Esta pretende ser la historia de quince supervivientes en un mundo devastado y plagado de zombis. Los protagonistas son familiares y amigos míos que habrán de interactuar para llegar hasta el último capítulo. Pero, irremediablemente, algunos de ellos se habrán de quedar en el camino.
(Esta es una sinopsis patrocinada por Doxma)

11 mar. 2017

20. LA SOLEDAD A LO LEJOS

En la aldea  


Han ocurrido tantas cosas y tan extrañas en los últimos días, que me cuesta detener los pensamientos el tiempo suficiente para ordenarlos y poder anotarlo todo aquí.
Lo más importante, y lo más atroz, es que Holden ha vuelto a ser  atacado por uno de esos seres horribles.
Sucedió cuando intentaba atraer a los muertos hacia el encierro que había preparado, y esa mujer extranjera, Nerine, que apareció en la aldea de pronto, lo echó todo a perder.
Después del ataque Holden pudo volver a la casa, y tras subir a nuestra habitación quedó inconsciente. Lo más sorprendente es que al despertar parecía que, de alguna manera inexplicable, había recuperado su verdadero carácter, que volvía a ser él mismo, el Holden que yo conozco. Había perdido la agresividad y la intransigencia que lo han estado dominando últimamente. Fue una bendición y una gran alegría verlo así, cariñoso, razonable y paciente, y no sólo conmigo, sino con los demás también. Eso me dio mucha tranquilidad, porque me resultaba muy doloroso que estas personas que tanto nos están ayudando lo vieran de ese modo, como alguien agresivo, arisco y desagradecido.

Además, y de manera sorprendente también, Anasister ha logrado recordar, gracias a una palabra dicha casualmente por Holden en una conversación, el nombre del medicamento que, según creemos, podría salvarlo. Es un jarabe llamado Doxma. Este jarabe, por desgracia, no está entre las medicinas que ella, Fran y Roquito trajeron de la ciudad, en aquella dramática expedición que le costó la vida a AB.
Y para más coincidencia, Carlos, que está enfermo de agotamiento y con mucha fiebre, ha tenido fuerzas para recordar que vio un frasco de Doxma en la carretera, cerca de nuestra casa, junto a un coche abandonado; y que, por alguna razón que ahora resulta providencial, lo recogió y lo guardó en el maletero de ese coche.
Cuando nos contó esto, varios de nosotros nos ofrecimos para ir en seguida a buscarlo. Finalmente acordamos que fuesen Fran y Roquito, que saben con certeza dónde está el coche. Irán mañana a primera hora de la mañana.  Rezo para que  encuentren el jarabe, ese bendito Doxma, y vuelvan sanos y salvos.

No puedo ocultar que siento mucha antipatía, por no decir pura aversión, por esa tal Nerine. Desde que apareció no ha hecho más que estorbar y causar problemas. No hay duda de que está trastornada, se comporta como si fuésemos enemigos y ella una prisionera. Habla sola, nos mira con recelo y odio, y pretende que Fran, que ha conseguido ganarse su confianza, la lleve con su marido, aunque nadie sabe dónde está. Esta tarde llegó a tal grado de furia y de provocación que Fran la llevó al garaje y la dejó allí encerrada. Desde el salón y la cocina la oíamos gritar y dar golpes en la puerta, exigiendo que la dejásemos salir. Después de un rato dejó de gritar y amenazarnos, y entonces empezó a hablar en voz alta con su marido, diciéndole que tenía lo que él necesitaba pero no podía ir con él, que él tendría que ayudarla a salir de allí… En fin, no sabemos a qué se refería, qué es lo que dice tener y que él necesita… Es imposible imaginar qué ideas delirantes puede haber en esa cabeza perturbada.
Pero antes de esto, antes de que Fran la encerrara, hizo algo por lo que nunca la perdonaré. En su obsesión por marcharse, abrió la puerta de la calle, sin ninguna precaución, sin conciencia de la situación en que nos ponía a todos, y en seguida una masa de muertos se abalanzó contra la casa, intentando entrar. Fue horrible. Sólo pensar que esa caterva de monstruos hubiese invadido la casa, mi hogar, me aterra y me enfurece.
Mientras esa odiosa Nerine contemplaba impasible la escena, nosotros, pero sobre todo Fran, Roquito y Juan Miguel,  con muchísimo esfuerzo y riesgo conseguíamos contener el asedio de los muertos. Pero no habríamos podido alejarlos de la casa de no ser por Holden. Cuando ya nos creíamos perdidos, cuando ya estábamos agotados, escuchamos los cencerros, los que Holden había preparado como reclamo para llevar a esas criaturas infernales a su encierro. Tan débil como estaba, se levantó de la cama, fue hacia la ventana y los hizo sonar tirando de la cuerda… Y nos salvó la vida a todos, así de simple.
Cuando subí para verlo, lo encontré en el suelo, de nuevo inconsciente.
Y por desgracia así sigue, sumido en un desvanecimiento tan profundo que Anasister cree que está en coma.
Es una posibilidad que no quiero aceptar, pero tengo que admitir que en mi corazón yo también lo creo.

**************************


“¿Qué sentirán?”, piensa  María José.

Nacho conduce por un camino rural. El brillo del sol realza los colores del campo y ambos contemplan la belleza de los almendros en flor. La perfumada brisa que entra por las ventanillas viene acompañada de múltiples recuerdos de una vida que ya les parece muy lejana.

Por la cuneta, encarados hacia ellos, aparecen de repente dos caminantes.

Son un hombre de piel muy blanca, con profundas heridas en la cara y una mujer con el pelo largo, apelmazado en las mejillas. Caminan uno junto al otro, mirando hacia el suelo  y se detienen para levantar la cabeza al  pasar el coche  junto a ellos.

- ¿Qué sentirán? - dice María José mirando cómo  los cuerpos disminuyen en el espejo retrovisor.
- No pueden sentir nada – responde Nacho - Son materia muerta.
- Pero cómo podemos saberlo realmente.
- ¿Crees que pueden sentir?
- No quiero decir “sentir” exactamente. Me refiero a si, por ejemplo, esa pareja era consciente el uno del otro. Si percibían la compañía. 
- No lo creo.
- ¿No? Si de repente uno desaparece, ¿el otro no se da cuenta?
- El otro seguiría caminando sin inmutarse.
- No sé, puede que tengas razón, pero a veces... - María José se queda callada.
- Dime, - le insta Nacho a continuar - qué es lo que piensas de ellos. Yo tengo mi propia opinión, pero puedo estar equivocado.
- Si hubieras parado junto a ellos...  se habrían enfurecido, ¿verdad? Y nos habrían atacado. ¿No es ese odio un sentimiento al fin y al cabo?
- No, porque no es odio. Simplemente se mueven por acto reflejo, como una respuesta instintiva de sus cerebros. Ven a su alcance la carne fresca que buscan y se mueven para conseguirla.
- Pero les cambia el gesto, se vuelven agresivos, sacan los dientes como los animales...
- Pero no lo hacen para intimidar, es un acto inconsciente.
- ¿Y el hambre? ¡Sienten hambre!
- No exactamente, parece que les ha quedado un instinto muy primitivo: el de buscar sustento,  pero no sufren por ello. Si encuentran carne comen, pero si no la encuentran pueden seguir buscando sin desfallecer.

María José vuelve a quedar en silencio durante unos segundos.

- Es muy difícil aceptarlo – dice finalmente - Ni hambre, ni frio, ni miedo, ni dolor...  Nada de nada. Y sin embargo...  ambos tenían la mirada triste.
- Nos cuesta comprenderlo porque nunca habíamos vivido nada igual. Pero cuanto antes aceptemos la nueva realidad, mucho mejor.

Nacho detiene el furgón junto a un cobertizo.  Ha visto una gran cuba de plástico en su interior y piensa que podrían  transportarla a la cabaña.
“Nos vendrá bien  para  almacenar agua de lluvia”, piensa.
Cuando gira la llave del contacto y el motor se detiene, mira a María José.

- ¿Sigues pensando en lo mismo?
- No, estaba... - empieza a decir – Me ha parecido ver a un hombre con un cubo de pintura.
- ¿Dónde? - pregunta Nacho buscando con la mirada.
- No, no lo he visto por aquí. Me refería a...
- Ah, entiendo. ¿Solo has visto eso?
- Sí, - dice María José masajeándose la frente - ha durado muy poco.
- ¿Pero estás bien?
- Sí, es sólo... Este lugar...
- Dime
- ¿No te pasa a ti que cuando estás en la cabaña necesitas salir y cuando estás lejos tienes ganas de volver y encerrarte en ella?
Nacho le sonríe.
- Siento una especie de... – continúa María José – Creo que en todo este tiempo he estado deseando sentirme segura en algún lugar, pero ahora que ese lugar existe... me doy cuenta de que nada ha cambiado en realidad.
- Te entiendo, – dice Nacho – y es completamente normal que te sientas así. Nunca podremos decir que estamos completamente a salvo, pero tampoco conviene preocuparnos demasiado. Basta con que siempre tengamos mucho cuidado.

Acostumbrados a la quietud del entorno, al silencio de los paisajes en los que nada se mueve, a Nacho y María José les resulta cada vez más fácil detectar cualquier movimiento, por leve que sea. 
Pero además tienen  la suerte de tener con ellos a Solito.

Al descender del vehículo, un corto gruñido del perro les  pone alerta. Se quedan quietos, mirando hacia un punto negro en la distancia, hasta que alcanzan a vislumbrar a un hombre que avanza hacia ellos. Su ropaje oscuro destaca sobre el polvo del camino, un camino recto, por un denso cañaveral

- Por un momento he pensado que estaba vivo – dice Nacho.
Con la palma de una mano sobre los ojos, María José observa fijamente el cuerpo, que camina con una cadencia poco habitual en los infectados.

- ¡Es que está vivo! - exclama
- ¿Cómo lo sabes? -  pregunta Nacho, sorprendido.

En ese instante ven cómo otro cuerpo surge de entre las cañas y se abalanza sobre el hombre. Ambos caen por el terraplén y quedan ocultos entre la maleza.

- ¡Vamos a ayudarle! - decide Nacho - ¡Sube al coche!
- ¡No, espera!
Nacho mira a María José. Solito salta al interior del vehículo y vuelve a bajar, inquieto.
- Ya no hay nada que hacer – dice ella pausadamente.
Nacho mira hacia el lugar en que los han visto desaparecer. No hay movimiento en la zona, ni les llega sonido alguno.
- ¡Tenemos Doxma! - exclama – ¡Podemos ayudarle! -  Vuelve a mirar a María José, que sigue ensimismada.
- Le ha desgarrado el cuello.
Nacho la mira desconcertado.
- ¿Estás segura? ¿Cómo puedes saberlo?
María José asiente con la cabeza.
- ¡Por Dios! ¡Ha sido todo tan rápido! ¡Pero es que ni siquiera lo he visto reaccionar!

Nacho intuye que ella está “viendo” algo y   deja pasar un tiempo antes de volver a hablar.
- Venga, vámonos - le dice al fin – Se me han quitado las ganas de todo.
- Sí,  vámonos - responde - pero acerquémonos hasta allí.  Necesito comprobar algo.

Suben al furgón y Nacho lo dirige hacia el estrecho camino. Las cañas que se inclinan hacia el suelo golpean la carrocería al pasar.
María José intuye  a un hombre pintando una sábana con grandes letras azules:
  AYUDA, SU

Al llegar al terraplén  en el que desaparecieron los cuerpos, Nacho reduce la marcha y mira entre las cañas intentando captar algún movimiento. 

- ¿Ves algo? - pregunta– Yo no veo nada.

Entonces perciben un  desplazamiento de cañas entre la maleza y ante ellos surge un infectado. A sus pies se ve parte de un cuerpo inmóvil. El muerto  empieza a caminar hacia el vehículo. Tiene la cara  cubierta de sangre por completo y también las manos, que manchan las cañas al avanzar. Solito empieza a gruñir.

- Vale, vámonos ya – dice María José.
El infectado está a punto de apoyar las manos en el furgón cuando Nacho acelera y se alejan de allí.
- ¿Qué querías comprobar?
- Era el hombre que había visto antes.
- ¿El del cubo de pintura? ¿Es el que acaba de morir?
- Sí, y vivía cerca de aquí.
- ¿Hay más gente viva por aquí? ¿Puedes verlo?
- Por allí – dice ella señalando hacia el este – Estoy asustada, Nacho. Jamás he estado por este lugar y sin embargo lo estoy reconociendo.
- Tranquila, María José. No tengas miedo. ¿Dices que hay gente viva por allí?
- No, que el hombre vivía por... ¡Espera! Te has pasado el cruce, Nacho. Vuelve atrás.
- ¡Es fascinante! – exclama obedeciendo - ¿Eres capaz de llevarme a su casa?
- ¡Entra por ahí!

Nacho avanza por un camino cubierto de grava entre altos chopos de troncos plateados.  A pocos metros surge una elegante verja flanqueada por robustas columnas.

- Esta es la entrada – dice María José – Espera, voy a abrir, no tiene candado.

Los pensamientos de Nacho se disparan.  A lo incomprensible de vivir entre muertos que caminan sin descanso, se suma la inexplicable clarividencia de su amiga. Por un instante se siente un privilegiado aunque  al mismo tiempo está confundido e inquieto por algo tan insólito.

Atraviesan la puerta y avanzan por el camino de grava. Al fondo ven la fachada gris de una mansión. Colgada entre dos de las ventanas superiores hay una sábana con grandes letras azules:

AYUDA, SUPERVIVIENTES

Nacho mira a María José.
- No, no hay nadie – dice ella.
Detienen el furgón junto a una fuente circular sobre la que emerge una estatua de piedra. Es una joven tocando un arpa. Su  melancólica mirada  apunta  hacia la verdosa agua estancada a sus pies. Tiene las faldas cubiertas de líquenes y María José observa que se han roto los dedos que tocan el arpa.

- Este lugar es una maravilla- susurra Nacho- ¿Cuánta gente viviría aquí?
- Tres personas - dice María José.
- ¿Sólo tres? ¡Pero si parece un hotel! Gente rica, eso está claro.

El perro corretea alrededor de ellos, deteniéndose de vez en cuando a olfatear algunos lugares.
Cercados por la enorme fachada, rodeada a la vez de altos árboles, el silencio  en aquel recinto parece un ente milenario.  Solo se escucha el crujido de sus pisadas y el aleteo de la sábana cuando la brisa la hace ondular.
- ¿Entonces no queda nadie dentro? - pregunta Nacho.
María José ha levantado la cabeza hacia el gran cartel. Nacho la ve cerrar los ojos y contraer el gesto. Permanece inmóvil durante unos segundos y poco a poco su expresión se suaviza.
Cuando abre los ojos, Nacho espera alguna respuesta positiva.

- Los dueños de la casa ya no viven. Primero falleció el hombre, hace unas semanas. Y la mujer... la mujer murió hace muy poco.
-  ¡Vaya! - exclama Nacho.
- Estaba enferma del corazón.
- ¿Y el hombre que escribió esto...? - pregunta Nacho señalando a la sábana.
- Trabajaba y vivía aquí, con ellos. Era el único empleado del servicio que no los abandonó. Cuando lo vi caminar me llegó de inmediato la pena que sentía. Por eso no reaccionó al ser atacado. Estaba como ido.

Entran en la casa e inspeccionan las amplias estancias de la planta baja durante largo tiempo.
Nacho siente un  escalofrío al encontrar en movimiento el péndulo del reloj del salón.  Hay un mueble de puertas de cristal con escopetas de caza y Nacho las saca de allí y las coloca junto a la puerta de entrada.  En la cocina encuentran  una gran despensa  llena de víveres.

- ¿Pero por qué no se quedó ese hombre aquí? Un lugar como este, en una casa tan segura...
A María José se le humedecen los ojos.
- Yo lo puedo entender. Tampoco yo habría soportado quedarme sola. Toda la vida en compañía y de repente... vivir sin nadie, rodeado de recuerdos. ¿No te parece horrible?

Nacho se queda pensativo. En ese momento se da cuenta de que es muy distinto a ella. Ha vivido solo durante muchos años en los que se acostumbró por completo a la soledad, y ahora es consciente de que la nueva vida no es para él la gran tragedia que supone para otros,  que no percibe el cambio de manera tan aplastante.

En uno de los cuartos de baño, María José encuentra un frasco de perfume. Lo destapa, lo huele, y vuelve a dejar el frasco en el mismo sitio.  Sale del baño y cierra la puerta.
Busca a Nacho y lo encuentra en la cocina.
- Ven, vamos a comer algo- le dice al verla-  Dime qué te apetece. Tenemos para elegir.

María José mira por la ventana. Los árboles se balancean en la distancia como un verde oleaje y el sol dibuja destellos en sus copas que a ella le parecen espuma.
- Parece que se está levantado aire – comenta.
Solito gime mirando a Nacho y éste coloca en el suelo un plato para él.
- Toma, campeón. Que también hay para ti.

Comen en silencio. Ahora les llega con más fuerza el sonido del viento. No pueden evitar sentir cierta inquietud, y ambos se ponen tensos cuando escuchan las graves campanadas del reloj del salón.

- He utilizado dos cajones hondos para transportar todo lo que vamos a llevarnos – dice Nacho – Están en la entrada. En cuanto comamos los cargamos en el coche y nos largamos de aquí.

María José está a punto de decirle que no han inspeccionado las plantas superiores pero se queda callada. El viento parece haberse metido en su interior, levantando grandes nubes de luz y sombras. Ha visto al hombre que pintó la sábana subiendo las escaleras, desesperado por no querer dejar sola a la mujer enferma, angustiado por no tener las medicinas que ella necesita. También lo ha visto arrodillado junto a su cama. La mujer lo mira con infinito agradecimiento y él le besa las manos.  Después él le baja los párpados y la deja en aquella enorme cama.
Y de repente es consciente de que eso ha sucedido... hace unas horas... ¡esa misma mañana!
Y  la mujer...  ¡ha vuelto a abrir los ojos!

- ¿Nos vamos? - dice Nacho.
- ¿Cómo?
- Tengo que admitir – dice Nacho-  que me va a costar acostumbrarme a verte así. Cuando estás en uno de esos trances siento que me quedo solo.
- Sí, - dice ella levantándose - ¡vámonos!

Antes de salir, Solito se pone nervioso y empieza a ladrar en dirección a  las escaleras.
Nacho se cuelga al hombro las dos escopetas y coge uno de los cajones.
- ¿Puedes tú con el otro?

Cuando salen al exterior, el cielo se ha encapotado y la luz es ahora lúgubre y cenicienta.
En la fuente, sobre la cabeza de la estatua hay un cuervo que echa a volar al verles, y otro surge del interior del estanque.  Entre el  viento los oyen graznar con rabia.

Solito está inquieto y cuando Nacho abre la puerta salta al interior del furgón.
María José coloca uno de los cajones en el compartimento trasero. Nacho ha metido allí un cuchillo grande y al verlo, María José se encuentra cara a cara con Nerine.
Nerine tiene un cuchillo como ese y la amenaza con él. La cara, salpicada de sangre, es tan agresiva que María José da unos pasos hacia atrás y parpadea varias veces antes de correr a su asiento.
Cuando Nacho entra al coche y cierra la puerta, ven cómo el viento arranca la sábana de la fachada, que vuela como una extraña ave blanca que huyera de un peligro. La sábana planea hasta quedar enredada entre unos cipreses.

- ¡Uff! - resopla Nacho después de un tiempo conduciendo sin decir nada – Un día de lo más completo, ¿eh?
María José cierra los ojos cuando el vehículo pasa entre el cañaveral.
- Estás cansada, ¿verdad?
- Sí - responde con desgana.
- Demasiadas emociones. E imagino que mucho más para ti, por todo lo que...
- He vuelto a ver a Nerine – le interrumpe.
Nacho se queda callado, esperando a que prosiga.
- Creo que los que están con ella no se imaginan lo peligrosa que es. Está a punto de cometer una locura. Aquella gente... necesita ayuda.

María José no dice nada más y Nacho se queda pensativo.
Piensa en todo lo sucedido ese día, en cómo han podido comprobar que todo puede acabar  en un par de segundos. Imagina lo afectada que ella está, por lo mucho que le  aterra la posibilidad de quedarse sola.
Es consciente de  que él no está pasando por la angustia que ella vive, que él no tiene el sentimiento de pérdida que ella intenta superar.
Reconoce que para él no hay más preocupación que dejar pasar tranquilamente cada día, sin pensar en el mañana.
Que él se encuentra tranquilo en la cabaña pero que ella no lo estará nunca. Ni allí ni en ningún sitio mientras exista la posibilidad de cualquier fatalidad que la dejara sola.

Entiende entonces que él no tiene sentido de pertenencia, que no siente la necesidad de formar parte de un grupo, de una comunidad en la que todos se ayuden y se hagan compañía.
Pero ella sí.
Eso es lo que más necesita María José en estos momentos.

- Dime una cosa... – empieza a decir - ¿Crees que serías capaz de llegar hasta Nerine?
María José se vuelve para mirarlo,  sorprendida por la pregunta.
- No, - dice sin convicción - no creo...
- Yo creo que sí que podrías.
- No estoy segura, pero...
- ¿Quieres que salgamos mañana?
- ¿A buscarla?
- Si, a encontrar a esa gente que está con ella.

16 feb. 2017

RETO: SALVAR AL MORIBUNDO HOLDEN

El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos.
William Shakespeare

Alguna que otra vez, durante la lectura de una novela o en el visionado de una película, hemos pensado que todo estaba siendo demasiado predecible. Al final puede habernos gustado más o menos, pero si de antemano se veía lo que iba a suceder, no se habrá encontrado esa estimulante emoción que a todos nos gusta vivir.

Supongo que todos estaremos de acuerdo en que no hay nada más atractivo a la hora de que nos cuenten una historia que el que contenga alguna que otra sorpresa que ni por asomo esperábamos, que la trama dé un giro inesperado y se produzca ese impacto ante nuestros ojos que nos deje desconcertados.

Si algo me gusta de esta historia que nos llevamos entre manos es precisamente eso: que no se puede decir que sea predecible. Ni yo mismo - y esto es algo que no me cansaré de repetir- sé con seguridad lo que puede suceder en adelante ni qué personajes van a sobrevivir.

En este punto en el que nos encontramos, todo apunta a que Holden, mordido en una pierna por un niño zombi y también en un hombro por un infectado hecho y derecho, pase a formar parte de las bajas. Podría ser la quinta defunción, si no llevo mal la cuenta.

Pero, claro, ni siquiera nos planteamos ir a buscar flores para su tumba porque sabemos que Nerine tiene un frasco de Doxma en el bolsillo y que María José y Nacho podrían aparecer tarde o temprano en la aldea con un buen cargamento de ese jarabe milagroso.

Pero estaba yo pensando que si todo depende finalmente de mí, de lo que yo decida escribir, el factor sorpresa podría funcionar con vosotros pero no conmigo, y ya he dicho cuánto me gusta un buen susto en cualquier historia.

Es por esta razón que voy a lanzar un nuevo reto para que nadie, ni yo mismo, sepa con seguridad qué ocurrirá.
Esta vez no será un reto de superviviencia general como hasta ahora ha sido, sino una cooperación por vuestra parte para intentar salvar a Holden.
Si el reto se consigue, el Doxma le llegará a tiempo, de lo contrario... nos quedaremos sin el amo de Villa Zombi.

¿Qué es lo que hay que hacer? Algo muy sencillo, creo yo.

Han de participar en el reto los 7 compañeros que se encuentran ahora mismo en la casa junto a Holden, es decir: Ángeles, Fran, Anasister, Roquito, Carlos, Montse y Juan Miguel. Es evidente que la malvada Nerine se negaría a ayudarle y Nacho y María José todavía no lo conocen, por lo que estos tres personajes se quedarán al margen esta vez.

Antes del 1 de marzo, cada uno de los siete retados ha de conseguir que un bloguero deje un comentario.
Es decir, Ángeles, por ejemplo, (seguro que ya la he puesto nerviosa) ha de pedir a un bloguero o bloguera de confianza que le haga el favor de entrar en este blog y escribir:
Hola, vengo de parte de Ángeles con la intención de salvar a Holden...”
Otro lo haría informado por Fran:
Hola, vengo de parte de Fran con la intención de salvar a Holden...”
Y lo mismo para todos los demás.

Ni que decir tiene que el bloguero que se preste a ayudar, además de empezar como he dicho, puede añadir lo que quiera si le place.

La razón por la que pido que sea un blogger es para que no se hagan trampas, pues uno mismo podría escribir en nombre de otro, y eso sería engañar al mismísimo diablo. Osea que es necesario que el nombre del comentarista enlace a su blog.

Si llegan los siete comentarios antes de que acabe el mes, el reto estará superado.

Peeero... (y aquí está mi lado benévolo, para que no todo sean maldades):
Cabe la posibilidad de que alguno se despiste o incluso que no llegue a leer esto a tiempo. Esto perjudicaría a Holden, al que puse en la cuerda floja a pesar de que nunca perdió ninguna prueba de supervivencia. Para darle la posibidlidad de luchar contra una posible adversidad, él mismo podrá poner de su parte para salvarse. Eso sí, con condiciones.

Si el 26 de febrero, a dos días de que acabe el plazo, alguno no ha conseguido el comentario amigo, el mismo Holden podrá pedir ayuda a compañeros bloggers para que le salven pero cada falta se multiplicaría por tres. Es decir, que si faltara solo un comentario, tendría que conseguir tres. Si faltaran dos, seis, y así hasta morir de estrés.

El reto empieza en este mismo momento.

Y ahora es cuando yo me relamo de gusto esperando a ver cómo se juegan las cartas y preguntándome cuál será el destino de Holden.

La emoción está asegurada.



La vida no es siempre una cuestión de tener buenas cartas,
sino de jugar bien una mala mano.
Robert Louis Stevenson


28 ene. 2017

19. EL ASEDIO DE LOS MUERTOS

Tras una verde loma, semioculta a la vista desde la carretera, Nacho y María José encontraron una cabaña. 
La puerta estaba abierta y el interior en perfecto orden. 
La luz que entraba a través de los visillos les produjo una inmediata sensación de paz. Incluso Solito pareció decidir que aquel era un sitio perfecto cuando lo vieron dar un brinco a uno de los sillones y desde allí los miró con aire satisfecho.

Ocuparon parte de la mañana planificando tareas. Nacho propuso salir en busca de   víveres y combustible pero María José se negó a que fuera solo. 

- Es más seguro si somos cuatro ojos en vez de dos.  Incluso seis – dijo mirando a Solito.

En los sucesivos días, el perímetro de acción siguió siendo el mismo, alejados de la ciudad, en aquella amplia zona rural donde la presencia de infectados era casi inexistente.
Sus incursiones por las viviendas les resultaron bastante provechosas y cada tarde regresaban con mayor o menor cantidad de alimento, ropa, medicinas y algún utensilio que determinaron que podría servirles.

Nacho tenía la sensación de que las horas pasaban muy deprisa.  Mirando cómo María José colocaba en distintos sitios los enseres y los alimentos sin ser realmente necesario, entendió que ella se esforzaba en mantenerse activa, con la mente ocupada el mayor tiempo posible. Intuyó que esa  era la razón por la que pasaba las tardes limpiando, ordenando y colocando las cosas por las dependencias: de algún modo la rutina se había convertido en su válvula de escape.

Cuando la luz empezaba a menguar, encendían la chimenea y corrían las cortinas. Era este el primer y último ritual de cada día: dejar preparada la leña que por la mañana traían de un cobertizo  y observar cómo se consumía durante la noche.
Los días empezaban a ser cálidos pero en las madrugadas  todavía se agradecía el calor de las llamas.
A Nacho le relajaba el momento en que se sentaban delante del fuego; sin embargo era consciente de que con la llegada de la noche los ánimos de María José se ensombrecían.

- ¿Estás cansada? - le preguntó
- No. Nada – María José hizo un gesto a Solito que acudió de inmediato, saltando a su regazo – Ojalá lo estuviera.
- ¿Algún sueño anoche?
- No, anoche no. O al menos no lo recuerdo. Pero las sensaciones siguen ahí
- ¿Qué sensaciones? ¿Quieres contármelas?
María José se quedó callada
- Bueno, solo si te apetece hablar de eso.
- Sí, es... ya sabes... – María José acarició a Solito y dio un hondo suspiro antes de proseguir – Sigo viendo a Nerine... De repente, de forma impredecible... Es como si me trasladara de golpe a su lado.
- ¿Por qué crees que se repite tanto esa imagen?
- No lo sé. Yo también me lo pregunto.  Esa mujer nunca me cayó bien. Me trató con desprecio. Estoy segura de que ya la habría olvidado de no ser por esto.
- ¿Y dónde está? ¿Qué hace? ¿Lo puedes ver?
- La veo sufrir. Camina como perdida. No deja de buscar a su marido. Creo que en el fondo sabe que no volverá a verle, pero no lo quiere admitir
- ¿Tantas cosas puedes saber?
- Esas en concreto sí.
- ¿Y sabes si está cerca o lejos de aquí?
- No, eso no sabría decirlo.
Nacho mira a las llamas.
- Es muy curioso esto que te ocurre.
- Y me preocupa mucho.
- ¿Por qué?
- Tengo la sensación de que se agudiza cada vez más. Creo que yo misma podría potenciar esas visiones si me lo propusiera. Y, la verdad,  ser consciente de esto no me resulta  agradable.
- ¿Pero qué es lo que te  preocupa? ¿Que te  pueda afectar psicológicamente quizás?
- No. Bueno, no lo sé... Al principio me aterraba este cambio en mí, pero me he ido acostumbrando. Sin embargo últimamente... No sé, Nacho, me inquieta que pueda ir a más,  que se haga más intenso, no saber  cuánto va a durar ¿Y si se hiciera  constante y no pudiera resistirlo?
- Tranquila  – dijo Nacho apretándole una mano- Es normal que te sientas inquieta, pero  verás como todo va a ir bien. Estoy seguro.

Solito levantó de golpe la cabeza, y las orejas se le alzaron al mismo tiempo. La intención de ladrar se quedó en un apagado gruñido cuando Nacho le chistó. El animal era un infalible detector de infectados.

- ¡Buen chico! – le dijo Nacho, satisfecho de comprobar que el animal había aprendido a no hacer ruido cuando se lo pedían.

Un par de horas después, María José se durmió. Nacho puso otro tronco en la chimenea y la tapó con una manta.
En alguna ocasión durante la noche escuchó los apagados gruñidos del perro.

********************
En un acto reflejo, María José abre el grifo del cuarto de baño. Se oye un gorgoteo pero no surge ni una gota.

- Adiós, lujos del pasado – piensa, girando la llave.

Observa que hay un cubo de agua sobre una banqueta y también jabón y toallas limpias. Durante unos segundos se mira en el espejo e intenta elevar las comisuras de los labios en algo parecido a una sonrisa. Siente un creciente tristeza en su interior y la combate metiendo las manos en el agua y mojándose la cara con energía.  Le llega entonces  el aroma de café recién hecho.

-¡Dios, qué bien huele!
- ¡Buenos días!  - le dice Nacho al verla – Acércate y dime qué te parece esto.
María José ve sobre la mesa dos tazones humeantes.
- Mmmm, lo he olido desde lejos. Ya no me acuerdo de la última vez que tomé café.
- Y además puedes añadirle leche si quieres.
- ¿En serio? 
- Condensada, claro, pero igualmente buena si la rebajamos con agua.
- Descuida, no  voy a poner pegas a nada.
- Y aquí tenemos cereales de varios tipos.
“¡DÉJAME EN PAZ!”, oye gritar a su lado,  “¡NO QUIERO COMER NADA!”

Durante unos segundos, María José se queda perpleja ante la imagen de Nerine sentada  en el suelo. Tiene las piernas encogidas y abrazadas, y María José la ve esconder la cara entre las rodillas como si fuera una niña pequeña.
 “Comprenda que no puede seguir así.- dice una voz masculina - Tarde o temprano tendrá que comer algo”. María José mira a Nacho, que está colocando servilletas de papel sobre la mesa.
“¡NO QUIERO NADA VUESTRO! - la vuelve a oír gritar - ¡Sois gente violenta y despreciable  y solo me habéis traído problemas! ¡MALDITOS TODOS!”
“Déjala, Fran, es inútil” - dice una voz de mujer.

- ¿No te sientas? - dice Nacho sonriéndole.
Todavía aturdida, María José  toma una silla, se sienta y coge un tazón entre las manos.
- Vaya – dice finalmente- No esperaba  que la mañana empezara con tantas sorpresas.
- ¿Has visto? ¡Hasta Solito está contento con su ración!
 - No me refería  solo al desayuno.
- Ah, ¿no? - Nacho observa un ligero temblor en las manos de María José y se sienta frente a ella - Vale, está claro que te acaba de ocurrir algo.
- Sí, Nacho, la acabo de ver y oír como si estuviera aquí mismo.
- ¿Pero cuándo?
- ¡Ahora mismo! ¡¡Ahí, apoyada en la pared!!
- Bueno, ¿qué tal si primero nos tomamos esto y después me lo cuentas?
- No está sola, Nacho ¡Está con más gente! ¡He oído otras voces! Esto no me había pasado antes.
- Vaya, mejor así, ¿no? Que no esté sola, quiero decir.
- Ella les gritaba, parecía un animal acorralado. Ellos... creo que... sí, había un hombre y una mujer. No he logrado verlos pero deben de ser jóvenes. Él se llama Fran y le decía...
- Escúchame un momento, María José – la interrumpe - No quiero quitarle ninguna importancia a todo esto que me cuentas, pero quiero verte comer primero.

María José asiente con la cabeza y echa  un puñado de cereales en el tazón.
- Yo te ayudaré a sobrellevar esto. Ni tú ni yo vamos a...
- ¿Por qué me pasa esto, Nacho? - dice María José aguantando las lágrimas.
- No lo sé, pero quizás te sirva para algo positivo. Ya lo descubriremos.
- Estoy asustada.
- Lo sé.
********************


La aldea es un enjambre de cuerpos caminando en todas direcciones. Roquito se siente  tenso. Tanto que en ocasiones reprime el impulso de salir al exterior y descargar su ira a golpes contra aquellos seres pestilentes. El sonido que escapa de sus gargantas se ha elevado de forma amenazadora, como si los muertos, aguardando sin prisa a que los vivos salgan de sus escondites, hubieran decidido entonar al unísono el lúgubre cántico del apocalipsis.

- Los odio, los odio... - murmura Roquito entre dientes - ¡LOS ODIO!
- Calma, hombre- le dice Juan Miguel
- ¡No puedo! - le reprocha- Y no sé cómo podéis estar tan tranquilos. ¡Todo se ha ido a la mierda! Tanto pelear, tanto sufrir... para que al final, Holden...
- No digas eso.
- Joder, tío,  está bien jodido. ¡Se muere! Y Carlos también.
- Anda, calla... ¡No seas tan derrotista! Carlos ha enfermado. Solo eso.
- ¿Solo eso? Me he acercado a verle a su cama y parece un cadáver.
- Montse dice que es puro cansancio, que ha sufrido mucho y... bueno, es lógico, llega un momento en que el cuerpo se rinde.
- ¡Se me cae la casa encima! - dice Roquito - Es una putada no poder hacer nada por ellos.
- No, míralas a ellas: Montse dedicada a Carlos, y Ángeles y Anasister volcadas con Holden. Eso es lo que hay que hacer, ayudarnos, tener paciencia y no desesperar.
- Tengo que reconocer que lo de Ángeles me sorprende. Pensaba que se hundiría al saber lo de Holden, pero ahora me parece otra mujer.
- Dicen que nadie sabe lo valiente que es hasta que le llega el momento de demostrarlo.
- De todas formas... no nos engañemos, si esos putos zombis te muerden...
- Tiempo al tiempo. No adelantemos acontecimientos. Le han desinfectado la herida a conciencia, y Anasister le ha inyectado antibióticos.
- No sé... Si hubiéramos encontrado lo que buscábamos... Dicen que aquel jarabe era la salvación.

Sentada en el suelo, con la espalda apoyada en la pared, Nerine sigue incubando su odio hacia los habitantes de aquella casa.
 - Espero que se mueran todos – la oyen decir.
Roquito se vuelve con ímpetu hacia ella pero Juan Miguel le aprieta un brazo.
- No, déjala – le dice en voz baja – No merece la pena.
- ¡Joder, tío, voy a estallar de tanto contenerme! ¿Por qué tengo que aguantar eso? - Y mirando de nuevo a Nerine le grita- ¡Usted es la que la va a palmar si sigue así!
- Déjala, Roquito
- ¡Coño, si lo digo por su bien!  ¡Que se deje de tanto orgullo y nos haga caso, que desde ayer no come nada!
- Dios me alimenta – dice Nerine.
- ¡Pues dígale a su Dios que me dé paciencia para no echarla a la calle de una patada!
********************

Sentada en el borde de la cama, Ángeles observa a Holden dormitar.  Él abre de vez en cuando los ojos y la busca con la mirada.

- No, si no me voy– le dice ella sonriendo.
- Mejor – responde  somnoliento – No quiero que te vayas.
Extiende un brazo para que ella le coja la mano.
- ¿Cómo estás? - le pregunta Ángeles.
- ¿He dormido?
- Sí, bastante.
- Sigo cansado.
Oyen gritar a Roquito en el salón.
 -¿Qué pasa ahí abajo? - pregunta con lentitud- ¿Aún siguen aquí esos escandalosos?
- Claro que siguen, y es una suerte. Nos han ayudado muchísimo.
- Me alegro – Se mueve y hace un gesto de dolor – ¡Joder, esto aprieta!
- Me lo imagino. Pero dice Anasister que es mejor así.
- Si ella lo dice...
- ¿Sabes? Ultimamente me costaba reconocerte, pero ahora mismo vuelves a ser tú. Y no sabes lo feliz que me hace.
Ángeles encuentra tristeza en la mirada de Holden, que vuelve la cabeza hacia la ventana.
- Siguen ahí afuera, ¿verdad?
Ángeles asiente en silencio.
- No recuerdo cuándo dejé de...
- Perdiste el sentido.
- Cómo odio dejar las cosas a medias. Mi idea era buena. Lo sabes, ¿verdad? Y lo habría conseguido.
- Estoy segura.
 - Yo... - empieza a decir Holden – Yo tenía un ideal de vida perfecto para nosotros.
- Lo sé, y aún se puede conseguir.
- Ángeles... - le dice mirándola fijamente a los ojos - No tienes que fingir conmigo. Los dos sabemos que esto es el final.
- ¡No digas eso!
- No, Ángeles, ya sé que tú pretendes...
- ¡¡Pero cómo que el final!! ¿Dónde está el Holden que conocí?
- Escucha, solo quiero que el tiempo que nos queda...
- ¡Calla, no hables así!  Esto no es el final de nada. ¿Te acuerdas de cuando hablábamos por cam? Yo tenía mucho miedo, pensaba que no había nada más por hacer, pero tú me decías una y otra vez que no me rindiera. Fue tu actitud lo que me salvó. ¡Fue tu fe lo que nos salvó a los dos!

En mitad del silencio posterior, les llega desde la calle el persistente rumor gutural de los muertos, que se intensifica como si  trepara por las paredes para atravesar el cristal  y alcanzarlos.
********************

- Cuando consigamos volver a la caravana – le dice Montse a Carlos – traeré las raíces de jengibre. Es lo único que me ha faltado. Anda, tómate esto.
- ¿Qué es? - pregunta Carlos sin apenas fuerzas para incorporarse.
- Un jarabe milagroso que te he preparado.
Carlos se lleva la taza a los labios.
- Con cuidado, que estará muy caliente aún.
- Huele a limón.
- Sí, limón, miel, canela y menta. Ya verás tú qué cosa tan buena. Lástima el jengibre.. Es una receta que aprendí de mi abuela. La de veces que nos reanimó a todos con esto...

Carlos sopla y da un pequeño sorbo. Montse le mira satisfecha.

- Me sorprende que hayas encontrado tantas cosas para hacerlo. ¿De dónde has sacado los limones?
- Imagínate el alegrón que me llevé cuando vi que en el patio hay un limonero. ¡Y cuajado de limones! He preparado una olla grande para todos.
- Eres un sol, Montse.
- Vamos, tómatelo. Estoy deseando que notes el resultado. Después te traeré algo sólido. Fran y yo hemos hecho la comida.
- ¿Cómo están los demás? ¿Cómo está Holden?
- Descansando. Voy a ver si se toma una taza también.

Montse se sorprende al entrar al salón y ver a Nerine en pie por fin. Fran la ha convencido para que coma algo y la australiana, sin mirar a nadie,  se limita a seguirlo hasta la cocina.

- Lo que no consiga el diplomático de Fran... - le dice a Anasister  al acercarse a ella
Anasister le hace un gesto de incredulidad,  asombrada también de que lo  haya logrado.
- ¿Cómo está Carlos? - le pregunta
- Acabo de darle un reconstituyente casero. Una maravilla, ya lo verás. Me preguntaba si Holden querrá tomarlo también.
- Acompáñame, quiero comprobar cómo va.
*****************

Nerine come en silencio, con la mirada hosca, rehuyendo el contacto visual con Roquito y Juan Miguel, que conversaban en la cocina cuando la vieron entrar.
Fran les hace un  gesto para que salgan y la dejen a solas

- No me gusta un pelo esa mujer, Fran – dice Roquito- ¡Está más loca de lo que pensaba!
Fran mueve las manos indicándole que baje más la voz.
- ¿Sabes lo que ha hecho hace un rato? - prosigue Roquito-  ¡Se ha levantado y ha abierto la puerta de la calle! ¡La ha abierto de golpe! ¡La tía se iba sin más! Si no fuera porque Juan Miguel y yo estábamos con ella se nos meten todos  en la casa.
- Desde luego no parece estar muy cuerda – corrobora Juan Miguel.
Ante el silencio de Fran, Roquito reacciona.
- ¿No vas a decir nada? ¿Te da igual?
- ¿Qué quieres que te diga? Ya veo que no actúa de forma sensata pero qué vamos a hacer ¡No la vamos a echar!  A saber por lo que habrá pasado  la pobre...
- En eso tienes razón – dice Juan Miguel – Lo raro es que no estemos todos trastornados.
- Bueno, pero hay que vigilarla – dice Roquito - Yo ya he visto que en cualquier momento nos puede meter en un lio.
- A veces la solución es más sencilla de lo que puede parecer – dice Fran - Esperad aquí, voy a intentar hablar con ella– y cogiendo la Biblia que la australiana ha olvidado en el suelo, vuelve a la cocina.
********************


Anasister comprueba que Holden vuelve a tener fiebre y traga saliva antes de hablar.

- Bien, pues ahora que te has convertido en un paciente muy paciente – dice intentando mostrar optimismo– vas a tomar estos dichosos jarabes a los que tanta manía les tienes.
- ¡Otra vez con esas! – dice Holden levantando la vista al techo – No os gana nadie a tozudas, ¿eh?
- ¡Pero si es solo una cucharada! - responde Anasister, abriendo uno de los frascos.
- Os empeñáis en solucionarlo con medicinas para el dolor de cabeza.
Ángeles vuelve a tomarle una mano y la aprieta con dulzura.
- Ten confianza, Holden, no hay que cerrarse a ninguna posibilidad. Hay que tener fe.
- Bah,  estoy harto de oír hablar de fe, de esperanza y de todas esas monsergas. Solo son palabras vacías, y no por mucho creer en ellas se van a convertir en verdad. Los dogmas solo funcionan con los ingenuos.

Anasister se queda con la cuchara suspendida en el aire.

- ¡¡DOXMA!! - exclama de repente – Esa era la palabra que no conseguía recordar: ¡Doxma!

Todos la miran,  atónitos ante la inesperada reacción.

- Ese fue el nombre que me dio mi hermano Juan. Buscad Doxma. Eso fue lo que dijo. Un jarabe infantil ¡Doxma!
Anasister, con lágrimas en los ojos, se sienta en la cama. Montse le coge el frasco y la cuchara de las manos y se acerca a Holden.
- Pero eso no... - empieza a decir él
- ¡Si no quieres ver el miedo que doy cuando me  enfado,  abre la boca ahora mismo!

Holden no pone más impedimentos y bebe de los dos jarabes.
********************

En la cocina, Fran escucha a Nerine con atención. Siente que está conquistando la confianza de la mujer, que poco a poco se ha ido abriendo ante él.

Ella le ha contado algún recuerdo de su  juventud y ahora se muestra extasiada hablando de su marido.

- ¿Y qué es lo que hizo que una pareja australiana decidiera venir tan lejos y acabar en este lugar perdido?
- Con mi Thomas io iría  al fin del mundo si él me lo pidiera. Es tan valiente, tan decidido...
- Vaya, me gustaría conocerlo.
- ¡Iévame con él ahora! – dice poniéndose muy seria.
- Cuando podamos salir de aquí, quería decir.
- ¿Tienes coche? ¿Tú me ievarias con  él ahora?
- Pero me has dicho que no sabes dónde está.
- Sí, él debe de haber vuelto ia.
- ¿A dónde? ¿A la gasolinera?
- Ha estado buscándome porque él debió volver pero no me encontraría porque... io debí quedarme y esperar,  pero... ¡Oh, my God, debe estar tan asustado...!  ¡Tengo que regresar!
- Claro, Nerine, vas a volver pero ahora no es posible.
- ¡Sí, tiene que ser ahora!
- ¡Pero  ya has visto cómo están las cosas...!
- ¡Su medicina! - exclama alterada- Necesita su...-  mete una mano en el bolsillo pero la vuelve a sacar de inmediato  - ¡Por favor,  es muy importante!  ¡Tengo que darle su medicina!
- De acuerdo – dice Fran intentando trasmitirle calma - Enseguida hablaremos todos para trazar  algún plan.
- ¡¡No, ellos no!! – el rostro de Nerine muestra ahora auténtico pánico – Solamente  io y tú, ¿de acuerdo? No quiero nada con el resto. Son peligrosos.
- Siento que te hayas creado una mala impresión de ellos. Te aseguro que son buena gente.
- No, no quiero. Me han agredido, me han gritado y humillado, me miran con desprecio... Aun  duele mi brazo por culpa de ese animal...
- Ha sido todo circunstancial. De verdad que no tienen nada contra ti.
- Te he dicho que no. Y si tú no me vas a aiudar dímelo y me marcho ahora mismo.

Fran se queda pensando en cómo responder ante tanta insensatez cuando Anasister entra en la cocina. Nerine se vuelve hacia la pared visiblemente molesta.

- ¡Por fin me he acordado, Fran! – exclama Anasister- ¡Doxma! Doxma era el nombre que me dijo Juan. ¡Eso es lo que necesitamos!

Nerine abre mucho los ojos al escuchar a Anasister.

- Vale – suspira Fran -  Nada de lo que trajimos se llama así

Entran Roquito y Juan Miguel. Éste se acerca a Nerine y le pregunta si se encuentra mejor y ella se aparta bruscamente.
 “¡Hipócritas!”, la oyen murmurar.

Poco después entra Montse con la olla que ha retirado de la chimenea.

- Venga, servíos una taza de mi jarabe. - dice animosa- ¡Todo natural! Os va a sentar de maravilla. Y después comeremos todos – Esto último lo dice mirando a Nerine con una sonrisa,  pero la australiana reacciona con acritud.

Cuando nadie la mira, Nerine aprovecha la ocasión  para acercarse al lugar donde han dejado un cuchillo. Lo esconde en su abrigo y sale de allí silenciosamente.

Roquito es el primero en echarla en falta.

- Eh, ¿dónde se ha metido? - exclama alarmado, y movido por un mal presentimiento se precipita hacia el salón.

“¡¿SERÁ HIJA DE PUTA?!”, le oyen exclamar. Todos acuden.

Nerine  estaba abriendo  la puerta de la calle y Roquito se ha abalanzado para cerrarla. El cuerpo de un zombi que pugna por entrar  se lo impide. Tras unos segundos de desconcierto, Fran corre a empujar la puerta también, y Juan Miguel coge su arma. Los brazos de otros infectados asoman por el hueco y se agitan como serpientes.

- ¡Venid a empujar! - grita Roquito – ¡Estos cabrones tienen fuerza!

Montse y Anasister corren a la puerta. El salón se llena de fuertes  gruñidos. Juan Miguel logra perforar el cráneo del que opone más resistencia, y lo sienten desplomarse pesadamente. En su caída, la puerta se abre un poco más.

- ¡Juan Miguel! - grita Fran - ¡Empújalo hacia afuera!
- ¡Es lo que estoy intentando! ... Pero es imposible, lo tenéis presionado contra el marco.

Ángeles baja corriendo las escaleras y se suma al grupo.
El vocerío de la marabunta agolpada al otro lado de la puerta  lo inunda todo.

- ¡No puedo! - vuelve a decir Juan Miguel alzando la voz.
- ¡Mierda – exclama Roquito – Tenemos que quitar ese cuerpo de ahí. – Hace un amago de soltar la puerta  para ayudar.
¡NO!  - exclama Fran-  ¡No  dejes  de empujar! ¡Prueba a meterlo, Juan Miguel!
Juan Miguel se agacha para coger al zombi por los brazos. Un zarpazo  desde el exterior lo agarra por la cabeza y no logra desprenderse.

Ángeles deja de empujar  y se dirige a un cajón del que saca unas tijeras.

¡No te muevas! – le dice mientras corta el pelo que los dedos del zombi aferran.
Juan Miguel puede así retroceder  y  tras un doloroso tirón consigue desprenderse  finalmente.
Sin ceder en su empeño, sigue golpeando las caras  de los que pretenden entrar.
A sus espaldas, Nerine observa la escena impasible.

- ¡NERINE! – le grita Fran – ¡Por favor ayuda a Juan Miguel a meterlo!

Pero la australiana no se inmuta. 
La presión de la multitud de infectados  al otro lado parece aumentar cada vez más y vuelven a asomar   otros brazos, manos llagadas en busca de algo que atrapar.
- ¡No puedo más! – dice Montse.
- ¡Aguanta, por favor, aguanta! – le dice Anasister.

Y de repente los cencerros vuelven a sonar.

Debilmente primero, con más fuerza después.
El sonido metálico, que parece sobrevolar todo el caserío, acalla el rumor de la jauría y la presión contra la puerta va disminuyendo.
Los zombis se alejan de la entrada.
Sentado en el suelo, Juan Miguel empuja al muerto  con las piernas y  lo saca  afuera.
Cierran la puerta por fin.

La tensión acumulada los deja exhaustos y todos caen de rodillas. Montse se seca las  lágrimas de miedo y alivio.
Roquito se levanta de golpe.

- ¡HOLDEN! - grita eufórico - ¡¡Viva la madre que te parió!!

Presa de la excitación, Roquito se mueve de un lado a otro del salón. De repente se aproxima a Nerine y le acerca la cara hasta rozar frente con frente. Respira  agitado.

- Sujetadme – empieza a decir – Sujetadme porque tengo ganas de matarla.
Nerine se aparta y corre hacia Fran.

- ¡DILES QUE NO ME TOQUEN! - grita histérica- ¡QUIERO SALIR DE AQUI! ¡SÁCAME DE AQUÍ! ¡ME LO PROMETISTE! ¡SÁCAME DE AQUÍ!
Fran se levanta y la coge de un brazo.
- ¡Acompáñame! – le dice.
- Sí – obedece  ella gimoteando – vámonos, vámonos ia. Ha dicho que me quiere matar. Lo has oído, ¿verdad? ¡Son todos unos asesinos!
Fran abre la puerta del garaje y  la hace pasar
- Será mejor que te quedes aquí
Y  cierra la puerta con llave.

Todos escuchan los gritos de furia  de Nerine y las patadas contra la puerta.

Ángeles sube a su habitación. Carlos sale en esos momentos de la suya, y todos se impresionan por lo demacrado que está.

- ¡Pero Carlos! - exclama Montse- ¿Cómo se te ocurre levantarte de la cama, cielo?
- Estoy mejor. Y tengo algo que deciros.
- Pero aún es pronto para que te...
- ¡AYUDADME POR FAVOR! – grita Ángeles – ¡Holden se ha caído!
Excepto Montse y Carlos, todos corren hacia las escaleras.

 - Hay que subirlo  a la cama. Ha vuelto a perder el sentido.

Entre Fran y Juan Miguel lo vuelven a acostar. Roquito observa que aún sujeta en un puño la cuerda  y se la quita de las manos sintiendo unas ganas tremendas de abrazarlo.
Anasister comprueba que está ardiendo de fiebre y acerca a la cama el cubo de agua y los paños.
- Pónselos como la otra vez – le pide a Ángeles. Después sale y vuelve con su botiquín.

- Por lo que más quieras, Carlos, - dice Montse siguiéndolo  hasta la habitación donde están todos - ¡necesitas más reposo!
- De acuerdo, de acuerdo, – dice fatigado por el esfuerzo de subir las escaleras -pero escuchadme un momento primero. 

Se acerca hasta los pies de la cama.

- La primera vez que vine aquí, encontré el frasco de un medicamento. Estaba en el suelo, junto al coche que hay en lo alto del camino. Me llamó la atención encontrarlo lleno y por no dejarlo allí lo metí en el maletero. - Mira a Anasister, que está tomando el pulso a Holden - Cuando esta mañana me ha dicho Montse que habías recordado el nombre de ese jarabe, lo reconocí enseguida.

Ángeles mira a Carlos  con un asomo de esperanza en los ojos.

- Recuerdo muy bien que en la etiqueta decía “DOXMA”.


 NOTA: 

Continuando con los "deberes" que os puse AQUÍ , indico cuáles son las colaboraciones que han aparecido en este capítulo.

1) La foto del lavabo ensangrentado (no puede ser más apropiada y chula)  me la envía Carlos. 
2) La receta que se nombra fue la que eligió Montse. No hubo lugar para explicar su elaboración pero sí los ingredientes. Y la animosidad en prepararla y servirla, que me consta que es muy de Montse.
3) Fran eligió conversar con Nerine y así ha sido. De hecho, la pregunta que he señalado en color amarillo la escribió él.
4) A Ana Belén ( A.B.)  pedí que compusiera una pequeña pieza musical  para nuestra historia y no os imagináis cuánto me ilusiona mostrárosla hoy a todos.
Dedicada a todos los lectores de THE ZOMBIE EXPERIENCE, especialmente a sus protagonistas, y más especialmente  a aquellos que han "dejado de existir"
MUCHAS GRACIAS A TODOS