Esta pretende ser la historia de quince supervivientes en un mundo devastado y plagado de zombis. Los protagonistas son familiares y amigos míos que habrán de interactuar para llegar hasta el último capítulo. Pero, irremediablemente, algunos de ellos se habrán de quedar en el camino.
(Esta es una sinopsis patrocinada por Doxma)

4 ago. 2017

23. TODO ES CUESTIÓN DE TIEMPO

En la aldea.

En una ocasión, cuando el mundo era todavía el lugar que conocíamos y que considerábamos nuestro, leí en algún libro que la vida es imposible sin fe; que si vivimos es porque tenemos fe en algo. Y eso ahora es más verdad que nunca. La fe de cada uno estará puesta en algo particular, sea sagrado o terrenal, pero no dejará de ser fe, confianza en algo, aunque parezca que ya no quedan motivos para confiar, aunque todo parezca perdido. Esa fe, que entonces puede resultar absurda, es lo que hace que no nos rindamos mientras nos queden fuerzas para respirar. Y gracias a esa resistencia podremos ver el sol una vez más, después de haber creído que la noche ya sería eterna.

Después de haberle dado a Holden la dosis de Doxma, no quise irme de su lado. Pasaron varias horas sin que hubiese ninguna reacción, pero yo confiaba en que antes o después despertaría. Tenía fe. Y mientras en el dormitorio, a solas con un Holden inconsciente, todo era silencio y quietud, en el resto de la casa no había un momento de calma.

Escuché a Carlos hablarle a Juan Miguel del comportamiento extraño de unos cuervos que, como yo misma vi por la ventana, estaban por todas partes. También escuché, algo más tarde, a Juan Miguel discutiendo con Roquito. Según me dijo Montse, Roquito estaba muy alterado, incapaz de quedarse en la casa sin hacer nada. Quería salir en busca de Nerine. No hace falta decir lo peligroso que es salir solo, y más aún así, llevado por la rabia, porque se pierde la prudencia y es fácil caer en la temeridad. Pero comprendo su estado de ánimo después de la muerte de Fran. No, no debo decir la muerte de Fran, debo decir el asesinato. Aunque ya no haya leyes ni justicia, las palabras siguen siendo importantes.

Anasister estaba en su habitación, durmiendo, pero estoy segura de que si hubiese estado levantada, habría querido marcharse con Roquito. Sería una temeridad, por supuesto, y aunque la hubiera comprendido, yo habría también intentado convencerla de que se quedase. En situaciones de extrema tensión emocional, los que pueden mantener la calma han de imponer la prudencia a los que no pueden.

En este caso, sin embargo, ni Juan Miguel ni Montse pudieron detener a Roquito, y yo también me pregunto si acaso tenemos derecho moral a impedirle que busque su forma de sentirse mejor consigo mismo.

Pero, tal y como son las cosas ahora en el mundo, parece que no disponemos de mucho tiempo para la filosofía, para plantearnos cuestiones de carácter moral o ético, porque siempre hay algún acontecimiento que exige nuestra atención inmediata y que pongamos por delante el sentido de lo práctico.

Y es que, al poco de marcharse Roquito, oímos algo tan sorprendente como el claxon de un coche sonando muy cerca de la casa. Y más sorprendente y maravilloso aún fue que, justo entonces, Holden abrió los ojos.

Fue un momento de gran confusión para mí, y solo acerté a cogerle una mano. No quería alterarlo, pero al mismo tiempo temía que volviese a caer en la inconsciencia si no le hablaba, si no hacía que se esforzara un poco por despertarse por completo.

Estaba muy aturdido, apenas podía hablar y, según dijo después, en el momento de despertar no sabía dónde estaba ni quién era. Pero que al verme supo que estaba a salvo.

Llamé a los demás, que vinieron en seguida. Cuando vieron a Holden consciente hubo alegría y lágrimas de emoción. Y él, a pesar de su aturdimiento, fue poco a poco reconociéndolos –Anasister, JuanMiguel, Montse y Carlos- y respondiendo a nuestras preguntas. Incluso preguntó por Fran y Roquito. Le dijimos que no se preocupase de nada, y que poco a poco iríamos poniéndolo al corriente de todo lo sucedido últimamente. Anasister lo examinó de nuevo, y al preguntarle cómo se sentía dijo que estaba bien, que no tenía dolor ni malestar de ninguna clase. Sólo hambre. Esto me hizo sonreir. No sé cuánto tiempo llevaba sin sonreir.

Entonces Montse, con su habitual sensibilidad en las situaciones delicadas, dijo que deberían bajar y preparar comida para todos.

Cuando Holden y yo nos quedamos solos de nuevo, me preguntó si yo estaba bien, e incluso quiso saber si había seguido escribiendo mi diario. Me dijo que quería leerlo para saber todo lo que había pasado, incluso antes de que él cayera insconsciente. Tenía la sensación de que no recordaba muchas cosas. Y ese interés me pareció muy buena señal. Creo que Holden volverá muy pronto a ser él mismo.

Poco después volvimos a escuchar el claxon del coche, esta vez más cerca, y unos minutos después Juan Miguel subió a decirnos que habían llegado a la casa dos personas, un hombre y una mujer, con un perro.


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Roquito pasó de un estado de aturdimiento a otro de plena conciencia que fue transformándose en ira. Cuando se dio verdadera cuenta de lo que había ocurrido se sintió furioso consigo mismo. Se culpó de la muerte de Fran, de no haber sabido impedir algo tan absurdo, de no haber previsto lo que ahora veía tan fácil de haber evitado. Este mazazo en su ánimo se sumó a la culpabilidad que arrastraba desde la pérdida de A.B.
En su interior había una bomba a punto de estallar.

No se sintió capaz de acompañar a Anasister en su duelo, temeroso de que el dolor, su propio dolor, se le hiciera insoportable. Imaginaba la tristeza de su amiga como una losa sobre su conciencia.
En ocasiones se acercó a la puerta de su habitación, pero no se atrevió a llamar.

Juan Miguel observaba a Roquito y en varias ocasiones intentó hablar con él para calmarlo. Sabía que aquella angustia podía desembocar en una crisis nerviosa, por eso no insistió más cuando lo vio salir de la casa con su inseparable barra de acero.

Con la vista fija en la nada, buscando de alguna forma paliar su ansiedad con el esfuerzo físico, Roquito camina ahora sin ningún destino, como un sonámbulo que mira al frente pero nada ve.

“Todo es inútil”, murmura, "...no hay nada que hacer... Solo es cuestión de tiempo...”

Avanza pisando el barro agrietado, intentando dejar atrás los cañizares que se extienden en declive hasta la orilla del río.
Ni siquiera el chillido de los cuervos, que siguen planeando en grandes círculos sobre la zona, lo saca de su enajenación.

En su mente, un grito de protesta se repite sin descanso:
“¿Por qué la dejaron escapar? ¡Maldita sea! ¿Por qué permitieron que se marchara?”

La debilidad y el cansancio no son mayores que su furia interior. Las piernas se mueven de forma mecánica, y el cuerpo oscila buscando el equilibrio en aquel terreno desigual. A veces tropieza y cae, pero reanuda la marcha sin hacer caso a golpes ni arañazos.
"Borrar todo... todo... No existe... olvidarlo"

La maraña de juncos queda por fin atrás y ante él surge súbitamente la imagen de los muertos hundidos en el barro, un barro ahora seco, como un gran cepo de piedra del que no podrían desprenderse jamás.

El espectáculo lo deja paralizado: envueltos en un sonido ensordecedor de moscardones zumbando por todas partes, aquella horda sigue allí, agitando los cuerpos bajo el sol.

Pero la carne ha desaparecido.
Solo muestran cráneos despellejados, esqueletos pegados a la ropa acartonada por la sangre, el polvo y los excrementos de los cuervos.



La multitud de cuerpos semienterrados no emite ningún sonido, o al menos no es perceptible entre aquel estruendo de aves que descienden en vuelo vertical sobre ellos, y que en continuas embestidas han estado arrancando a picotazos las mejillas, las orejas, los ojos, y en definitiva, toda la carne a tiras. 
Solo la dureza de los cráneos mantiene intactos los cerebros y esto les hace imperecederos

Pero en la zona hay otros infectados que han ido llegando de todas partes atraídos por los chillidos de los cuervos. Entre aquellos espantajos clavados en la tierra, estos otros seres se mueven como fantasmas en un cementerio.

Uno de ellos, que llevaba varias horas inmóvil, con la cabeza descolgada sobre un hombro, ha visto a Roquito.
El único ojo que le queda ha captado su movimiento y empieza a arrastrar sus pies desnudos hacia él. El otro ojo le cuelga de la cuenca vacía, y se balancea sobre la cara al andar.

Se acerca a Roquito.

Agotado y sintiendo náuseas por el hedor, Roquito cae de rodillas. Este movimiento estimula al caminante, que acelera sus pasos y empieza a masticar el aire.
Roquito escucha graznidos descendiendo del cielo, y en un instante una nube de cuervos lo rodea.

"Me atacan..." , piensa, "creen que soy uno de ellos..."

Pero pese a su cercanía, pronto se percata de que ni siquiera lo rozan y que han descendido para aislarlo de uno de aquellos malditos, al que atacan con destreza.

Apoyándose en la barra de acero, Roquito se levanta, y obligando a su cuerpo a moverse se aleja de allí.
Ha comprendido que los cuervos están atacando sólo a los muertos, no a los vivos.

Rodea aquella plantación de cuerpos desmembrados y alcanza la carretera.
Allí, como una blanca mole, extraña y fuera de lugar, permanece la caravana de Carlos, volcada en el arcén.

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Cuando Nacho y María José entraron en la casa, todos se saludaron con respeto, casi con admiración. No tenían datos de la mortandad causada por el virus, pero todo apuntaba a que había sido tan alta que encontrar supervivientes era motivo de felicidad. Cada uno de ellos imaginaba las historias de los demás tan terribles como las suyas propias, por eso la sensación de hermandad al verse fue inmediata.
Ángeles les había hecho pasar sin reparos de ningún tipo, casi con prisa y dando las instrucciones que consideró oportunas, pues en aquellos momentos era Holden lo único que de verdad le importaba y quien ocupaba todos sus pensamientos.

Más tarde Montse bromearía con ella sobre el estado de excitación en que los había recibido.

"¡Les ofreciste camas que no había! ¡Te inventaste habitaciones que no existen!" y Ángeles, riendo, admitió que era tal su felicidad que no sabía ni lo que había dicho.

Juan Miguel se ofrece a ayudar a Nacho a descargar las cosas que traen en el coche, y a indicarles qué casas de la aldea están en condiciones de ser habitadas.

El perro, sin apenas apartarse de Nacho, se atreve a olisquear los pies de la gente que se le acerca. De Carlos primero, de Montse después. Ambos lo miran como si fuera un ser extraordinario.

- ¿Cómo se llama? - quiere saber Montse.
- Solito - dice Nacho - Lo encontré hace unos meses.
- No sé el tiempo que hacía que no veía un perro.

Anasister, que había entrado a su habitación en busca de una pastilla, regresa al salón. Solito levanta las orejas cuando la oye hablar y, como si su voz le resultara conocida, se separa de Nacho para acercarse a ella con continuos movimientos de cola.
- Hola - le susurra Anasister al verlo. El animal le lame una mano y ella, algo desconcertada, le acaricia la cabeza.
- ¡Vaya! - exclama Nacho - Parece que le has caído bien a la primera.
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Roquito se introduce en la caravana y observa durante unos instantes su destartalado interior. Las moscas también han entrado allí y en aquella penumbra parecen sentirse cómodas.
Descubre unos bidones blancos y recuerda el momento en que Carlos le comentó su forma de fabricar y almacenar gasoil.

Está exhausto. Se sienta, pero termina tumbándose. Puede ver, a través del cristal rectangular ante sus ojos, cómo se mueven levemente las hojas de unos árboles.

"¿Por qué estoy aquí? - se pregunta - ¿Qué he venido a buscar?... No queda nada... Nada... Tan solo abandonarse... y morir..."

Sin esperarlo, Nerine aparece de repente en sus pensamientos y a Roquito se le acelera la respiración. La imagina escondida en algún lugar no lejos de allí. Libre. A salvo. Entrecierra los ojos y se acerca hasta ella sin ser visto. Cuando está muy próximo la rocía con el gasoil de uno de aquellos bidones y después le prende fuego para verla morir envuelta en llamas.
Recrea esa imagen una y otra vez.
Una y otra vez.
Por primera vez en mucho tiempo siente una liviana satisfacción.

De repente la idea de utilizar el gasoil de los bidones le parece muy acertada. Se levanta y sale al exterior portando uno de ellos. El cielo proyecta una luz blanca cegadora a la que le cuesta acostumbrarse. Los cuervos parecen volar mucho más alto, como si estuvieran a punto de abandonar una lucha que ha resultado inútil.

- Vais a ver cómo estallan estos putos cráneos- dice Roquito echando el gasoil en fuertes sacudidas sobre los muertos - ¡Se va a acabar este espectáculo asqueroso para siempre!

Camina a grandes zancadas recorriendo la zona hasta que agota el contenido del bidón. Saca un mechero del bolsillo y se acerca por la espalda a uno de aquellos seres putrefactos. El chasquido del mechero suena entre el apelmazado cabello.

La deflagración es inmediata. Las llamas convierten la cabeza del muerto en una antorcha que lanza al aire una espiral de humo denso. Regueros azulados corren por el suelo y las llamas saltan de unos a otros como serpientes de fuego.
Roquito se siente satisfecho al ver cómo aquellas cabezas comienzan a estallar como globos. Levanta la vista en busca de los cuervos para descubrir que se están alejando.

- ¡Lo hemos conseguido! - les grita - ¡Mirad cómo mueren!

Pero de entre aquella bandada que se aleja, una de las aves se separa del grupo y llega a su lado. Roquito puede ver en los ojos del animal una advertencia desesperada.
Entonces se da cuenta de que su ropa está empapada por el combustible derramado y antes de tener tiempo a reaccionar, las llamas vuelan hacia él y le envuelven por completo. El sonido de la combustión ruge en sus oidos y grita al sentir las dentelladas de aquella furiosa serpiente de fuego por todo el cuerpo.

Se despierta angustiado y sudando. La ventana rectangular está frente a él.
Las ramas de los árboles siguen ondulándose, mecidas por una brisa casi inexistente.
Todo, incluido el tiempo, parece querer abandonarse hasta morir.


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Montse no ha dejado de sonreír ante Nacho y María José. Ver dos caras nuevas en aquella casa le produce bienestar y se siente esperanzada.
- ¿No os parece un sueño? -dice mirando a Carlos y después a Juan Miguel.
Para éste, acostumbrado al silencio, a los paisajes vacíos, a haber recorrido amplias zonas sin encontrar gente viva, siente que aquella pareja trae consigo un soplo de esperanza.
Pero es sobe todo Montse, que ya se había abandonado a una realidad frustrante, la de que no volvería a conocer a nadie más, quien menos puede disimular su entusiasmo.
La simple presencia de esas dos personas ha conseguido que se diluya un poco el pesimismo de los últimos tiempos.

- Sigo emocionada por todo lo que está ocurriendo - les dice Montse - Me parece un milagro que hayáis dado con nosotros.

María José le devuelve la sonrisa. Después mira a Anasister. Puede ver en su expresión, en el brillo de sus ojos, la tristeza que se esconde detrás de todos sus gestos. Sabe que ha habido una tragedia reciente, la percibió nada más entrar en la casa y se deja llevar por el impulso de abrazar a aquella mujer que, sorprendida por la inesperada muestra de afecto, no puede evitar que se le escape el llanto que la ahogaba.

- Todos hemos sufrido mucho - le dice María José

Nacho las mira y empieza a pensar que llegar a aquel lugar era algo que tenía que ocurrir irremediablemente, como si aquel encuentro estuviera escrito en el destino desde tiempo atrás y se estuviera cumpliendo paso a paso.

- Hay algo que me tiene intrigado - dice Juan Miguel - ¿Cómo habéis dado con este sitio? Y además sabíais que había alguien aquí. Lo digo por los toques de claxon...

Nacho mira a su compañera. Prefiere que sea ella quien responda. María José teme por un instante que aquella gente desconfíe de ellos, pero rechaza ese pensamiento de inmediato.

- Sí, es verdad... - empieza a decir- ...yo sabía que encontraríamos gente aquí. Es una larga historia... ¿Cuántos sois aquí?
- Pues además de nosotros - dice Montse haciendo un movimiento circular con la mano para abarcar a Carlos, Juan Miguel y Anasister - arriba está Ángeles con Holden. Holden es un compañero que...
- Holden está convaleciente - se adelanta a decir Juan Miguel - No creo que pueda bajar. Y hay otro amigo que salió hace un par de horas, Roquito.
- Pero en realidad... - empieza a decir Carlos con aire sombrío - no sabemos el tiempo que puede tardar. Ni siquiera sabemos si pretende volver.
- No digas eso - dice Anasister - Claro que va a volver.

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Roquito registra minuciosamente el interior de la caravana buscando algo que comer. El hambre aprieta y se va echando a la boca todo aquello que encuentra con buen aspecto.
Hace calor allí adentro.
Al abrir algunos compartimentos, caen recipientes al suelo, rompiéndose en pedazos. Sabe que no conviene hacer ruido, pero no se esfuerza en ser silencioso.
Sin embargo oye algo que le obliga a quedase quieto y prestar atención.
Escucha un rumor en aumento, como el motor de un coche que se fuera acercando y acelerara tras cada curva.
"¿Un coche?, se pregunta, ¿Es posible?"

Decide salir al exterior convencido de que alguno de sus compañeros ha venido en su búsqueda, pero en el momento en que pisa el asfalto, aparece un jeep que frena al verle.
Tanto el conductor como el acompañante, dos jóvenes vestidos con ropa de camuflaje, observan aquel escenario irreal con tanto asombro como desconcierto: una legión de infectados semienterrados a su izquierda y una caravana volcada de la que ha surgido un hombre vivo que les mira con la misma expresión atónita que ellos a él.

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Holden ha vuelto a echarse sobre la cama. Su intención de salir de la habitación se ha visto frustrada cuando las paredes han empezado a dar vueltas a su alrededor.

- ¿Lo ves? - le reprocha Ángeles con dulzura- Ya te hemos dicho que es pronto todavía, que necesitas reposar un poco más.
Holden resopla con fastidio, después cierra los ojos unos segundos intentando que la sensación de vértigo se aleje.
- Está bien, - dice tras abrirlos - ponme al corriente de todo.
- Pero si te acabo de contar...
- No me refiero a que me hables de los nuevos.
Ángeles enmudece y le mira fijamente a los ojos.
- Vamos, cuéntame sin miedo. ¿Qué pasa con Fran y Roquito? ¿Por qué no los he visto todavía?
Ángeles piensa que Holden siempre ha sido muy intuitivo y que a ella nunca se le ha dado bien ocultar sentimientos.
- Fran ya no está con nosotros - dice por fin, bajando la mirada.
- ¿Cómo? - exclama - ¿Quieres decir que le... atacaron?
- ¿Recuerdas a la mujer que apareció de repente?
- ¿Qué mujer?
- Aquella que llegó justo cuando tratabas de encerrar a...
- Ah, sí, aquella mujer... ¿Sigue aquí? La había olvidado por completo.
- Eso queremos todos, ¡olvidarla! Aquella mujer apuñaló a Fran.

Holden mira a Ángeles como si estuviera contemplando algo prodigioso.
Ella prosigue con la crónica de aquel día trágico para concluir con la partida de Roquito.

- No dejaba de decir que no pararía hasta encontrarla. Estaba... no sé, tan fuera de sí...
- Puedo imaginarlo.
- Ay, Holden, me preocupaba mucho que todas estas emociones te pudieran afectar Tenía miedo de...
- No, Ángeles, - la interrumpe - no más miedos en adelante. El miedo es algo que debemos dejar atrás definitivamente. Con miedo no avanzaremos.
- Pero es inevitable tenerlo.
- Sí, es lógico sentir miedo, de hecho es necesario para sobrevivir, pero no podemos dejar que nos acobarde. Ven, dame la mano.
Ángeles se acerca y se cogen de las manos.
- Quiero que dejes de tener miedo en adelante porque todo va a ir bien. Aquí seguimos, ¿te das cuenta? A pesar de todo, aquí estamos.
Ángeles asiente con una sonrisa emocionada.
- Y nos queda mucho por hacer todavía.
- Juntos - dice ella
- Juntos - repite él.

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Roquito aprieta el puño mientras observa cómo se aleja el jeep por la misma dirección en que lo vio aparecer.

"¿Seguro que no quieres venir con nosotros?", le habían dicho.
"No, tengo que volver con mis compañeros y comentarles todo esto"

El sonido del motor se va diluyendo en la distancia hasta desaparecer.
Roquito puede ver algunos caminantes moviéndose lentamente entre los cuerpos enterrados.
"¿Por qué no les tengo miedo?"
Piensa que no le verán si él no se mueve.
También piensa en los cuervos, que vuelan ahora mucho más alto, planeando en grandes círculos. Ahora sus graznidos le parecen saludos, una agradable resonancia, una compañía a la que no hay que temer.

Decide volver por la carretera, parapetándose en el grupo de árboles que hay en la primera curva. En las sienes le late la sangre a cada paso, dándole molestos pinchazos que su exaltación logra ignorar por completo. En sus pensamientos recrea el momento en que vuelva a entrar en la casa.


"No van a creer la suerte que he tenido de encontrar a esos chavales... ¡Pero si tendrían poco más de veinte! ¡Y con armas!... ¡No se les veía miedo en la cara!... Sí, una colonia de supervivientes... un lugar seguro... Con médicos... agua potable... alimento... ropa... leña... combustibles... armas... Sí, estaban preparados. Como lo oís, un lugar seguro... Y van buscando a más gente. Todavía hay gente como nosotros... Y van buscando... buscando..."

Roquito se detiene en una sombra para descansar. Se recuesta contra el tronco de un árbol. Se siente agotado y cierra los ojos. Piensa que cuando llegue no podrá hablar, que tal vez no se sienta con fuerzas para contar la historia que tiene que contarles.
Pero no importa. Ya lo hará.

Cuando abre los ojos tiene la sensación de que la luz es distinta y que probablemente se ha vuelto a dormir. Durante unos segundos se siente completamente desorientado y al recordar sus pasos una duda le invade de repente.

Abre el puño y sonríe al ver el papel.
El papel en el que le han anotado el nombre del lugar y las coordenadas.

19 jun. 2017

ÚLTIMO RETO DE SUPERVIVENCIA

(AVISO: Si no estás puesto al día en esta historia, es muy probable que te encuentres con algún spoiler. Y ya se sabe que un spoiler puede hacer más daño que un zombi en ayunas)

¡Saludos, supervivientes!

Parece que por fin hemos llegado al punto del relato en el que todos los personajes se juntan. ¡Ya era hora! A ver si es verdad aquello de que la unión hace la fuerza.

Pero digo que “parece” porque  aunque María José y Nacho han llegado a la aldea y están ante la casa de Holden, no van a encontrar a todos en el interior. 
Roquito se ha marchado. Muy trastornado, por cierto, y no tengo claro si tendrá intención de volver.
Tampoco encontrarán a Nerine, la única a quien María José espera encontrar y que fue expulsada tras la muerte de Fran. Me pregunto si seguirá viva.

Sabemos que, para felicidad de Ángeles, Holden ha salido del coma, y es de esperar que la noticia alegrará a todos, incluida Anasister, a la que tengo ganas de verle levantar cabeza.

¿Y qué ocurrirá a continuación? ¿Mejorará el estado de salud de Carlos? ¿Podrá Juan Miguel establecer un plan conjunto de supervivencia? ¿Serán capaces de seguir utilizando los  huertos para su abastecimiento?  Porque no pueden vivir a base de los caldos de Montse, por muy ricos que estén.

Pero antes de que la historia siga su curso he venido para anunciaros algo.
Lo diré sin rodeos, sin miramientos, porque sé que a estas alturas ya estáis curados de espanto:
No todos vais a llegar al final de la historia, aún falta por caer UNO MÁS.

Así que me saco de la mollera las normas para que llevéis a cabo EL ÚLTIMO RETO DE SUPERVIVENCIA, que dice así:

1) Para salvarse definitivamente y ser un verdadero superviviente en The Zombie Experience tendréis que hacer una foto y enviarla a mi correo: jotacaroz@hotmail.com

2) En la foto ha de aparecer cualquier animal que haya sido nombrado en la historia, así como una mano sujetando un papel con vuestro nombre.
Ejemplo:

(Es solo un ejemplo. Ni hay un JuanRa en la historia ni ha aparecido ningún gato (que yo recuerde))

3) Ha de ser un animal real, vivo o muerto, por lo que no sirven dibujos ni representaciones artísticas de ningún tipo. Sí que se aceptan animales disecados.

4) El plazo de admisión de las fotos es hasta el 30 de junio de 2017 a las 23:59h.

4) No se puede repetir animal, por lo que iré actualizando esta misma entrada para publicar por orden de llegada las fotos, indicando fecha y hora. De esta forma, si enviais foto con un animal que ya haya sido elegido, habríais de buscar otro.

5) No importa si el animal se ve cerca o lejos pero, eso sí, ha de ser visible y reconocible. Y también se ha de ver claramente vuestro nombre en el papel, sujeto por una mano.

6) En el caso de que todos envieis fotografía válida antes del plazo, perdería, y por tanto sería eliminado de la historia, el último en hacerlo.

7) En el caso de que hubiera más de uno que se despistara, o llegara fuera de plazo, o no encontrara animal que fotografiar o simplemente no le apeteciera participar, yo anunciaría de qué forma sería el sorteo para determinar quién o quienes sobreviven y quién sucumbe.

Y creo que nada más. Si surgen dudas las podéis plantear en los comentarios y el Señor Notario Especialista en Asuntos de Supervivencia Extrema os las aclararía de inmediato.

Una vez más, (¡ánimo, que es la última!) me froto las manos ante la divertida incertidumbre.

¿Quiénes sobrevivirán? ¿Quién se quedará en el camino?

Vamos, no os quedéis con esa cara. ¡De sobra sabíais que los apocalipsis zombis son muy  jodidos!
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ACTUALIZACIÓN: 20/06/2017
 El 19 de junio a las 19:27h recibo esta foto de Roquito
"Aquí está el auténtico Solito. Es el perro de mi vecino. Tendrás que afinar el ojo pero está ahí"

ACTUALIZACIÓN: 21/06/2017
El 21 de junio a las 19:06h recibo esta foto de Ángeles:
"Caballos hay en la historia, que me acuerdo yo. Este tiene un zombi enganchado, pero no tenía yo ángulo para encuadrarlo" xD 

ACTUALIZACIÓN: 21/06/2017
María José envía esta foto:
Una foto estupenda, María José, pero dado que Roquito ya envió una con perro, esta no es válida y tendrás que buscar un animal distinto. ¡¡Ánimo!!

ACTUALIZACIÓN: 22/06/2017
Nacho envia esta foto a las 19:12h:


 "Recuerdo que Montse preparaba un conejo para comer. Ahí va el que he encontrado. Y lo que me has hecho sudar, con la que cae!!!"

 ACTUALIZACIÓN 22/06/2017
Juan Miguel envía la siguiente foto a las 20:38h:
"Una gallina, un pollo y una oca"


ACTUALIZACIÓN 24/06/2017
Anasister envía esta foto a las 00:37h :

"Me encontré a la mariposa donde menos me esperaba!! Estaba de guardia, y volviendo de un aviso me la veo ahí, esperándome..."

Montse envía la siguiente foto a las 13:15h :

"Un buen montón de pulgones, que también se mencionan en los primeros capítulos. Tomaaa!"

ACTUALIZACIÓN 25/06/2017:

Para facilitar las cosas he añadido en la barra lateral del blog un buscador. Escribiendo palabras en él nos remitirá a la entrada o entradas en la que aparecen. 
Os adelanto - a los que aún no habéis conseguido animal-  que se pueden encontrar los siguientes: 

CIERVO, RATAS, SERPIENTE, CUCARACHAS, CUERVOS, BARBO.
Y, atención, para hacéroslo aún más fácil, daré por bueno cualquier pajarillo, aunque PÁJAROS sea muy genérico.

Un saludo a todos.

ACTUALIZACIÓN 25/06/2017:

Holden me envía esta foto a las 10:50h :
"He encontrado un cuervo. Y unas moscas!"

Y María José me envía la siguiente a las 10:55h:

 "No se ve bien porque sujetar el papel, enfocar y disparar... Pero esta vez creo que te he pillado, diablo maléfico"

Y hubo más fotos...
Patos, abejas, caracoles, arañas, lagartijas, escolopendras, ranas... 
¡¡Esto se llegó a parecer  al Arca de Noé!!


27 may. 2017

22. ¿QUIÉNES SOIS?


En la aldea 

Hay ocasiones en las que escribir este diario es una tarea muy penosa. Hay hechos de los que no quisiera tener que dejar constancia.
Sin embargo, si no escribiera, me parecería que todo tiene menos sentido aún; que lo que estamos viviendo se perdería en el vacío del tiempo y lo habríamos vivido para nada. Así, quizá alguien, algún día, pueda aprender algo de todo esto.

Han pasado cosas terribles en los últimos días, y me pregunto cómo podemos seguir adelante. Supongo que tenemos más capacidad de supervivencia de lo que creemos. Y una capacidad inagotable de esperanza. Quizá ésa es nuestra mejor arma para sobrevivir.

Nerine, la mujer australiana que tantos problemas nos estaba dando, ha resultado ser no sólo problemática, sino el mayor peligro, el más inesperado, el más traicionero. Los muertos no son conscientes de sí mismos ni de lo que hacen; y por eso no se les puede culpar, porque no actúan por decisión propia. Pero que un ser humano mate a otro de manera absurda, por rabia, por venganza, por pura maldad, hace que todo se derrumbe, que perdamos las fuerzas. A pesar de todo lo que ha cambiado en el mundo, el ser humano sigue siendo el peor enemigo del ser humano.  
Nerine ha matado a Fran. 
Esa mujer desquiciada, una persona molesta, inútil, ha acabado con la vida de otra que era un gran apoyo para los demás, una persona fuerte, generosa,  sensata, llena de vida y de valor. Una persona necesaria y querida por todos. 
Así de absurda es a veces la vida, y así de insoportable. 

El momento en que descubrimos lo que había pasado es indescriptible. 
Yo estaba en el dormitorio con Holden cuando oí unos gritos desoladores. Holden seguía inconsciente, así que bajé, muy asustada, para ver qué ocurría. Entonces vi a Roquito, Carlos y Juan Miguel forcejeando con Nerine, que parecía tener la misma fuerza que ellos tres. Y vi a Fran con su vida derramada en el suelo por el cuchillo que los demás intentaban arrebatarle a Nerine.
Y vi a Anasister arrodillada junto al cadáver de su hermano, paralizada, sin reaccionar de ninguna manera. Montse estaba junto a ella, abrazándola y llorando. 
Era una escena irreal, me parecía que yo soñaba, que lo que veía lo estaba imaginando. Por un momento estuve yo también conmocionada, incapaz de reaccionar.  
Por fin, cuando fui consciente de lo que había ocurrido, me sentí absolutamente desvalida. Creo que fue entonces cuando de verdad comprendí lo mucho que necesito -que necesitamos- a Holden. 

Al cabo de un rato los chicos habían encerrado de nuevo a Nerine en la cochera, y habían llevado el cadáver de Fran a la parte de atrás de la casa, al campo. Había que actuar con rapidez para evitar que… se transformara. Y enterrarlo.  
Entre Montse y yo habíamos conseguido que Anasister se levantara del suelo, que se separara de Fran y que dejara que se llevasen su cuerpo. La pobre muchacha estaba loca de desesperación, lloraba sin consuelo posible, repitiendo el nombre de su hermano y maldiciendo a Nerine, jurando que la mataría… incapaz de aceptar lo que había pasado. Temimos verdaderamente por su estabilidad mental y su integridad física, y decidimos que no había que dejarla sola ni un momento. 
Pero todos estábamos agotados, exhaustos, tanto física como mentalmente. Yo había subido de nuevo para acompañar a Holden. No podía dejar de vigilarlo por si despertaba o tenía alguna reacción, algún cambio en su estado. 
Carlos, que estaba ya de antemano débil y agotado, había subido también, por insistencia de todos nosotros,  a descansar un poco, y Montse lo acompañó. 
Roquito, aunque estaba también destrozado por la muerte de Fran, por este nuevo dolor que se suma al de los amigos perdidos anteriormente, no quiso separarse de Anasister, que había caído en un profundo sueño que tenía más de inconsciencia que de descanso. Creo que su mente se había rendido, se había apagado después de soportar tanta tensión. 
Juan Miguel se quedó también en el salón con ellos,  para no dejar solo a Roquito, y por si éste, finalmente, se dormía vencido por el agotamiento. 

Yo necesitaba descansar también, pero sólo conseguía dormitar a intervalos. Era imposible dormir con tanta agitación y tanto dolor acumulado en la casa. 
Sobre la medianoche oí murmullos en el salón, y a continuación a alguien que subía la escalera. Me asomé a la puerta de la habitación y vi a Roquito que, arrastrando los pies, se dirigía a uno de los dormitorios. Sin duda, Juan Miguel lo había convencido para que se acostase e intentara descansar un poco. Tenía que estar rendido, por el cansancio y por la tensión tremenda que llevaba todo el día soportando, desde que partiera, muy temprano, con Fran, en busca del Doxma que creíamos encontrarían en el coche abandonado. 
Aproximadamente una hora después  oí de nuevo ruidos abajo. Era un forcejeo apagado, como si dos personas discutiesen en voz baja. Salí de nuevo a la escalera y oí que Juan Miguel trataba de detener a Anasister. Ella estaba intentando abrir la puerta de la cochera, y comprendí que quería entrar para acabar con Nerine. 
Tardé sólo unos segundos en bajar la escalera, pero ese tiempo fue suficiente para que Nerine, como un diablo liberado de su encierro, empujase la puerta  de la cochera desde dentro y se abalanzara enfurecida sobre Anasister. 
Juan Miguel intentaba separarlas cuando yo llegué hasta ellos. Parece imposible pero lo cierto es que Nerine agarraba a Anasister con tal fuerza que no conseguíamos separarlas. 
Es difícil relatar todo lo que ocurrió a continuación. En su forcejeo demente, Nerine hizo caer al suelo a Juan Miguel, que se golpeó la espalda contra una mesa baja y por unos instantes no pudo moverse. En esos segundos Nerine consiguió arrastrar a Anasister hasta la puerta de la casa, mientras murmuraba: “¡Eres mala, eres mala!”. Yo tiraba de ella intentando liberarla, pero solo conseguía frenarla un poco. Entonces Nerine alcanzó la puerta, la abrió, y dio un fuerte tirón de Anasister que, con ese impulso, llegó al umbral. Yo seguía sujetándola de un brazo, y de no haber sido así, habría caído a la calle… Entonces consiguió agarrarse al quicio de la puerta con el otro brazo mientras Nerine tiraba de ella por la cintura. En ese momento Juan Miguel llegó hasta nosotras y le dio un puñetazo a Nerine. La mujer, con expresión de sorpresa por el golpe, perdió el equilibrio, soltó por fin a Anasister, y fue ella la que calló a la calle. En el mismo instante, Juan Miguel nos empujó a nosotras hacia dentro de la casa y cerró la puerta con todas sus fuerzas. “¡Se acabó la cabrona ésa!”, gritó.
Anasister y yo, llorando, lo abrazamos.

La pelea, sorprendentemente, había transcurrido casi en silencio. Pero  el portazo y la exclamación de Juan Miguel sí consiguieron despertar a Roquito, Carlos y Montse,  que llegaron al salón a toda prisa. 
Les explicamos lo que había ocurrido, y a la indignación que provocó todo el suceso le siguió un profundo alivio. 

Quizá sea extraño, pero lo cierto es que Montse y yo no pudimos evitar un pensamiento de compasión por Nerine. Aunque nos resultase indeseable, se nos hacía muy difícil admitir que la habíamos dejado en la calle, a merced de los muertos. Pero Juan Miguel nos hizo comprender que todo eso lo había provocado ella misma, que si había caído a la calle era porque había intentado echar a Anasister. Y que la única manera de salvar a nuestra amiga había sido deshacerse de Nerine. 

Fue una noche intensísima, no es necesario decirlo, pero además, a todo esto que he relatado hay que añadir aún otro hecho sorprendente, emocionante, y que nos afianzó definitivamente en la idea de que Nerine no merecía nuestra compasión. 

Ya iba a ser imposible dormir esa noche, así que Juan Miguel y Carlos decidieron que era conveniente limpiar el garaje. Se referían, claro, a limpiar la sangre del suelo, el siniestro recordatorio de la muerte de Fran. Montse y Roquito se quedaron acompañando a  Anasister, que lloraba y temblaba, no sé si de fiebre, de rabia, de miedo, o de todo junto. 
Yo subí de nuevo para quedarme con Holden. 
Por desgracia, con él todo seguía igual. Inconsciente, con la respiración muy débil, inmóvil. 

Al poco rato los demás entraron en la habitación y me sorprendieron, porque su actitud era la de quien trae muy buenas noticias. 
Entonces me pusieron en la mano un pequeño frasco de plástico. Estaba sucio pero intacto, y en la etiqueta se leía claramente la palabra Doxma
Levanté la vista y los miré, preguntándoles sin necesidad de pronunciar una palabra. Juan Miguel y Carlos explicaron que lo habían encontrado en el suelo del garaje, casi escondido detrás de un saco, junto con la Biblia de Nerine. 
Comprendimos que esa loca, que no dejaba de sorprendernos aun sin estar presente, había tenido siempre consigo el remedio por el que mis amigos se habían arriesgado tanto; que Fran debía de haber descubierto que lo tenía y que por eso ella lo había matado; y que ella, egoísta, inhumana, no había dicho que disponía de lo que Holden tanto necesitaba. 
Holden, que le salvó la vida cuando apareció en la aldea. 

Pero no era momento de detenerse a maldecir a esa mujer una vez más. Había que darle a Holden el jarabe de inmediato, si es que no era ya demasiado tarde. 
Anasister me advirtió que Holden no podía tragar, inconsciente como estaba, y que si no teníamos mucho cuidado podríamos provocar que se ahogara. Pero no quedaba más opción que correr ese riesgo. Era la única posibilidad de salvarlo. 
Así que, siguiendo sus indicaciones, con miedo y todas las precauciones posibles,  conseguimos introducirle el jarabe por la  garganta.

Esperamos un tiempo, quizá media hora, pero no hubo ninguna reacción por parte de Holden. Yo me quedé junto a él, y los demás fueron a descansar, aunque Anasister y Montse se relevaron para acompañarme.

Al cabo de una hora, cuando ya amanecía, hubo un cambio notable. Su respiración comenzó a ser más acentuada y profunda. 
En ese momento Anasister estaba conmigo, y de inmediato lo examinó. No tenía fiebre y la presión arterial era normal. No tenía taquicardia ni ningún otro síntoma que pudiésemos detectar, teniendo en cuenta que no disponemos de más medios que un botiquín casero y los conocimientos de enfermería de Anasister.

Han pasado dos horas desde que le dimos el jarabe. 
En estos momentos escribo junto a él. Me siento esperanzada, convencida  de que va a despertar de un momento a otro.

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El furgón avanza entre soleadas llanuras. 
En la distancia, las colinas se suceden en suave declive sobre interminables extensiones.  
Grupos de  encinas destacan de vez en cuando como manchas en un pálido lienzo.
La luz de la mañana es intensa, pero María José nota a través de los párpados cómo las nubes ocultan el sol a intervalos, sombreando  aquella tierra vacía.
Ha cerrado los ojos esperando encontrar una señal, pero el intento de  aislarse no le ha dado ningún resultado.  
Nacho la mira un instante cuando ella se masajea las sienes
Decide entonces detener el furgón y apaga el motor, buscando el silencio.

- ¿Nada? - le pregunta.
María José niega con la cabeza. Del asiento trasero les llega el gemido de Solito,  ese afónico suspiro que emite cada vez que se detienen.

- Mejor te dejamos un momento a solas – dice Nacho mientras desciende y abre la puerta trasera.
- No hace falta,  no necesito...
- Lo sé - dice Nacho –  Pero inténtalo otra vez. Volvemos enseguida.

Ella mira cómo Solito se encamina con alegres brincos hacia una arboleda cercana. Nacho lo sigue despacio, inspeccionando atentamente el lugar. 

María José vuelve a cerrar los ojos e intenta concentrarse. 
Inspira hondo y prolonga la espiración. 

Piensa en Nerine.
“Vamos”, susurra, “Dime dónde te encuentras” 
Escucha los despreocupados ladridos del perro en la distancia y por un instante  imagina a sus hijas  jugando con él. 
Los pensamientos se columpian entre el pasado y el presente. 
“Qué fácil era la vida entonces...” 

Recuerda el extraño sueño que tuvo de madrugada. 
Con el paso de las horas se ha ido diluyendo, pero había algo inquietante en él, y decide retomarlo mentalmente.

Estaba dormida, con el cuerpo completamente relajado, cuando de repente sintió una presión en los hombros, como si  la zarandearan por un motivo urgente.  Se despertó con la sensación de que alguien la necesitaba. 
Decidía levantarse y salir de la habitación. 
¿Era aquella su casa? 
No estaba segura de si se encontraba en algún momento anterior o posterior a la tragedia, pero no sentía  pena ni preocupación alguna, solo la curiosidad por saber quién la llamaba.
En la penumbra del salón destacaba la rectangular claridad de una ventana. Allí había alguien, en el exterior, sentado en el estrecho quicio, como si fuera el lugar más cómodo del mundo.
Era un bulto oscuro con ojos redondos y muy  brillantes y que al verla la saludó.
Ella se quedaba quieta, mirando, y aunque la presencia era perturbadora, no le infundía ningún temor. Muy al contrario, aquel ser aparentaba estar perdido y asustado y hasta parecía haberse emocionado al verla.

“¿Qué ha pasado?”, podía leer en sus vivos ojos, “¿Por qué ha cambiado todo tanto?”
“¿No lo sabes?”, contestaba ella sin necesidad de abrir la boca, “El mundo ya no es el mismo. Ha muerto mucha gente”
“Sí, hay mucho silencio. Pero tú estás viva. Para nosotros es muy importante que aún quede gente viva” “¿Para nosotros?”
“Para mi familia”
“¿Quién es tu familia?”
“Dime, esos extraños animales que caminan por todas partes... ¿Qué hacen aquí?  No los queremos” 
“Nadie los quiere”
“No soportamos su olor. Nos hace daño. ¿Por qué no los obligáis a marcharse? Vosotros sois fuertes” 
“No es tan fácil. Son muchos y son peligrosos”
“Mi familia ha esperado a que hicierais algo”
“¿Qué quieres decir? ¿Quién es tu familia?”
“Nunca ha habido ningún problema entre mi familia y la tuya. No queremos quedarnos solos.”
“¿Quién eres?”
“Soy el que estás viendo. Volverás a saber de mí”
Antes de abandonar la ventana, aquel ser daba unos golpes en el cristal.  Tres toques suaves, luego dos más.  Después desaparecía.

María José abre los ojos al escuchar ladrar a un perro y entonces se da cuenta de que se había dormido y que otra vez soñaba.

Desorientada, se incorpora asustada y ve a Nacho que vuelve deprisa hacia el furgón. Solito le sigue sin dejar de olisquear el terreno.

- ¡Mira por allí! – le dice Nacho al llegar al vehículo- Se acerca otra bandada de cuervos. ¿Sigues pensando que hay que seguirlos?
- Sí, - responde algo confusa todavía – sí,  tenemos que…
- Vas a tener razón, ¿sabes? - dice mientras arranca el motor -  Acabo de ver algo que me ha dejado de piedra. ¿No lo has oído?
Solito salta al asiento trasero.
- ¿El qué?
- Había un cuervo encima del furgón.
- ¿Cuándo?
- Ahora mismo, hace un par de minutos. Y ha estado picoteando el techo, ¿no lo has oído?
Nacho gira el volante para volver a entrar en la carretera y entonces acelera.
- Me había dormido – dice María José con la mirada fija en el horizonte.
- Pues yo diría que ese pajarraco quería despertarte.

Los oyen graznar mucho antes de verlos aparecer sobre sus cabezas. Les sobrevuelan como una caótica mancha moviéndose en el cielo, cambiando constantemente su forma y densidad.  

- ¡Es impresionante! – exclama Nacho.
- Jamás había visto algo así
- Pero hay algo en todo esto que me preocupa…  ¿No te dan mala espina?
- No, - responde María José pensando en el sueño – tengo la intuición de que solo quieren estar con nosotros. 

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A poco más de un kilómetro de la aldea, la concentración de cuervos es tan numerosa que el paisaje se ha convertido en un escenario fabuloso. Aquella visión resultaría irreal para cualquier ser humano que la contemplara. 
En el cielo las aves se suceden, ascendiendo y descendiendo, como si se turnaran para mantener las mismas proporciones en el aire y posadas en tierra. 
Los graznidos son constantes, un fragor que llega hasta la cuenca del río, donde se intensifica en una reverberación prodigiosa.

Sobre el cielo forman un círculo compacto que se mueve en una siniestra espiral, y gran parte de aquellos cuervos sobrevuelan el caserío, sobre el que descienden hasta las casas, posándose en los tejados y sobre el corral vacío, o adentrándose durante unos segundos en la frondosa higuera.  

Durante largo rato, Montse y Carlos los han estado observando a través de la ventana, con  una mezcla de fascinación y desasosiego, sorprendidos por algunas de sus acciones. 
De vez en cuando, alguna de aquellas aves llega hasta el quicio de la ventana y se queda mirando su propio reflejo, pero acto seguido se afana  en localizar a la gente que hay en el interior de la casa, como si necesitara cerciorarse de que siguen allí. Solo entonces alzan el vuelo y se marchan.

A la hora de comer, Montse intenta reunir a todos alrededor de la mesa de la cocina, pero no lo consigue.
Ángeles prefiere comer algo en su habitación, para no dejar de observar  a Holden, que sigue sin reaccionar al medicamento. 
Anasister, acostada en su cama,  le ha prometido que bajará más tarde, pero Montse se queda afligida al observar su decaimiento.
Roquito está echado en uno de los sofás, con la mirada fija en el techo y ni siquiera responde cuando Montse lo llama.

Regresa a la cocina con aspecto abatido pero se anima al observar  la euforia de Carlos al explicar a Juan Miguel lo que ha observado a través de la ventana. 
“Bueno - piensa Montse- al menos ya no es el cadáver andante que parecía estos días”

-  No sé en qué acabaría la cosa, Juan Miguel- sigue diciendo Carlos – Los árboles no me han dejado ver lo que ocurría después, pero los cuervos le han estado atacando durante un buen rato. ¿Verdad, Montse? - dice al verla entrar.
- Sí, - responde ella - lo vimos perfectamente. Eran tres o cuatro cuervos lanzándose sobre el muerto, picándole con fuerza en la cabeza.
-  Nunca lo hubiera dicho – dice Juan Miguel – Y no podían haber llegado en mejor momento. Los teníamos por todas partes.

- No queda un puto zombi ahí afuera – dice Roquito entrando de repente en la cocina – Voy a salir.
- ¿Qué?  - exclama Juan Miguel- ¿Cómo que vas a salir?
- Sí, me voy.
- Pero a dónde vas – quiere saber Carlos, que se ha puesto en pie - ¿Te acompaño?
- No, dejadme solo.
- ¿No vas a comer algo primero? - pregunta Montse.

En el salón, Juan Miguel logra ponerse delante de Roquito.

-¡Espera! Dime primero a dónde quieres ir.
- ¡No lo sé! - le grita Roquito – ¡No aguanto más  aquí encerrado! ¡Necesito irme! ¡Quiero…! - y le aparta con el brazo – ¡Déjame salir!
- ¿Pero qué te pasa ahora? - exclama Juan Miguel poniendo una mano sobre la puerta.
- ¡¡Necesito encontrar a esa hija de puta y reventarle todos los huesos!! - grita Roquito fuera de sí.
- Escucha, tío, tranquilízate. Esa mujer ya debe de estar muerta. ¡Seguro! La habrán atacado los infectados... O los cuervos… Carlos dice...
- Aparta, Juan Miguel,  me va a dar algo si sigo aquí adentro.
- ¡Pero podrían atacarte los cuervos! – le dice Carlos cuando Roquito abre la puerta y sale.
- ¡Que lo intenten! – le contesta apretando la barra en la mano sin mirar hacia atrás.

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 Cuando el furgón alcanza el cambio de rasante, el panorama impacta de tal forma  a Nacho que deja de presionar el acelerador y el vehículo  reduce  su velocidad hasta casi detenerse.

- Hemos llegado – murmura María José ante aquel cielo repleto de aves.
- ¿Pero qué demonios  les ha traído hasta aquí? - exclama Nacho -¿Por qué este lugar precisamente?
Solito, que ya mostraba síntomas de inquietud minutos antes, comienza a ladrar.
- ¿Estás segura de que son inofensivos?
- No puedo estar completamente segura, pero creo que he estado soñando con ellos.

Nacho reanuda la marcha a poca velocidad.

Sobrepasan una gasolinera a la izquierda. Poco después distinguen a la derecha un polvoriento vehículo parado en la entrada de un camino, con la puerta del maletero abierta.

- ¡Un Ford Mustang! - exclama Nacho – Es el último lugar del mundo donde hubiera pensado encontrar uno.

Solito sigue alterado, ladrando a todo lo que ve a través de la ventanilla. 
Continúan por la carretera y dejan atrás  el coche abandonado.  El chillido de las aves en el cielo es continuo, graznidos y más graznidos superpuestos sin dejar hueco al silencio. 

- Espera, Nacho – dice María José – Da la vuelta.
-  ¿Has visto algo?
- No sé… Creo que ese camino…
- ¿El del coche?
- Sí, da la vuelta y baja por él.

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Roquito camina deprisa, con el cuerpo en tensión. Resopla y el pulso le late en las sienes. Ha bordeado la casa con la intención de dirigirse hacia el bancal en el que  la multitud de caminantes se hundió en el barro. Siente una fuerte sacudida interior cuando pasa junto al lugar en el que han enterrado a Fran.
El grito de los cuervos  es en aquel punto ensordecedor, por eso no escucha el sonido de un claxon sonando en la aldea.

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El furgón atraviesa la única calle hasta llegar a la última casa y allí se detiene. No han visto un alma en todo el trayecto, tan solo cuervos que los miraban un instante para levantar el vuelo de inmediato.

- ¿Crees que puede haber alguien aquí? - pregunta Nacho – Esto parece desierto.
- Vuelve a pitar – dice María José.

Todos en la casa escuchan el claxon.
Holden abre los ojos.