Esta pretende ser la historia de quince supervivientes en un mundo devastado y plagado de zombis. Los protagonistas son familiares y amigos míos que habrán de interactuar para llegar hasta el último capítulo. Pero, irremediablemente, algunos de ellos se habrán de quedar en el camino.
(Esta es una sinopsis patrocinada por Doxma)

8 jul. 2016

15. DIME QUE SIEMPRE ESTAREMOS JUNTOS


Cuando estaban detenidos en aquel descampado, en mitad de la noche, Nerine había conseguido que Thomas se tranquilizara, volviera al coche y tomara el jarabe que ella le ofrecía.
En los sucesivos días siguió insistiendo para que lo tomara y comprobó que su ansiedad se apaciguaba tras cada dosis. No llegaba a dormir durante las largas horas de la madrugada, pero al menos era capaz de permancer sentado o tumbado, sin la  constante necesidad de movimiento que sobrevino tras  su convalecencia en la ciudad.

Sus pensamientos, en cambio, no dejaron de ser negativos, sobre todo al ocultarse el sol. Thomas miraba a su mujer cuando ella dormía y sufría imaginando la posibilidad de que quedara sola en aquel mundo devastado.
No compartía con ella su idílica visión de la supervivencia, ese “regalo de Dios”  que Nerine agradecía en todo momento. Muy al contrario, maldecía para sus adentros el castigo de tener que subsistir día a día sin una ilusión por la que seguir luchando.

Thomas no era capaz de conducir más de una hora seguida, y en  uno de los descansos en su viaje, pararon casualmente junto a un gran almacen de conservas. Thomas lo inspeccionó y consiguió acceder a él colocando un tablón a modo de rampa sobre una de sus ventanas. Se llevaron todas las latas  que el coche les permitió cargar y ese día Nerine le escuchó canturrear por primera vez en mucho tiempo.

Pero su humor variaba continuamente.
Se ponía muy nervioso cada vez que encontraban grupos de caminantes, y en esas  ocasiones daba grandes rodeos para evitarlos.  La tensión que le producía su simple visión  le dejaba exhausto y malhumorado.

Cada noche, Nerine acudía a los frascos que María José había cargado en el coche junto con el resto de sus pertenencias. Era consciente de que llegaría un momento en que se acabarían, pero seguía esperanzada con la idea de que para entonces su marido se hubiera acostumbrado a la nueva situación.

Una tarde se refugiaron en un expositor de muebles de grandes ventanales que encontraron abierto a la salida de una pequeña población. Nerine se congratulaba de poder dormir en una bonita cama con dosel, pero no conseguía contagiar su alegría a Thomas. 
Acercaron la cama a uno de los escaparates buscando la luz del exterior y ella pasó un buen rato acariciando el cabello de su marido mientras le leía  versículos de la Biblia.

- “Pero los que confían en el Señor - le decía con voz serena - renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas: correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán”.
- Yo sí estoy cansado – respondió Thomas con los ojos cerrados.
- Tu cuerpo puede estar cansado pero no tu alma, ¿verdad que no?
- Mi alma también está cansada.

Pero Nerine no quería prestar atención a esas muestras de decaimiento de Thomas.

- ¿No te parecen preciosos esos cojines?  Creo que es mejor que metamos algunos en el coche.
- No nos queda espacio, Nerine.
- Verás como sí. Oh, mira – exclamó levantándose de la cama al ver un quinqué encima de una cómoda- Y parece que tiene aceite. Esta noche podremos tener luz.
- No es muy seguro eso, – apuntó Thomas- la luz se ve desde muy lejos.
- Pero podemos separarnos de la ventana, y este parece un lugar seguro, ¿verdad? Oh, Thomas, ¿por qué no nos quedamos aquí?
- ¿Aquí? - dijo incorporándose- ¿Por qué aquí?
- Es un sitio muy agradable, y no está ni cerca ni lejos del pueblo que hemos pasado.
- Pero aquí no hay agua- Thomas se masajeaba la frente con el ceño fruncido.
Nerine quedó pensativa durante un instante.
- Sí, tal vez sea mejor  vivir cerca de un río. Donde haya árboles y tierra que cultivar.
- Exacto, hay que volver a la Naturaleza, – dijo él con aire abatido- estamos obligados a comenzar desde el principio.

Ella abrazó uno de los cojines que decoraban un sillón de terciopelo y miró a su marido con una sonrisa melancólica.
- Volver al principio – afirmó - Como Adán y Eva.

Una hora más tarde, antes de quedarse a oscuras, Thomas salió al coche para entrar algunas conservas. 
Se dio cuenta de que la escopeta había quedado oculta debajo de todo aquel cargamento de latas y eso lo puso furioso. Fue apartándolas hasta conseguir verla e intentó sacarla a tirones. El leve dolor de cabeza fue aumentando por el esfuerzo. Y estaba tan abstraído en la tarea que no vio que alguien se le acercaba. En el momento en que consiguió sacar la escopeta notó la presencia, y, sin mirar,  le descargó un rápido golpe con la culata.
Nerine se tambaleó al tiempo que comenzaba a sangrar y antes de perder el conocimiento vio cómo su marido la miraba completamente enajenado, como si hubiera perdido el juicio.

Thomas estaba conmocionado ante aquella escena inesperada: su mujer yacía en el suelo con una brecha en la frente y la cara cubierta de sangre.  Algo en él  lo impulsaba a socorrerla pero otro pensamiento se obstinaba en poner fin a tanto dolor.
Se quedó mirándola.
Solo tenía que dispararle en la cabeza y después a sí mismo. Todo sería rápido y sencillo.  Aquel era el momento para poner punto final a tanto miedo y  sufrimiento.

El pulso le latía en las sienes en dolorosas punzadas  cuando levantó la escopeta y apuntó a la cabeza de su mujer.

….......................................................

María José se despertó asustada. Tan desorientada se sentía que por un instante creyó haber perdido la memoria. Sólo cuando se percató de que estaba envuelta en una cortina de plástico, el recuerdo de su escalada al balcón la tranquilizó.

Tuvo la impresión de que algo la había despertado.  El sonido de una bocina o algo parecido.
“He estado soñando”, pensó.

Comenzaba a amanecer  y un creciente resplandor asomaba por detrás de los edificios.
Volvió a cerrar los ojos para poner en orden sus pensamientos.
Tenía como objetivo primordial  regresar a su casa, aún sabiendo que se sentiría muy mal entre tantos recuerdos. Tampoco sabía si sería capaz de abrir la puerta. Lo único que tenía claro es que la visión que tuvo de Nacho  había sido allí, en su propia casa, y que tal vez estaba forzada a volver a ella para que la premonición se cumpliera.

Antes de abandonar el balcón miró a su alrededor y vio una polvorienta caja de herramientas en una estantería metálica. La abrió y en ella encontró un martillo.

En el momento en que puso las manos sobre la barandilla, sonó el claxon de un coche.
El sonido se repitió hasta cuatro veces y entre aquel silencio resultaba algo desconcertante. Tuvo entonces la certeza de que  era la bocina que la había despertado.
Intuyendo que aquel coche sólo podía ser el de Nacho, y que estaría en su calle, dejó caer el martillo sobre el césped del jardín y se descolgó por la barandilla.

Cuando María José corría hacia su casa, volvió a oír el claxon. De repente la invadió el pánico de no llegar a tiempo, de que Nacho se marchara sin verla. La angustia creció cuando a punto de llegar se encontró con un par de caminantes que se dirigían hacia el origen de aquel ruido.

Se ocultó un instante en el hueco de un portal, esperando que no la hubiesen oído, y cuando  los infectados desaparecieron al volver la esquina, María José continuó a buen paso, pegada a las paredes de los edificios.

Se le tensó todo el cuerpo cuando unos segundos después escuchó el coche arrancar. Los neumáticos chirriaron en la carretera y, tras un golpe seco, surgió una furgoneta que se marchaba  a toda velocidad.

- ¡Nacho! - gritó corriendo hacia el vehículo- ¡Nacho!

Llegó a su calle y miró hacia la izquierda, pero el vehículo ya había desaparecido. Al mirar a la derecha encontró a los caminante atropellados. Con torpes movimientos  hacían esfuerzos por volver a levantarse.

Consciente de que aquella era la oportunidad de actuar, corrió hacia  la entrada de su edificio. Evitó mirar el cuerpo desmembrado que seguía junto a la puerta y con el martillo  golpeó el cristal entre las barras de forja que lo cubrían.  La sobrecogió el gran estruendo que hizo al romperse y caer dentro del portal.
Metió la mano, giró el tirador  y entró con celeridad.

Uno de los muertos se aproximó a la puerta inesperadamente e introdujo un brazo entre los barrotes, llegando a rozar a María José. Ella subió las escaleras hacia su puerta. De sobra sabía que también la encontraría cerrada pero la empujó con las manos, anhelando el milagro de que se abriera.
El jadeo de los dos zombis en la entrada se agrandaba en el hueco de la escalera y llegaba a ella como una reverberación macabra, como si una gran serpiente siseara mientras subía hacia ella.
Acobardada por la situación, se sentó en un escalón y se tapó los oídos con las manos.
“Nacho”, musitó con los ojos cerrados, “Nacho... ¡Vuelve!”

…..........................................

“Vuelve” , pensó Nacho de repente.
Entonces disminuyó la velocidad hasta detenerse.
Miró un instante al perro, que levantó la cabeza intuyendo que algo pasaba.
- ¿Sabes? - le dijo- Sé que es la mayor tontería del mundo ...  - subió el furgón en la acera y maniobró para girar-  pero vamos a intentarlo por última vez.

….........................................

Thomas  había acostado a Nerine en la cama. Después de lavar la herida rasgó una sábana para vendarle la cabeza. Se encontraba muy nervioso y volvió a salir al exterior. Buscó los frascos de jarabe hasta que descubrió que Nerine los había guardado en el compartimento del salpicadero.
Solo quedaban dos frascos. 
Abrió uno y bebió la mitad en cortos sorbos.

Después volvió a entrar y se sentó junto a Nerine, esperando a que despertara.
Estaba tan abatido que el cuerpo entero le pesaba como una losa. Miraba a su mujer con tal intensidad que en ocasiones le parecía que era alguien a quien no conocía. En determinados instantes, en cambio, se sentía confuso, ajeno a sí mismo, y le cercaba un terror casi palpable, el terror a reaccionar en contra de su voluntad sin poder evitarlo.
“Ya no soy yo” – murmuró con la mirada perdida.

Quiso hablarle para que despertara y no sabiendo qué decir se levantó y cogió la Biblia.
Ya  había oscurecido por completo. Thomas encendió el quinqué y lo colocó  en una de las mesitas. Después abrió el libro al azar y empezó a leer:

No tengas miedo; yo soy el primero y el último. Soy el que vive; pues morí, pero ahora estoy vivo para siempre...

- ¿Thomas? - dijo Nerine entreabriendo los ojos.
Él dejó el libro sobre la cama y se acercó a besarla en la frente.
- Mi amor... Lo siento tanto... No imaginé que fueras tú y te golpeé. Lo siento, lo siento...
- No... no pasa nada, darling – dijo con voz cansada – Hazme un favor, sigue leyendo.

Thomas volvió a abrir el libro.

- “Me has dado a conocer la senda de la vida...
- Espera, - interrumpió ella – busca la página en la que puse un tallo de lavanda- Ahí subrayé algo.
Thomas lo buscó entre las páginas.
- Sí, aquí está: “No me ruegues que te deje y que me aparte de ti; porque a dondequiera que tú vayas, yo iré; y dondequiera que tú vivas, yo viviré...
- Thomas – dijo Nerine
- Dime, querida
- Vas a sanar y dejarás de tener miedo. Y siempre estaremos juntos, ¿me has oído? - A Thomas se le llenaron los ojos de lágrimas – Dime que siempre estaremos juntos.
- Él se descalzó y se echó en la cama junto a ella.
- Siempre estaremos juntos.
- Prométemelo, Thomas
- Te prometo que siempre estaremos juntos.
- ¿Nunca me dejarás?
- Nunca te dejaré.

A pesar del dolor de cabeza, Nerine cenó con su habitual sonrisa mientras Thomas se esforzaba por disimular su angustia. Cada vez le resultaba más insoportable tener que pasar las noches en vela. Los pensamientos se volvían turbios, como una niebla densa por la que le aterraba adentrarse. El amanecer tardaba una eternidad en llegar y el solo intento de tratar de dormir le tensaba los nervios.

De madrugada apuró el penúltimo Doxma.

….................................................................

Nacho sintió un escalofrío al entrar de nuevo en la calle. No fue sólo por el hecho de divisar un grupo de  zombis agolpados frente al portal, sino más bien por constatar que su  necesidad de volver allí había sido algo más que una corazonada.
Acercó despacio el furgón hasta situarse detrás de los muertos, que ni siquiera le oyeron llegar. Jadeaban con furia, apretándose contra la puerta y metiendo los brazos entre los barrotes.

“¡No hay duda! - pensó Nacho- ¡Ahí dentro hay alguien! ¡Tiene que ser ella!”

No tenía mejor forma de comprobarlo que hacer sonar el claxon de nuevo.

Los jadeos cesaron de inmediato. Los cinco maltrechos cuerpos se volvieron hacia él.  Nacho se dio cuenta de que el perro se encogía en el asiento pero al mismo tiempo gruñía timidamente enseñando los dientes .
- Tranquilo, muchacho, - le dijo acariciándole la cabeza - no pueden hacernos daño aquí.

Ignorando a aquellos infectados de caras llagadas y profundas heridas, que empezaron a gruñir y arañar las ventanillas, Nacho volvió a tocar el claxon sin dejar de mirar fijamente hacia el portal, esperando descubrir algún movimiento en la penumbra.

Los zombis, que se enfurecían con cada bocinazo, obstaculizaban muchas veces su ángulo de visión, pero mirando entre aquellos  cuerpos vio aparecer a alguien tras los barrotes.
Nacho la reconoció al instante. 
Estaba  más delgada y  algo demacrada, pero era ella.
María José no necesitó verlo para saber que era él. Sabía que aparecería tarde o temprano y al acercarse al portal, asentía con la cabeza, al tiempo que su cuerpo temblaba de emoción y lloraba por el alivio y la alegría.

- ¡Increíble! - musitó Nacho sin dejar de mirarla - ¡Ahí está! ¿Te lo puedes creer?
Y entonces gritó  “¡Está viva!”,  y con la euforia del momento perdió por completo el miedo a aquella turba macabra.

Cogió del asiento trasero su maciza tubería y empujó con furia la puerta, haciendo caer a uno de los caminantes.
Salió, y antes de que  se levantara le incrustó la lanza en el cráneo.

A Nacho se le aceleró la respiración. Era la primera vez que “mataba” a alguien en su vida y el desagradable sonido al atravesarle la cabeza lo desconcertó durante un instante.

El perro salió por la puerta abierta y echó a correr calle abajo. Nacho se sorprendió, pero  no se permitió preocuparse en esos momentos. Los zombis ahora iban hacia él.
Rodeó el coche y se acercó por la espalda a uno de los caminantes que había quedado rezagado. El zombi cayó de rodillas con el cráneo perforado.

Entonces el perro comenzó a ladrar desde la distancia, y sonaba con tanta fuerza que Nacho pensó en lo mucho que se magnificaban los sonidos en una ciudad en completo silencio.
Los tres muertos restantes se dieron la vuelta buscando el origen de aquel ruido y Nacho aprovechó para perforarles el cráneo con firmes estocadas.
Aquella carroña andante cayó al suelo y por fin quedó inmóvil.
Nacho dio un silbido y el perro volvió corriendo hacia él.
 A punto de alcanzarlo, el animal se detuvo y comenzó a ladrar de nuevo. Nacho se dio la vuelta justo en el momento en que un nuevo infectado caía sobre él. 
El peso del inesperado atacante le hizo perder el equilibrio, pero antes de caer  ensartó al muerto  por la garganta y en el golpe contra el suelo, la lanza  le atravesó  la cabeza.

El perro volvió a acercarse despacio, y solo cuando Nacho se levantó, corrió hacia él moviendo la cola.  Nacho lo cogió en brazos y se acercó al portal del edificio.

Le pareció extraño no ver a  su amiga  entre los barrotes y al abrir la puerta la encontró  sentada en los escalones, con la cara muy blanca.

- ¡María José!

El perro se escabulló de los brazos de Nacho y volviéndose hacia el exterior, comenzó a gruñir de nuevo.

…................................................................

En la distancia surgió la silueta de una gasolinera.
Durante los últimos kilómetros había estado oyendo  las continuas quejas de Thomas, que temía quedarse sin combustible, así que Nerine volvió a pensar que Dios siempre escuchaba sus plegarias.

Por si aquello no bastara para sentirse afortunada, hubo un descubrimiento fortuito que la llenó de dicha.
Un cierre metálico con cadena y candado impedía el acceso al local. Sin embargo, Nerine alzó los brazos, tocó con los dedos la parte superior de la puerta y dio con la llave.

- ¿Cómo has sabido...? - empezó a decir Thomas, extrañado.
- Oh, my darling – contestó Nerine con una amplia sonrisa - ¿cuándo te vas a convencer de que somos afortunados? Algo me dijo que estaría ahí.

La tienda de la gasolinera estaba cubierta de polvo, pero todo continuaba en perfecto  orden, como si en su día la cerraran con la intención de volver pronto.
Ambos la inspeccionaron buscando cosas que les fueran útiles.
Y las había.
Cerillas, linternas, pilas, chicles, golosinas, latas de refresco, velas, prensa, libros...
Thomas volvía a mostrarse nervioso ante la relajada actitud de Nerine.

- ¿Sabes que quedan pocas horas de luz?
- Bueno, podemos descansar aquí, ¿no? Este es un sitio como otro cualquiera.
- No, no lo creo – dijo Thomas – La gente debe de estar buscando gasolineras.
- ¿La gente? ¿Has visto gente en algún sitio en todo el viaje?
- No, pero la hay.
- ¿Y cuál es el problema, Thomas?
- ¿Cómo que cuál es el problema? - contestó airado – ¡Ahora todo es una problema! Y mi mayor problema es que tú no quieras ver en qué gran problema estamos metidos.
- Oh, Thomas, cálmate – dijo Nerine con tono tranquilizador.
- ¡Odio tu tranquilidad! ¡Odio tu alegría! Odio que tu optimismo no te deje ver el peligro. No hay que evitar solo a esos seres … ¡repugnantes! ¡Ahora también los vivos pueden ser peligrosos!
- Pero, Thomas... deberías sentirte contento por verme así, sin miedo. Yo... yo no tengo miedo estando a tu lado.
- ¡Pues deberías tenerlo!

Inmediatamente después, se arrepintió de su forma de contestarle y sintiéndose confundido y avergonzado salió al exterior.

Había nubes anaranjadas junto a las suaves montañas, que empezaban a oscurecer a contraluz, mostrando sus perfiles contra el cielo. No había viento, ni brisa, ni sonidos de aves o insectos. Thomas, de pie bajo el gran techado metálico de la gasolinera, miraba la larga carretera.
“¿Qué hacemos aquí?”, se preguntó.

De algún lugar surgió una bandada de cuervos que formó una estela de diminutas siluetas negras en el horizonte.
La soledad del lugar parecía llamarle desde la distancia y Thomas sintió de nuevo el manso dolor de su prolongada desesperación. 

- ¡Thomas! - gritó Nerine desde el interior- ¡Ven, Thomas!
Cuando entró, ella lo miraba con su sonrisa habitual.

- ¡Esto sí es todo un hallazgo, darling! ¡Aquí abajo hay un escondite! He mirado con linterna y hay una cama. ¿No te parece maravilloso?

 ….................................................................

 Maria José y Nacho se abrazaron. Con fuerza, como si al hacerlo estuvieran rompiendo un nefasto sortilegio. Y reía él y lloraba ella. Y también al revés. Y ninguno atinaba a decir nada a pesar de las muchas preguntas que deseaban hacerse.

El perro gruñía a sus pies y solo cuando comenzó a ladrar se separaron. Nacho fue a la puerta, y se apresuró a cerrarla cuando vio que nuevos caminantes se acercaban hacia ellos.

- Vamos, sube antes de que nos vean – le dijo a Maria José – Y volvió a coger al perro esperando que  dejara de ladrar.
- No tengo las llaves de mi casa – dijo Maria José mientras subían – Ni podemos entrar en ningún sitio. Está todo cerrado.
- ¿Y dónde has vivido todo este tiempo?
- En mi casa, hasta que... iba a marcharme con unos vecinos  pero decidí quedarme.
- ¿Por qué? ¿Había alguien más?
María José negó con la cabeza.
- Me he quedado sola – dijo con los ojos llenos de lágrimas.
Nacho la volvió a abrazar.
- Tranquila, ahora ya no.
- Nacho, no lo vas a creer, pero ¿sabes por qué no me fui? Es.. es muy raro, todo esto es... ¡Yo sabía que estabas vivo y que ibas a venir a buscarme!

…............................................

Nerine se había dormido después de una extraordinaria actividad. 
El sótano de la gasolinera, un espacio pequeño y no muy bien ventilado, le pareció un lugar coqueto y acogedor. Había subido y bajado tantas veces para adecentarlo que ahora estaba exhausta.
Thomas la había visto trabajar sin entender realmente lo que hacía. El pulso había vuelto a torpedearle las sienes y se exasperaba cada vez que su mujer se dirigía a él.
Salió y entró del recinto en numerosas ocasiones, manifestando un mayor nerviosismo conforme iba quedando menos luz.

Caminó hasta llegar a la carretera. Más tarde llegó a los campos, adentrándose entre la espelta silvestre y las cañarejas.
Ya no había luz, y se detuvo.
Oía el murmullo del agua y el de su propia respiración y en ese instante supo que había encontrado el lugar perfecto.

Imaginó a Nerine durmiendo entre aquellos almohadones, como una reina cansada, segura  en su alcoba.

A pesar de las densas punzadas que nublaban su vista, la había acariciado mientras dormía.

"Espero que seas feliz – recordaba haberle dicho – Que tu fe, esa fe que yo no tengo,  te dé fuerza para seguir adelante".

Se había vuelto una última vez para mirarla. La llama de una vela titilaba dentro de un vaso.

"Ojalá puedas perdonarme".

Thomas se sumergió poco a poco en el río y el agua sonó alegre al chocar contra él. Inundó rapidamente sus zapatos. Le empapó el pantalón y, tras unos pasos, también los bajos de la camisa.
En el punto en el que la corriente era algo más fuerte se detuvo y se puso el cañon de la escopeta debajo de la barbilla.

Las estrellas resplandecían en una noche muy negra, tan negra como sus pensamientos. Dejó que la húmeda brisa secara sus ojos y dedicó un último recuerdo a su mujer, arrepintiéndose en aquel instante de no haberla llevado consigo.

Thomas movió el dedo bajo el agua y el estampido rebotó en los montes, voló a ras de las espigas y se perdió en el infinito.

10 comentarios:

Ángeles dijo...

Qué bonito y emotivo el encuentro de MªJosé y Nacho, y qué intensas las escenas de Nerine y Thomas.
El final de Thomas también es conmovedor, y me da pena lo sola y apabullada que se va a sentir Nerine cuando se dé cuenta de lo que ha pasado.
Bueno, de momento dejémosla dormir hasta septiembre, como en un cuento de hadas.

Hay momentos en este capítulo muy plásticos, muy expresivas, como la de Thomas en el río, o la de los cuervos volando en el horizonte, que están muy bien descritas.

En fin, que te has ganado las vacaciones. Que las disfrutes y descanses.

Feliz verano a todos.

Montse Martínez Ruiz dijo...

Un encuentro y una despedida, dos grandes momentos que has plasmado describiéndolos con mucha belleza y que conmueven.
Inmensa la alegría de que Nacho y M.José se reuna por fin después de unas escenas tensas y magnífica la relación entre Thomas y Nerine, una mezcla de amor y fe, de esperanza y de negación, que acaba con la escena en el río que es fascinante.
Te felicitio, JuanRa, te superas en cada capítulo.
Como ha dicho Ángeles, te mereces unas vacaciones, así que disfruta, pásatelo bien y sé feliz :)
Mil besos.

Anónimo dijo...

Eh, qué pasa...¿que nos vamos de vacaciones? Justo, como en la programación de la tele...
El episodio ha sido tremendo, de los mejores. Conmovedor a tope.
Pero Nerine ¿ya murió cuando bajó al sótano y en lugar de Tomás, encontró a un zombi? ¿Estamos asistiendo a lo que fueron sus últimas andanzas? ¡qué suspense!
¿Y el perro? ¿aún sigue sin bautizar?
Y por cierto, hablando de sacramentos, jo...¡cómo te sabes la Biblia de Pe a Pa, macho! La verdad es que esas frases son muy hermosas y vienen al pelo.
Venga, si te vas de vacaciones -aunque tú las coges en Agosto ¿no?- que sean largas porque tienes que tenerlas en concepto de encargado de un local para mayores, como blogger de éxito y como escritor de novelas interactivas...buff ¡agotador!
carlos

Holden dijo...

Por fin se reencuentran Nacho y Ma José!! Por Diox, que angustia me dstabas haciendo pasar Jajaja Al final el dichoso e inusual arma está resultando la leche de útil:D

Muy buena la historia de Nerine y Thomas, muy agridulce pero desagradablemente real. Creo que Thomas ha sido un personaje muy humano y ha enriquecido la historia, a la vez que le da sentido al personaje de Nerine.

¡Ánimo JuanRa! Muy buena historia, estás haciendo un gran trabajo por el que te mereces el descanso eue te vas a pegar. Ya tenemos un motivo para querer que se acabe el verano Jajaja

¡Un abrazo!

Mini Fu dijo...

Hi!

Holden me ha recomendado este blog y me gusta mucho. La cuestión es que he enviado un escrito a blogueros que sigo para saber si querían participar en un reto que hago en mi blog.

Si te interesa la cosa va así: tendrías que escribir un relato (media página hasta dos páginas) de que harías el primer día del apocalipsis zombie, con tu nombre y población calle vecinos reales. Si no quieres meterte en problemas con amgios familiares, vecinos puedes inventar el nombre pero no el tuyo.

Te apuntas? Cualquier duda me lo dices

besos: )

Mini Fu dijo...

Muy tarde para entrar a formar parte de la familia? Siempre va bien un cojin :)

Anónimo dijo...

Juan...menudo final!!!! Guauuuuu. Acabo de escribir un comentario que se me ha borrado...odio esto. El capítulo ha sido muy emocionabte y conmovedor...un final brutal. Enhorabuena Juan guauuuu guauuu guauuuuu
Anicabonica

maría josé olalla dijo...

Extraordinario Juan parece que no es posible pero en cada capítulo te superas al anterior. Me sumo a los comentarios de Angeles, Montse y Holden, no quiero repetirme
Un besazo y feliz verano a todos

Angel Olmedo dijo...

Por fin!! Ya se han encontrado la pareja, que ganas tenía parecía que no llegaría nunca y encima ahora son un trio con el perrete, lo llamó así ya que no tiene nombre aún"salchipapa"jajjaajja,y luego esta thomas y nerine, me gustó mucho la forma de irse de thomas sabiendo que lo suyo no tenía remedio es muy valiente aúnk el suicidio es pecado capital y arderá en el infierno para toda la eternidad
Bueno Juan disfruta tu descanso que lo tienes ganado, nos vemos en septiembre!!!😉

Lady Deathpoet dijo...

un relato apasionante, me ha encantado, tiene mucha fuerza. me ha gustado que pese a lo malo de la situación Nerine no pierde la fe y el buen animo. El encuentro entre maria y nacho. Me ha entristecido el final de Thomas.