasta, jaja. Con los cuervos tengo un problema, porque el cabecilla del grupo exige un salario para todos por su protagonismo en el relato. Y se ponen a chillarme todos a la vez y me dan un miedo…

Carlos:

Qué gusto leerte, Carlos :) Sí, yo también creo que esa coincidencia Thomas/Tomás podría explicar muchas cosas. Ya veremos, porque yo mismo dejo flotando intrigas náufragas y luego me toca reconducirlas a buen puerto.

Me alegro mucho de que todo lo veas perfectamente explicado. Si algún día no fuese así tendremos que hacer un sobreesfuerzo imaginativo, ¿vale?
Gracias

Montse:

Jo, con palabras así me animas a seguir con entusiasmo. Mil gracias.
Eso de verlo como una película es lo que más me gusta, que lo mío me ha costado alquilar los escenarios :p

Te recomiendo que te pongas unos guantes para el próximo capítulo, Montse. Metida en la caravana, cientos de zombis afuera y la puerta que se abre… ¡tus uñas corren peligro! xD

Holden dijo...

Fenomenal, a mí también se me ha hecho súper corto. Nerine es mala cual carne del pescuezo, ¿eh? :D ¡Enhorabuena JuanRa! La historia mola un montonazo, a mí me tiene atrapado ^^