Esta pretende ser la historia de quince supervivientes en un mundo devastado y plagado de zombis. Los protagonistas son familiares y amigos míos que habrán de interactuar para llegar hasta el último capítulo. Pero, irremediablemente, algunos de ellos se habrán de quedar en el camino.
(Esta es una sinopsis patrocinada por Doxma)

3 abr. 2016

09. ENTRE LUCES Y SOMBRAS

La ciudad pasó del caos al  silencio en un breve espacio de tiempo.

María José Olalla hubiera preferido mil veces que siguieran sobrevolando los helicópteros, a pesar del molesto ruido, a vivir con aquella inquietante tranquilidad que sobrevino después.
Dejaron de escucharse  los mensajes por megafonía ordenando a la población que permaneciera en sus casas. Dejaron de oírse las sirenas ululando en todas direcciones. En tan solo unos días cesaron las voces agresivas, los gritos de terror y los lamentos lejanos, los coches pitando, las explosiones...

Todo aquel bullicio se extinguió, como si el mundo entero  hubiera emigrado a otro lugar, a otro mundo  muy lejano.

La agresividad del virus era mucho mayor de lo que las autoridades sanitarias habían previsto. 
Al transmitirse por vía aérea, el contagio fue masivo y en proporciones exorbitantes. El mortífero microorganismo, aun sin los nutrientes y humedad necesarios, lograba una supervivencia nunca antes vista, y de haberse podido estudiar se habría descubierto su desconcertante capacidad para localizar a un ser vivo e invadirlo.

Los síntomas del contagio se manifestaban de tres formas distintas.
 La gran mayoría de las personas infectadas sufrían una fiebre inicial que iba en aumento hasta que perdían el conocimiento, entrando poco después en un coma irreversible.
En otras la fiebre alcanzaba un pico en el que se mantenía, dando paso al sangrado de encías y lagrimales. Horas después,  fallecían debido a severas hemorragias internas.
Una minoría, tras un evidente decaimiento acompañado de  fiebre alta o moderada, experimentaba una progresiva mejoría que se manifestaba hasta el punto de sentir la necesidad de estar en constante movimiento. La actividad cerebral iba en aumento y ante la imposibilidad de  dormir, el sistema nervioso provocaba el colapso de todos los órganos.

La primera en sentir escalofríos fue María José.
Era una mañana de domingo y a los cuatro les emocionó que en algún punto de la ciudad sonara la campana de una iglesia.

- Estoy algo mareada – le dijo a su marido – Voy a acostarme un rato a ver si se me pasa.
- ¿Pero tienes fiebre? - quiso saber extendiendo el brazo para tocarle la frente.
- No, no – dijo ella apartándose – solo necesito descansar. Pero en adelante, por si acaso, no debemos dejar de llevar las mascarillas.

En la habitación ya no tenía fuerzas ni para quitarse la ropa. Tan solo se descalzó y metida en la cama empezó a temblar.

“Mamá, aquí estamos a salvo, ¿verdad?”, oyó cómo le decían al oído.
Sobresaltada, abrió los ojos pero ninguna de sus hijas estaba en la habitación.
Se sentía vulnerable cada vez que cerraba los ojos, de hecho no había noche en la que  no la invadieran inquietantes imágenes sin que ella pudiera hacer nada por evitarlo.
Con frecuencia soñaba que su marido moría, pero que se levantaba de la cama para decirle que se llevaba a sus hijas.

“¿Por qué te las llevas? Ellas están bien” - le preguntaba sin alterarse.
“No, no están bien. Murieron antes que yo”
“¡Por qué dices eso! ¡Hoy las he visto!”, argumentaba ella empezando a ponerse nerviosa.
“No, eso es lo que quieres creer. Nos vamos los tres. Tú te quedas aquí”
“¿Y qué voy a hacer aquí yo sola?”
Su marido, antes de salir de la habitación se encogía de hombros y respondía “No lo sé. Eso debes decidirlo tú”

María José, sumida en un estado febril con intervalos de frío y calor, terminó por dormirse.
Cuando se levantó, sus hijas estaban sentadas  cara a cara en la alfombra del salón. Las dos llevaban su mascarilla puesta. Cuando se giraron para mirarla, ella sintió que se le erizaba la piel  e intuyó que algo grave pasaba.
“Mamá, ¿te has muerto?”, le preguntaba su hija mayor.
“Claro que no”, respondía ella titubeando.
“¡Qué pena! -  le decían –  Nosotras sí”.                                                           
María José echó a correr hacia la puerta para salir de allí. Bajó las escaleras y golpeó con los puños la puerta de abajo.
Escuchaba los zapatos de sus hijas pisando cada escalón, descendiendo sin ninguna prisa hacia ella.
“¡Ábrame, por favor! - gritaba María José. La vecina la dejaba pasar y acto seguido la agredía. María José la miraba sin lograr comprender su reacción. Su vecina le decía “Sé lo que te ha asustado”. Después la abrazaba y  le susurraba “Shhhh, tranquila, shhhh...”

“Mamá, aquí no nos pasará nada malo, ¿verdad?”
Y despertaba para volver a comprobar que con ella no había nadie y que los sueños volvían a parecer tan reales que la confundían.

…....................................................................


Con un nudo en el estómago, Nacho conducía una de las furgonetas que había en el almacén. Se acercaba a la ciudad, convencido de que, después de tanto tiempo, la probabilidad de enfermar  era prácticamente nula,  pero no podía evitar sentirse nervioso conforme avanzaba.

No le acobardaba la idea de la muerte. El mundo se había convertido en algo incierto en el que ya nada volvería a ser lo mismo y la perspectiva de una vida tan insegura llegó a sumirlo en un  hondo desaliento. Pero los días de reflexión en el almacén le habían servido para concienciarse de que había que seguir adelante. Si la vida le concedía  el privilegio de sobrevivir a algo tan devastador, pensó que sería ruin por su parte no aprovechar esa segunda oportunidad, y que en adelante lo más acertado sería vivir el día a día sin pensar demasiado en el mañana.

Tenía miedo, pero no a la muerte, sino al dolor.  A  ser atacado, a herirse, a sangrar, a no poder moverse, a enfermar, a sufrir en soledad.
Nacho siempre fue un ser solitario sin que eso le importara demasiado, pero ahora que probablemente estuviera condenado a serlo irremediablemente,  deseaba que su suerte cambiara. Más que nunca anhelaba el contacto humano.

Llegó a la primera gran rotonda que daba paso a las circunvalaciones hacia  la ciudad y las encontró tan desiertas que se estremeció.
No se veía gente por ningún lado, ni vehículos en movimiento, ni sonidos que revelaran actividad humana, tan solo un silencio sobrecogedor que le hacía sentir pequeño e indefenso.

Se decidió a tomar  la ronda sur de la ciudad. 
Hacía un día espléndido, uno de aquellos días en los que la gente habría salido a pasear y los niños correrían por los parques, pero este era un nuevo mundo en el que el silencio se había tragado al bullicio y la ciudad parecía un decorado pintado sobre un azul intenso.

La primera gran sorpresa la encontró al acercarse al Hospital General. 
Un incendio lo había convertido en una gran mole negruzca que todavía humeaba. Incluso las copas de algunos árboles próximos al edificio habían ardido. Nacho imaginó el horror que debió de vivirse allí.

Por el jardín de su explanada  delantera se movía algo.
Redujo la velocidad para observar mejor y enseguida se percató de que había infectados caminando sin rumbo.
“Tres, cuatro... cinco... Dios, ¡si están quemados!”

Giró hacia  la avenida que corría perpendicular al lateral del hospital. Nacho estaba horrorizado pero al mismo tiempo  sentía una fuerte curiosidad por observar mejor a aquellos seres calcinados, incapaz de comprender cómo podían seguir moviéndose.  
Uno de ellos se percató del avance del furgón y varió su rumbo hacia él.   Al llegar a la verja que les separaba, Nacho pudo apreciar cómo tenía sus prendas pegadas a una  piel llena de ampollas. El zombi estiraba los brazos entre los barrotes y le miraba con desesperación emitiendo unos desagradables sonidos que terminaron por captar la atención de los demás.

Le latía el corazón con fuerza cuando todos aquellos muertos balanceaban sus brazos a través de la verja, moviendo unas manos en las que faltaban  piel, carne, dedos...
Nacho aceleró para dejar atrás aquella jauría hambrienta que emitía sonidos de ultratumba.

 Su mente comenzó a bullir.
“Yo podría haber sido uno de ellos... Pero estoy vivo... ¡estoy vivo!... No, no voy a enfermar ahora, ahora ya no... ¡Qué horror!... ¿Encontraré gente?... Tengo que buscar algo con lo que defenderme... Dios, cómo... ¿cómo pueden seguir moviéndose?...  Aún parecía haber vida en esos ojos... Pero no, es imposible… Qué  silencio...  ¿Se han ido todos? ... Pero a dónde... “

Ensimismado en sus pensamientos estaba cuando oyó gritar.

“¡Ehh, aquí!  ¡Aquí, por favor!”

Era la voz de una mujer. Detuvo el coche y miró alrededor.

“¡Aquí arriba!”

Nacho se aseguró bien de que no hubiera ningún ser moviéndose por allí antes de descender del furgón. Guiándose por la voz que seguía llamando localizó finalmente a la mujer en un balcón.

- ¡Gracias a Dios que ha parado!  ¡Llevo días sin ver a nadie! - ¡Necesito que me ayude!
- ¿Qué le pasa?
- Apenas me queda nada de comer y no puedo salir de casa – y se echó a llorar.
- Tranquilícese. ¿No se atreve a salir?
La mujer negaba con la cabeza sin poder interrumpir el llanto.
- ¿Quiere que suba?
- No.
- ¿No quiere que la ayude?
- En la escalera... hay muchos...
Nacho miraba a uno y otro lado. La necesidad de hablar a gritos le inquietaba.

- Puedo hacer algo – le dijo – Si abro la puerta de aquí abajo y hago ruido, saldrán.
- Por favor, prométame que no se va a ir – le suplicó la mujer temblando.
- Descuide. Lánceme las llaves de esta puerta, yo abro y grito para que me oigan y bajen. Seguramente saldrán a la calle y se marcharán. Yo mientras tanto me  alejaré pero espéreme en el portal y volveré a por usted.
- Pero es que las llaves están en mi habitación, y en mi habitación... - la mujer se ahogaba al hablar- está mi marido. Encerrado. No me atrevo a entrar.

Nacho pensó qué podía hacer.

- Por favor, no se marche – gimoteó de nuevo la mujer.
- No me voy a ir, tranquila.
- Hace unos días vi a una chica joven corriendo y le pedí ayuda pero ni siquiera paró.
- Imagino que todos los que quedamos  estamos asustados. Es lógico. Usted lo está. Yo también.
- Me llamo Gloria.
- Yo soy Nacho.
- Gracias por no marcharte. Dime qué puedo hacer.
- Si quieres salir de ahí... ¡tienes que...! Bueno,  ya sabes que está muerto, que ese ya no es tu marido.
Gloria asentía en silencio.
- Coge algo puntiagudo, como un cuchillo. Un cuchillo grande.  En la cabeza. ¡Con fuerza!

La mujer aferraba  la barandilla y miraba a Nacho fijamente, mentalizándose en lo que ya estaba dispuesta a hacer.
- No lo pienses demasiado  – le instó Nacho- No es muy seguro seguir aquí, gritando.

Acto seguido la mujer  abandonó el balcón para entrar en su casa.

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Tomás llega al punto en el que se separó de Pepi y Anasister.
Se queda quieto delante de aquella pequeña casa de labranza, temeroso de entrar y no encontrarlas. Algo le dice que  no estarán dentro.
Como esperaba, la encuentra vacía,  pero descubre  un mensaje escrito en la pared con un tizón de madera.
TOMÁS, SEGUIMOS CARRETERA ESPERANDO ENCONTRARTE. BÚSCANOS.

Sale de nuevo al exterior, desmoralizado ante la idea de desandar tantos kilómetros y continuar en dirección contraria.
Mete la mano en un bolsillo y coge un puñado de almendras tostadas que empieza a comer mientras reanuda la marcha.
“Maldita mujer”, murmura pensando en Nerine, rememorando el momento en que la vio en la puerta de aquella gasolinera.

“Ah, gracias a Dios que  iega usted. Mi marido se ha torcido un pie y no puede subir escaleras. ¿Puede aiudarme?”
Recuerda cómo despertó amordazado y con un fuerte dolor en el cráneo. Aquella extranjera le engañó y le retuvo a la fuerza.
“¡El tiempo que me ha hecho perder esa loca!  ¿Cuánto tiempo he pasado allí? ¿Dónde estará ahora? Como la encuentre se va a acordar de mí”

Le intranquiliza el hecho de llevar la misma dirección que tomó aquel pelotón de muertos que vio pasar y se pregunta si su novia y su hermana estarán a salvo de ellos.

Del campo de cebada que hay a su izquierda surge una bandada de cuervos, graznando inquietos ante su proximidad. Vuelan en amplios círculos a ras de las espigas para volver a ocultarse en el mismo punto del que surgieron.

Tomás piensa que estarán dándose un festín con algún animal muerto, pero cuando los ha rebasado varios metros vuelve sobre sus pasos. De repente siente la necesidad de comprobar si aquellos cuervos están realmente comiendo la carroña de  un animal.

Se adentra en la alta cebada. 
Saltan diminutos insectos en todas direcciones. Muchos pulgones quedan prendidos en su ropa. 
La tierra está húmeda y el barro se pega en las suelas de los zapatos. La brisa balancea las espigas haciendo sisear la hierba. Le llega el hedor de un cuerpo en descomposición. Siente miedo, el preludio de algo desagradable que quisiera no mirar pero que se ve obligado a comprobar.

Un cuervo grazna ruidosamente y Tomás grita para espantarlos. A Tomás le parece ver un cuerpo tendido en el punto que los cuervos se resisten a abandonar.
Teme encontrar allí a Pepi  y Anasister, muertas, devoradas por aquellas odiosas aves y durante unos segundos no se atreve a avanzar.
Le parece escuchar un jadeo.

“¡Fuera!”, grita con fuerza al tiempo que bate palmas, ¡Largo de aquí!”

Cuando los cuervos se alejan percibe mejor ese monótono jadeo. Se acerca y descubre a un hombre boca arriba con las cuencas de los ojos sangrando. Todo su rostro está picoteado, rasgado, con la piel arrancada a tiras que cuelgan a ambos lados. Tiene restos de plumas en la boca, los dientes manchados de sangre y en su mano  un cuervo decapitado.
Bajo la tela de sus vaqueros hay un casi imperceptible temblor, y Tomás descubre una masa blancuzca asomando  por sus perneras.

Tomás está impresionado ante algo tan repulsivo e incomprensible. Depredadores  y presas actuando unos sobre otros al mismo tiempo, en una realidad imposible de aceptar.
El zombi apenas puede moverse pero todavía es capaz de acercar la mano a la boca para morder y tragar los restos de su presa.
….........................................................................

María José no conseguía abrir los ojos. Un hondo sopor  la tenía sumida en una semiinconsciencia que en ocasiones  confundía con la muerte. 
Se veía a sí misma levantándose una y mil veces para comprobar que su familia seguía bien, pero cada vez que lo hacía notaba  que sus hijas evitaban mirarla a la cara, y le dolía escuchar  lo que de antemano sabía que le dirían: “Mamá, ¿te has muerto ya?”

A veces abría los ojos y no sabía si era de día o de noche, pero se dejaba llevar por la somnolencia, como si se dejara arrastrar por la corriente de un manso río,  sin importarle demasiado dónde le llevara.
Dormía y su descanso estaba plagado de sueños.

Soñó que se levantaba y que sacaba la caja de debajo de la cama. Abría un frasco de uno de aquellos jarabes y se lo bebía entero. Le gustaba el sabor, dulzón, como de zumo de  fresas calientes. Ese sabor persistió durante mucho tiempo y en uno de sus momentos de insomnio  ya no estaba segura de si aquello fue un sueño o lo hizo realmente.
“Este sabor en la boca... ¿Llegué a tomar ese jarabe? … ¿Por qué no lo recuerdo?”

Sentía la lengua pastosa y llamó a su marido para pedirle un vaso de agua, pero como no oía su propia voz, dio por hecho que seguía durmiendo.
“¿Cuánto hace que no despierto? … Dios mío, ¿y si he muerto y no me he dado cuenta?... ¿Tuve fiebre?... Sí,  me acosté con fiebre. Pero ya no me encuentro mal... ¿Por qué no me despierto entonces?”
“Mamá, no corremos peligro, ¿verdad?”
“No, hijas, no os preocupéis”, les dijo mentalmente, sintiendo el alivio de oír sus voces llenas de vida, sintiendo el sosiego de saberse escuchada.
“No, no puedo estar muerta porque las oigo hablar y ellas me escuchan”

Aquella noche, ¿o era aún de día?, sintió mucha sed. Llamó muchas veces a su marido, cada vez más fuerte, aunque seguía  sin oírse a sí misma.
Notó que él le ponía la mano en la frente.
“Cariño, tienes mucha fiebre – le oyó decir- pero te vas a poner bien”
“Dame agua, por favor- le pedía- dame agua, que me muero de sed”
Veía una y otra vez el vaso que él le ponía delante pero cada vez que movía la lengua para tragar agua solo sentía el denso sabor del jarabe, un sabor  que ya no podía soportar.
“Dame agua, por favor. Tengo mucha sed”
“¿Por qué has tomado el jarabe, María José?”
“¿Cómo?”, preguntaba confusa.
“Te dije que solo serviría si te mordían”
“Tú no me dijiste eso. Eso me lo dijo… ¡Nacho!”
Intentaba abrir los ojos para mirar a la cara a su marido, pero él se colocaba delante de la ventana y no conseguía distinguir su rostro a contraluz.
“¿Por qué me has dicho eso? ¿Eres Nacho?”
“Tienes mucha fiebre, pero te vas a poner bien”

De repente sentía miedo de esa figura que se balanceaba delante de la ventana. Quería gritar, pero no podía.
“Estoy muerta. Debo de estar muerta. Mi cuerpo no me responde”
Quiso hablar con  sus hijas y lo hizo de la única forma en que había comprobado que funcionaba: llamándolas mentalmente.
“Mamá, ¿qué quieres?” – las escuchó decir en un susurro.
“Tengo mucha sed”
“Porque tienes mucha fiebre”
“No, es porque he bebido ese jarabe. No sé por qué lo hice, pero necesito beber agua”
“¿Por qué te bebiste el Doxma?”
“¿Nacho? ¿Eres tú? Por favor, Nacho, tráeme agua. No puedo levantarme, no puedo despertar, y hay alguien a mi lado, moviéndose delante de la ventana”
“Entonces es mejor que te quedes quieta”
¿Dónde estás tú? ¿Qué haces? ¿Vendrás a por mí?”

María José abrió los ojos y vio a Nacho.  Estaba buscando algo con evidente nerviosismo. Era una caja de Doxma. La abría a toda prisa y sacaba un par de frascos. Después los lanzaba al aire para ver cómo volvían a caer y se estrellaban contra el suelo.
“¡Por lo que más quieras, cógelo!” – suplicaba él.

……………………………………………………

Los minutos se le hicieron interminables esperando que Gloria volviera a asomar.
Nacho miraba hacia el balcón apretando los puños, cuando un movimiento  llamó su atención.
 Tres caminantes habían aparecido por  la calle transversal del fondo. Les vio avanzar muy lentamente y desaparecer por la esquina.
Entonces escuchó cómo Gloria gritaba en el interior del piso. Unos segundos después la vio asomar al balcón con la mirada desorbitada. Sujetaba un cuchillo grande en la mano derecha y con la izquierda se apretaba un hombro. Tenía la camiseta manchada de sangre.
Nacho le indicó con gestos que no hiciera ruido pero Gloria, sin mirarle siquiera, soltó el cuchillo, cayó de rodillas en el balcón y comenzó a gritar desesperada.

- ¡Calla, Gloria, no grites!

Como supuso, los zombis volvieron a aparecer, sin duda atraídos por aquel alarido.

- ¿Lo has hecho, Gloria? ¿Tienes ya las llaves?
- ¡¡Me ha mordido!! – gritó ella levantando la mano que presionaba el hombro- ¡Dios mío, me ha mordido!
- ¡Escúchame, Gloria, puedo ayudarte! ¡Tírame el cuchillo primero! ¡Lo necesito!

Gloria lloraba y gritaba ajena a los ruegos de Nacho, que ya tenía a aquellos tres resucitados cerca.

- ¡El cuchillo, Gloria! ¡Tíralo a la calle!

Ante la impasibilidad de la mujer, que gritaba angustiada, Nacho se metió en el furgón y pasó a la parte trasera donde almacenaba varias cajas. Buscó entre ellas y encontró la caja de Doxma, la abrió a toda prisa y cogió un par de frascos que introdujo en sus bolsillos.

Los tres zombis alcanzaron el furgón en ese momento y,  jadeando,  arañaban los  cristales de las ventanillas con sus manos llagadas.
“¡Maldita sea!,  murmuró,  ¡no podían ser más inoportunos!”

Consciente de que la rapidez en sus actos era de vital importancia, Nacho  se arriesgó a bajar  una de las ventanillas hasta que la abertura permitiera a aquellos zombis introducir las manos. Dos de ellos lo hicieron de inmediato, momento que Nacho aprovechó para volver a subir con fuerza el cristal dejándolos atrapados.
Volvió a la parte trasera, de dónde extrajo el gato mecánico de su compartimento y salió al exterior tras comprobar que el tercer zombi se encontraba apartado en esos momentos.

Aferró con ambas manos  la pesada máquina y se puso a la vista de ese otro caminante. Observó que llevaba una brecha oscura en la cabeza y una sudadera acartonada en la que entre sangre seca se leía LOVE UNIVERSITY.

Echó una rápida mirada al balcón de Gloria porque la oyó toser y la pudo ver vomitando.
El zombi, al ver a Nacho, se acercó de inmediato y éste, cuando lo tuvo enfrente le lanzó con ímpetu el gato mecánico a la cabeza.
La máquina le impactó en la cara haciéndole  trastabillar  hacia atrás y caer de espaldas. Nacho solo tuvo que recogerla rápidamente del suelo  y volver a lanzarla contra el cráneo del zombi, que al reventar esparció en el asfalto todo su viscoso contenido.

Nacho se aseguró de que los otros zombis seguían atrapados en la ventanilla antes de dirigirse a la mujer.

- Gloria, escúchame por favor. Te voy a lanzar esto que tengo aquí. Ábrelo y tómatelo, ¿de acuerdo?
La mujer se había vuelto a sentar  en el suelo y tenía las manos sobre la cara.
- ¿Me estás oyendo, Gloria? ¡Atiéndeme! ¡¡Te estoy diciendo que aún puedes salvarte!! ¡¡Coge esto y tómatelo!!

Nacho lanzó entonces el frasco del jarabe, que golpeó en la barandilla del balcón y volvió a caer a la calle. A pesar de ser de plástico, el envase se rajó y el líquido salpicó en todas direcciones.
- Me estoy mareando – gimoteó ella.
- Gloria, te voy a lanzar otro.  Por lo que más quieras, ¡cógelo!

El segundo frasco entró en el balcón y cayó a los pies de Gloria sin romperse.
- Me estoy mareando – volvió a decir ella.
- ¡Si no coges ese jarabe me marcho ahora mismo! - gritó Nacho.
Ella buscó  por el suelo con la mirada perdida y lo cogió.
- No puedo abrirlo – dijo débilmente.

Fueron sus últimas palabras antes de desmayarse.

………………………………………………………

María José abrió los ojos y vio la pequeña mancha de humedad del techo, la que tenía forma de M. Solo  entonces supo que aquel despertar era distinto a todos los anteriores.
Llamó a su marido y se escuchó a sí misma.
Después llamó a sus hijas, pero tampoco obtuvo respuesta.
Con una creciente inquietud en su interior, se concentró para llamarlas mentalmente, pero tan solo el silencio acudió a sus oídos.

Se esforzó  para apartar la manta y empujar sus piernas hasta el suelo.
Le sorprendió hallarse vestida. Se palpó la cara y sintió el pelo pegado a la frente. Tocó el almohadón y lo encontró húmedo.
Tras calzarse empezó a caminar  lentamente,  sintiéndose débil.
“Estoy despierta”, pensó , ¡por fin estoy despierta!  

La caja de Doxma  estaba abierta  junto a la cama, y vio un frasco  en  el suelo.

Salió de la habitación rechazando los negros presagios que intentaban invadirla. Había empezado a llorar en silencio sin atreverse a indagar la razón.
Caminó con lentitud  a través del pasillo.

Llegó a la puerta de la habitación de sus hijas y se quedó unos segundos delante de ella, suplicando a los cielos escuchar alguna voz al otro lado.
Le pareció oír un ruido y se decidió a abrir esperanzada.

Sus hijas estaban allí, de pie, encaradas una junto a la otra, con las mascarillas puestas.
Se volvieron hacia  su madre y a María José se le heló el corazón al no reconocer  sus miradas. Ambas se tambalearon antes de precipitarse hacia ella.

María José avanzaba por el pasillo, chocando con las paredes, rogando a Dios que aquello fuera de nuevo una de sus pesadillas.

Golpeando la puerta de su vecina lloraba porque sabía que lo había perdido todo, y gritaba porque oía como esas niñas que un día fueron sus hijas bajaban las escaleras para hacerle daño,  y entre su pesadumbre y  su miedo aún quedaba un resquicio para intentar razonar lo inexplicable.
Sabía que su vecina estaba viva y que le abriría la puerta y cuando efectivamente la abrió y entró, María José estaba tan fuera de sí que la vecina la abofeteó varias veces para que se desahogara llorando.
Después la abrazó.

- Vamos, querida, sé lo que has pasado. Pero ia ha acabado todo. Ahora nos aiudaremos la una a la otra, ok?

Y para tranquilizarla le susurraba “Shhhh, shhhhh…”

………………………………………..

Tomás abandona el campo de cebada y continúa la marcha  por la carretera. 
El sol ha empezado a caer y su sombra se proyecta alargada en el asfalto, moviéndose delante de él.

A su derecha, por un prado en declive que termina en unas lomas verdes ve dos figuras caminando. Están demasiado lejos como para reconocerlas pero da por hecho que son Anasister y Pepi y las llama pletórico de alegría.

Corre hacia ellas, sin importarle el barro que  en su carrera salta a uno y otro lado. También su sombra corre con él y la sombra también hace saltar trozos de sombra de barro. 

Una nube oculta el sol en esos momentos.

Tomás sigue corriendo, pero la sombra de Tomás ha desaparecido.



22 comentarios:

JuanRa Diablo dijo...

Mis admirados super supervivientes:

Aquí queda el capítulo 9. Espero vuestras impresiones y suposiciones en voz alta.

Aprovecho para decir que el MIÉRCOLES 6, A LAS 6 de la tarde, publicaré aquí en los comentarios un RETO llamado "A VIDA O MUERTE". Es voluntario y solo para muy valientes.

¡Hasta pronto!

Pepi Fuentes dijo...

Juan, te superas, maravilloso!!

Angel Olmedo dijo...

Muy buen capitulo, y muy buen descrito ese proceso febril con delirios, pobre Maria José tener que ver a sus hijas así, me a llegado al alma.
A ver el juego en que consiste imagino que participaré, sigue así Juan continuas enganchando con tu historia

maría josé olalla dijo...

Excelente Juan. No dejas de sorprenderme, cada capítulo que leo me deja más fascinada con esta experiencia zombie :)

Ángeles dijo...

Me gustan mucho los sueños de MJosé y cómo lo que sueña se hace realidad en las escenas de Nacho. Esa conexión entre ambos personajes es muy interesante.

Y también me gusta la forma en que has conectado a MJosé con Nerine.

También observo que los personajes, en general, te salen muy buenas personas y muy valientes (salvo una excepción que no voy a nombrar por obvia); y en concreto los personajes masculinos muy atentos y considerados. Va a ser verdad eso de que los personajes son siempre un reflejo de sus autores.

Aunque supongo que en el reto del miércoles volverá a asomar tu lado diabólico. ¡Estoy deseando verlo!

Nacho dijo...

Oye JuanRa, que majete parece Nacho, jeje, a pesar de ser o aparentar ser un ser tan solitario, es muy generoso y valiente echando siempre una mano a quien necesita ayuda. En cuanto a tu comentario sobre este personaje, igual es que el pobre en su vida no encontró lo que necesitaba y en esta fantástica historia acaba encontrando lo que tanto ha anhelado, el contacto humano, junto a su alma gemela, también puedes un punto romántico-erotico en algún momento, no? Aunque realmente yo, de lo que tengo ganas es de destrozar cabezas y sacar en algún otro momento mi lado más domínate y agresivo, un poco de marcha, vamos.
A ver si consigue salvar a Gloria, y a Mª José, que la pobre, lo que está pasando con sus hijas, su marido, la fiebre, sus alucinaciones, sus miedos... Pero ahí estará Nacho para echarle una mano, conseguiremos huir, seguro, aunque sea muy doloroso para mi compañera de viaje abandonarlo todo.
Tomás sigue corriendo, pero la sombra de Tomás ha desaparecido… ¿?
Muy buen capítulo, como todos, enhorabuena!
Esperaremos con ganas el reto del día 6, a las 6, y sería un puntazo que fuese transcurridos 6 minutos, a ver si atinas, jeje
Un abrazo
Nacho

Anónimo dijo...

Muy bueno Juan....buenísimo.
A mí también me han encantado las ensoñaciones que conectaban la realidad y la ficción en los delirios de M.josé...
Y Tomás??? ha sido una baja poco explícita no?
Nacho, desde luego que te lo curras...
Juan..esperando con impaciencia saber más...como siempre.
Anasister

Juan Miguel dijo...

No he podido leerlo antes, I'm sorry, fascinante papel de Mª Jose, se me han erizado los pelos, ni hichcock hacía tan buenos guiones.
Que pasa el 6 a las 6?

Ana Bohemia dijo...

Guau que delirios y que agonía el relato de María José, y que bien has conectado al personaje con Nerine, muy bueno ese punto.
¿Tomás corrió hacía su perdición? Imagino que esas dos sombras no eran Anasister y Pepi, ayyy...
Saludos
:)

Anónimo dijo...

Ya era hora! ja,ja. Estaba un poco preocupado porque no dabas señales de vida y ya pensaba que habías acabado como uno de "ellos", pero no quería decirte nada porque imaginaba lo ocupado que estabas.
La espera ha merecido mucho la pena. Qué angustiosa es la experiencia de Mª José y qué intrigantes sus poderes "telepáticos" con Nacho y sus predicciones del futuro...¡Y mira por dónde sale Nerine! Vaya culebrón...¿Cómo llegaría de su piso en la ciudad a la gasolinera para secuestrar a Tomás?
¿Sabes? me ha emocionado la "colaboración" de los cuervos y es muy buena esa reflexión de Tomás sobre la "lucha por la vida" que no deja de ser la Naturaleza. ¡Qué paradoja más filosófica la del depredador depredado!
Sólo una cosita, que me encantan estos cultivos, como la cebada de la historia, que se reproducen automáticamente, sin que la mano humana -porque digo yo, que sabrá Dios qué fue del propietario-intervenga para sacar adelante semejante cosechón. A ver si me dices cual es la variedad ...je,je.
carlos

JuanRa Diablo dijo...

Pepi Fuentes:

Gracias CuÑÁM! :D

Angel Olmedo :

Me alegro de que sigas enganchado. Ya ves que solo Roquito tiene claro que no se puede ir desarmado a ningún sitio. Buen papel le hubiera hecho tu Lucille a Nacho, ¿eh?

Lo del reto tiene más riesgo que jugar con la Q en el Apalabrados. Ya me dirás.

maría josé olalla

A mi me sorprendió mucho que mientras yo describia a tus hijas como zombis, tu vieras esa foto de tu hija tan “contagiada” ¡Es como si se cumplieran “las escrituras”! :p

Ángeles:

Sabiendo lo mucho que te atrae el mundo de los sueños, imaginé que esa parte te llamaría la atención :)
¡Qué cierto! ¡Todos me salen buena gente.! Y si no fuera porque Nerine me pidió ser “la mala”, también sería muy buena persona. No me salís malos, ya ves, con el juego que dan los rufianes puñeteros :D (Tendré que hacer a Holden un poco borde, jaja)

El reto del miércoles es un todo o nada que a mi me daría muchas cagandrias.

Nacho:

Sí, ese Nacho no parece mal tipo. Vete tú a saber en quién estará inspirado :p

En lo de ponerte a destrozar cabezas te acabas de estrenar, pero ¿con un gato mecánico? ¿No puedes agenciarte algo más manejable y menos aparatoso? xD
En cuanto a lo de crear una escena erótico festiva... ¿lo dices con zombi o sin zombi? jaja

Ah, pues esperarme 6 minutos tampoco me cuesta tanto. Pero si luego se rajan los cielos y llueven sapos leprosos... asume tú las consecuencias, ¿eh?

JuanRa Diablo dijo...

Anasister:

Gracias, Ana, ¡gracísimas!

Ahora está por ver si esa ha sido la última vez que vemos a Tomás o aparecerá aún vivo, o muerto, o desaparece y nunca más se supo o si se convierte en barro o en sombra de barro. Tomás me da mucho juego. Le pediré que haga una tesis sobre su personaje y con lo que escriba ya decido.

(Esta noche veré el último cap. de TWD !)

Juan Miguel :

Cuidado con lo que dice, señor líder, no se vaya a cabrear Hitchcock y salga de su tumba para pedirte explicaciones xD

¿Que qué pasa el 6 a las 6? ¿Qué te parece si te lo cuento el 6 a las 6? :p

Ana Bohemia:

Sí, a mi también me da en la nariz (por no decir en las cavidades nasales que conectan con la laringe para pasar por el esófago y llegar a las tripas) que aquellas caminantes no eran Anasister y Pepi.

Un abrazo flower power

PD. Sigo recibiendo cartas de hippis disgustados.

Carlos:

Ocupado estaba, sí, señor, pero metiendo a María José en la cama y a Nacho en un furgón, que parece que no pero eso lleva su tiempo :p
Lo de Nerine saliendo de la ciudad y encontrando a Tomás... pues ya veremos cómo lo hacemos, pero lo de la cebada... jajajaja, qué buena observación. Sí, porque aquellos campos no creo que tuvieran dueño ya, y menos que se encontrara con ganas de cosechar.
Bueno, donde dice cebada digamos espigas silvestres, de esas que nacen solas y son autosuficientes.
Le echaré la culpa a Tomás, que es el que se mete allí y piensa que es cebada. Este Tomás... :D

Montse Martínez Ruiz dijo...

Buenísimo el capítulo, JuanRa, me gusta lo intrigante que lo has dejado con la sombra de Tomás y lo bien que has relatado la fiebre y las alucinaciones de M.José. Ya empieza a verse la conexión entre los tres que conocen la existencia del Doxma, haciendo aparecer a Nerine con M.José y Nacho.
Sigo proponiendo una heroína, una de las chicas que sea tan valiente como lo están siendo los chicos ¡qué caballeroso ha estado Nacho con Gloria!, así que hago un llamamiento a todas :
¡CHICAS, A POR EL RETO DE MAÑANA!
A ver si hacemos temblar los cimientos de Zombilandia, jeje.

Besitos.

JuanRa Diablo dijo...

EL RETO DE "A VIDA O MUERTE": (O cómo tienta el diablo con una prueba arriesgada)

El primero que se apunte a este reto y lo pase, SERÍA LA MANO DERECHA DE JUAN MIGUEL, algo así como un colider, y por tanto también llegaría a los capítulos finales, con lo que sus posibilidades de sobrevivir aumentarían considerablemente.

La idea es la misma que la que eliminó a Ana Bohemia. Yo digo una fecha y cuando ese día llegue se mira el NÚMERO PREMIADO de la ONCE.

Si alguien se apunta elige cinco números del 0 al 9. Si el número premiado acaba en alguno de los números que eligió, SE SALVA y es COLIDER.

Si no fuera así, pues quedaría eliminado, claro. Pero al menos le daría el placer de decirme cómo quiere morir y la posiblidad de que elija a un compañero para preservarlo de la muerte en muchas jornadas.

¿Alguien se apunta? SOLO ADMITO A UNO, el que me lo haga saber primero, y este reto caduca el domingo 10 a las 10 de la mañana.

Hasta prooontoooo (jeje)

Pepi Fuentes dijo...

Me apunto!!!!

Montse Martínez Ruiz dijo...

¡Bravo Pepi!
Mucho ánimo, guapa, que seguro que consigues el reto :)

JuanRa Diablo dijo...

Pepi:

A mí me ponen este reto y me lo pienso cuatro días, pero tú te has tirado de cabeza. ¡¡Te aplaudo, Pepi!! :D

Dime qué cinco números del 0 al 9 eliges y ya veremos qué pasa.
(Diré el día del sorteo después de que elijas los números)

Montse:

Ya ves, que ayer mismo animabas a las mujeres a ser valientes y Pepi te ha hecho caso. Yo también espero que lo consiga y sea toda una heroína para el grupo.

Y por supuesto gracias a ti, Montse, por tus palabras.

Pepi Fuentes dijo...

Ahí va eso.. 36845. Y que la suerte me acompañe!!!

Anónimo dijo...

Eso, eso...que hace falta paridad en las tareas de gobierno.
carlos

JuanRa Diablo dijo...

Pepi:

La fecha que te convertirá en heroína (o en zombi) es...

el VIERNES DÍA 15

¡Suerte!


Carlos:

Supongo que no será tan complicado el gobierno de un mundo apocalíptico, ¿no?
El primer ministerio que hay que crear es el de defensa, eso está claro :D

Juan Miguel dijo...

Pepi eres muy valiente, espero que tengas suerte, me encanta como has puesto los números que sepas que es el código postal de Fornelos de montes en Pontevedra, bonito pueblo con poquitos habitantes.

Suerte...

Pepi Fuentes dijo...

No me digas Juan Miguel!! Pontevedra...me encanta! Gracias, a ver si me libro de esta