Esta pretende ser la historia de quince supervivientes en un mundo devastado y plagado de zombis. Los protagonistas son familiares y amigos míos que habrán de interactuar para llegar hasta el último capítulo. Pero, irremediablemente, algunos de ellos se habrán de quedar en el camino.
(Esta es una sinopsis patrocinada por Doxma)

4 ago. 2017

23. TODO ES CUESTIÓN DE TIEMPO

En la aldea.

En una ocasión, cuando el mundo era todavía el lugar que conocíamos y que considerábamos nuestro, leí en algún libro que la vida es imposible sin fe; que si vivimos es porque tenemos fe en algo. Y eso ahora es más verdad que nunca. La fe de cada uno estará puesta en algo particular, sea sagrado o terrenal, pero no dejará de ser fe, confianza en algo, aunque parezca que ya no quedan motivos para confiar, aunque todo parezca perdido. Esa fe, que entonces puede resultar absurda, es lo que hace que no nos rindamos mientras nos queden fuerzas para respirar. Y gracias a esa resistencia podremos ver el sol una vez más, después de haber creído que la noche ya sería eterna.

Después de haberle dado a Holden la dosis de Doxma, no quise irme de su lado. Pasaron varias horas sin que hubiese ninguna reacción, pero yo confiaba en que antes o después despertaría. Tenía fe. Y mientras en el dormitorio, a solas con un Holden inconsciente, todo era silencio y quietud, en el resto de la casa no había un momento de calma.

Escuché a Carlos hablarle a Juan Miguel del comportamiento extraño de unos cuervos que, como yo misma vi por la ventana, estaban por todas partes. También escuché, algo más tarde, a Juan Miguel discutiendo con Roquito. Según me dijo Montse, Roquito estaba muy alterado, incapaz de quedarse en la casa sin hacer nada. Quería salir en busca de Nerine. No hace falta decir lo peligroso que es salir solo, y más aún así, llevado por la rabia, porque se pierde la prudencia y es fácil caer en la temeridad. Pero comprendo su estado de ánimo después de la muerte de Fran. No, no debo decir la muerte de Fran, debo decir el asesinato. Aunque ya no haya leyes ni justicia, las palabras siguen siendo importantes.

Anasister estaba en su habitación, durmiendo, pero estoy segura de que si hubiese estado levantada, habría querido marcharse con Roquito. Sería una temeridad, por supuesto, y aunque la hubiera comprendido, yo habría también intentado convencerla de que se quedase. En situaciones de extrema tensión emocional, los que pueden mantener la calma han de imponer la prudencia a los que no pueden.

En este caso, sin embargo, ni Juan Miguel ni Montse pudieron detener a Roquito, y yo también me pregunto si acaso tenemos derecho moral a impedirle que busque su forma de sentirse mejor consigo mismo.

Pero, tal y como son las cosas ahora en el mundo, parece que no disponemos de mucho tiempo para la filosofía, para plantearnos cuestiones de carácter moral o ético, porque siempre hay algún acontecimiento que exige nuestra atención inmediata y que pongamos por delante el sentido de lo práctico.

Y es que, al poco de marcharse Roquito, oímos algo tan sorprendente como el claxon de un coche sonando muy cerca de la casa. Y más sorprendente y maravilloso aún fue que, justo entonces, Holden abrió los ojos.

Fue un momento de gran confusión para mí, y solo acerté a cogerle una mano. No quería alterarlo, pero al mismo tiempo temía que volviese a caer en la inconsciencia si no le hablaba, si no hacía que se esforzara un poco por despertarse por completo.

Estaba muy aturdido, apenas podía hablar y, según dijo después, en el momento de despertar no sabía dónde estaba ni quién era. Pero que al verme supo que estaba a salvo.

Llamé a los demás, que vinieron en seguida. Cuando vieron a Holden consciente hubo alegría y lágrimas de emoción. Y él, a pesar de su aturdimiento, fue poco a poco reconociéndolos –Anasister, JuanMiguel, Montse y Carlos- y respondiendo a nuestras preguntas. Incluso preguntó por Fran y Roquito. Le dijimos que no se preocupase de nada, y que poco a poco iríamos poniéndolo al corriente de todo lo sucedido últimamente. Anasister lo examinó de nuevo, y al preguntarle cómo se sentía dijo que estaba bien, que no tenía dolor ni malestar de ninguna clase. Sólo hambre. Esto me hizo sonreir. No sé cuánto tiempo llevaba sin sonreir.

Entonces Montse, con su habitual sensibilidad en las situaciones delicadas, dijo que deberían bajar y preparar comida para todos.

Cuando Holden y yo nos quedamos solos de nuevo, me preguntó si yo estaba bien, e incluso quiso saber si había seguido escribiendo mi diario. Me dijo que quería leerlo para saber todo lo que había pasado, incluso antes de que él cayera insconsciente. Tenía la sensación de que no recordaba muchas cosas. Y ese interés me pareció muy buena señal. Creo que Holden volverá muy pronto a ser él mismo.

Poco después volvimos a escuchar el claxon del coche, esta vez más cerca, y unos minutos después Juan Miguel subió a decirnos que habían llegado a la casa dos personas, un hombre y una mujer, con un perro.


*****************************

Roquito pasó de un estado de aturdimiento a otro de plena conciencia que fue transformándose en ira. Cuando se dio verdadera cuenta de lo que había ocurrido se sintió furioso consigo mismo. Se culpó de la muerte de Fran, de no haber sabido impedir algo tan absurdo, de no haber previsto lo que ahora veía tan fácil de haber evitado. Este mazazo en su ánimo se sumó a la culpabilidad que arrastraba desde la pérdida de A.B.
En su interior había una bomba a punto de estallar.

No se sintió capaz de acompañar a Anasister en su duelo, temeroso de que el dolor, su propio dolor, se le hiciera insoportable. Imaginaba la tristeza de su amiga como una losa sobre su conciencia.
En ocasiones se acercó a la puerta de su habitación, pero no se atrevió a llamar.

Juan Miguel observaba a Roquito y en varias ocasiones intentó hablar con él para calmarlo. Sabía que aquella angustia podía desembocar en una crisis nerviosa, por eso no insistió más cuando lo vio salir de la casa con su inseparable barra de acero.

Con la vista fija en la nada, buscando de alguna forma paliar su ansiedad con el esfuerzo físico, Roquito camina ahora sin ningún destino, como un sonámbulo que mira al frente pero nada ve.

“Todo es inútil”, murmura, "...no hay nada que hacer... Solo es cuestión de tiempo...”

Avanza pisando el barro agrietado, intentando dejar atrás los cañizares que se extienden en declive hasta la orilla del río.
Ni siquiera el chillido de los cuervos, que siguen planeando en grandes círculos sobre la zona, lo saca de su enajenación.

En su mente, un grito de protesta se repite sin descanso:
“¿Por qué la dejaron escapar? ¡Maldita sea! ¿Por qué permitieron que se marchara?”

La debilidad y el cansancio no son mayores que su furia interior. Las piernas se mueven de forma mecánica, y el cuerpo oscila buscando el equilibrio en aquel terreno desigual. A veces tropieza y cae, pero reanuda la marcha sin hacer caso a golpes ni arañazos.
"Borrar todo... todo... No existe... olvidarlo"

La maraña de juncos queda por fin atrás y ante él surge súbitamente la imagen de los muertos hundidos en el barro, un barro ahora seco, como un gran cepo de piedra del que no podrían desprenderse jamás.

El espectáculo lo deja paralizado: envueltos en un sonido ensordecedor de moscardones zumbando por todas partes, aquella horda sigue allí, agitando los cuerpos bajo el sol.

Pero la carne ha desaparecido.
Solo muestran cráneos despellejados, esqueletos pegados a la ropa acartonada por la sangre, el polvo y los excrementos de los cuervos.



La multitud de cuerpos semienterrados no emite ningún sonido, o al menos no es perceptible entre aquel estruendo de aves que descienden en vuelo vertical sobre ellos, y que en continuas embestidas han estado arrancando a picotazos las mejillas, las orejas, los ojos, y en definitiva, toda la carne a tiras. 
Solo la dureza de los cráneos mantiene intactos los cerebros y esto les hace imperecederos

Pero en la zona hay otros infectados que han ido llegando de todas partes atraídos por los chillidos de los cuervos. Entre aquellos espantajos clavados en la tierra, estos otros seres se mueven como fantasmas en un cementerio.

Uno de ellos, que llevaba varias horas inmóvil, con la cabeza descolgada sobre un hombro, ha visto a Roquito.
El único ojo que le queda ha captado su movimiento y empieza a arrastrar sus pies desnudos hacia él. El otro ojo le cuelga de la cuenca vacía, y se balancea sobre la cara al andar.

Se acerca a Roquito.

Agotado y sintiendo náuseas por el hedor, Roquito cae de rodillas. Este movimiento estimula al caminante, que acelera sus pasos y empieza a masticar el aire.
Roquito escucha graznidos descendiendo del cielo, y en un instante una nube de cuervos lo rodea.

"Me atacan..." , piensa, "creen que soy uno de ellos..."

Pero pese a su cercanía, pronto se percata de que ni siquiera lo rozan y que han descendido para aislarlo de uno de aquellos malditos, al que atacan con destreza.

Apoyándose en la barra de acero, Roquito se levanta, y obligando a su cuerpo a moverse se aleja de allí.
Ha comprendido que los cuervos están atacando sólo a los muertos, no a los vivos.

Rodea aquella plantación de cuerpos desmembrados y alcanza la carretera.
Allí, como una blanca mole, extraña y fuera de lugar, permanece la caravana de Carlos, volcada en el arcén.

*****************************

Cuando Nacho y María José entraron en la casa, todos se saludaron con respeto, casi con admiración. No tenían datos de la mortandad causada por el virus, pero todo apuntaba a que había sido tan alta que encontrar supervivientes era motivo de felicidad. Cada uno de ellos imaginaba las historias de los demás tan terribles como las suyas propias, por eso la sensación de hermandad al verse fue inmediata.
Ángeles les había hecho pasar sin reparos de ningún tipo, casi con prisa y dando las instrucciones que consideró oportunas, pues en aquellos momentos era Holden lo único que de verdad le importaba y quien ocupaba todos sus pensamientos.

Más tarde Montse bromearía con ella sobre el estado de excitación en que los había recibido.

"¡Les ofreciste camas que no había! ¡Te inventaste habitaciones que no existen!" y Ángeles, riendo, admitió que era tal su felicidad que no sabía ni lo que había dicho.

Juan Miguel se ofrece a ayudar a Nacho a descargar las cosas que traen en el coche, y a indicarles qué casas de la aldea están en condiciones de ser habitadas.

El perro, sin apenas apartarse de Nacho, se atreve a olisquear los pies de la gente que se le acerca. De Carlos primero, de Montse después. Ambos lo miran como si fuera un ser extraordinario.

- ¿Cómo se llama? - quiere saber Montse.
- Solito - dice Nacho - Lo encontré hace unos meses.
- No sé el tiempo que hacía que no veía un perro.

Anasister, que había entrado a su habitación en busca de una pastilla, regresa al salón. Solito levanta las orejas cuando la oye hablar y, como si su voz le resultara conocida, se separa de Nacho para acercarse a ella con continuos movimientos de cola.
- Hola - le susurra Anasister al verlo. El animal le lame una mano y ella, algo desconcertada, le acaricia la cabeza.
- ¡Vaya! - exclama Nacho - Parece que le has caído bien a la primera.
*****************************


Roquito se introduce en la caravana y observa durante unos instantes su destartalado interior. Las moscas también han entrado allí y en aquella penumbra parecen sentirse cómodas.
Descubre unos bidones blancos y recuerda el momento en que Carlos le comentó su forma de fabricar y almacenar gasoil.

Está exhausto. Se sienta, pero termina tumbándose. Puede ver, a través del cristal rectangular ante sus ojos, cómo se mueven levemente las hojas de unos árboles.

"¿Por qué estoy aquí? - se pregunta - ¿Qué he venido a buscar?... No queda nada... Nada... Tan solo abandonarse... y morir..."

Sin esperarlo, Nerine aparece de repente en sus pensamientos y a Roquito se le acelera la respiración. La imagina escondida en algún lugar no lejos de allí. Libre. A salvo. Entrecierra los ojos y se acerca hasta ella sin ser visto. Cuando está muy próximo la rocía con el gasoil de uno de aquellos bidones y después le prende fuego para verla morir envuelta en llamas.
Recrea esa imagen una y otra vez.
Una y otra vez.
Por primera vez en mucho tiempo siente una liviana satisfacción.

De repente la idea de utilizar el gasoil de los bidones le parece muy acertada. Se levanta y sale al exterior portando uno de ellos. El cielo proyecta una luz blanca cegadora a la que le cuesta acostumbrarse. Los cuervos parecen volar mucho más alto, como si estuvieran a punto de abandonar una lucha que ha resultado inútil.

- Vais a ver cómo estallan estos putos cráneos- dice Roquito echando el gasoil en fuertes sacudidas sobre los muertos - ¡Se va a acabar este espectáculo asqueroso para siempre!

Camina a grandes zancadas recorriendo la zona hasta que agota el contenido del bidón. Saca un mechero del bolsillo y se acerca por la espalda a uno de aquellos seres putrefactos. El chasquido del mechero suena entre el apelmazado cabello.

La deflagración es inmediata. Las llamas convierten la cabeza del muerto en una antorcha que lanza al aire una espiral de humo denso. Regueros azulados corren por el suelo y las llamas saltan de unos a otros como serpientes de fuego.
Roquito se siente satisfecho al ver cómo aquellas cabezas comienzan a estallar como globos. Levanta la vista en busca de los cuervos para descubrir que se están alejando.

- ¡Lo hemos conseguido! - les grita - ¡Mirad cómo mueren!

Pero de entre aquella bandada que se aleja, una de las aves se separa del grupo y llega a su lado. Roquito puede ver en los ojos del animal una advertencia desesperada.
Entonces se da cuenta de que su ropa está empapada por el combustible derramado y antes de tener tiempo a reaccionar, las llamas vuelan hacia él y le envuelven por completo. El sonido de la combustión ruge en sus oidos y grita al sentir las dentelladas de aquella furiosa serpiente de fuego por todo el cuerpo.

Se despierta angustiado y sudando. La ventana rectangular está frente a él.
Las ramas de los árboles siguen ondulándose, mecidas por una brisa casi inexistente.
Todo, incluido el tiempo, parece querer abandonarse hasta morir.


*****************************

Montse no ha dejado de sonreír ante Nacho y María José. Ver dos caras nuevas en aquella casa le produce bienestar y se siente esperanzada.
- ¿No os parece un sueño? -dice mirando a Carlos y después a Juan Miguel.
Para éste, acostumbrado al silencio, a los paisajes vacíos, a haber recorrido amplias zonas sin encontrar gente viva, siente que aquella pareja trae consigo un soplo de esperanza.
Pero es sobe todo Montse, que ya se había abandonado a una realidad frustrante, la de que no volvería a conocer a nadie más, quien menos puede disimular su entusiasmo.
La simple presencia de esas dos personas ha conseguido que se diluya un poco el pesimismo de los últimos tiempos.

- Sigo emocionada por todo lo que está ocurriendo - les dice Montse - Me parece un milagro que hayáis dado con nosotros.

María José le devuelve la sonrisa. Después mira a Anasister. Puede ver en su expresión, en el brillo de sus ojos, la tristeza que se esconde detrás de todos sus gestos. Sabe que ha habido una tragedia reciente, la percibió nada más entrar en la casa y se deja llevar por el impulso de abrazar a aquella mujer que, sorprendida por la inesperada muestra de afecto, no puede evitar que se le escape el llanto que la ahogaba.

- Todos hemos sufrido mucho - le dice María José

Nacho las mira y empieza a pensar que llegar a aquel lugar era algo que tenía que ocurrir irremediablemente, como si aquel encuentro estuviera escrito en el destino desde tiempo atrás y se estuviera cumpliendo paso a paso.

- Hay algo que me tiene intrigado - dice Juan Miguel - ¿Cómo habéis dado con este sitio? Y además sabíais que había alguien aquí. Lo digo por los toques de claxon...

Nacho mira a su compañera. Prefiere que sea ella quien responda. María José teme por un instante que aquella gente desconfíe de ellos, pero rechaza ese pensamiento de inmediato.

- Sí, es verdad... - empieza a decir- ...yo sabía que encontraríamos gente aquí. Es una larga historia... ¿Cuántos sois aquí?
- Pues además de nosotros - dice Montse haciendo un movimiento circular con la mano para abarcar a Carlos, Juan Miguel y Anasister - arriba está Ángeles con Holden. Holden es un compañero que...
- Holden está convaleciente - se adelanta a decir Juan Miguel - No creo que pueda bajar. Y hay otro amigo que salió hace un par de horas, Roquito.
- Pero en realidad... - empieza a decir Carlos con aire sombrío - no sabemos el tiempo que puede tardar. Ni siquiera sabemos si pretende volver.
- No digas eso - dice Anasister - Claro que va a volver.

*****************************

Roquito registra minuciosamente el interior de la caravana buscando algo que comer. El hambre aprieta y se va echando a la boca todo aquello que encuentra con buen aspecto.
Hace calor allí adentro.
Al abrir algunos compartimentos, caen recipientes al suelo, rompiéndose en pedazos. Sabe que no conviene hacer ruido, pero no se esfuerza en ser silencioso.
Sin embargo oye algo que le obliga a quedase quieto y prestar atención.
Escucha un rumor en aumento, como el motor de un coche que se fuera acercando y acelerara tras cada curva.
"¿Un coche?, se pregunta, ¿Es posible?"

Decide salir al exterior convencido de que alguno de sus compañeros ha venido en su búsqueda, pero en el momento en que pisa el asfalto, aparece un jeep que frena al verle.
Tanto el conductor como el acompañante, dos jóvenes vestidos con ropa de camuflaje, observan aquel escenario irreal con tanto asombro como desconcierto: una legión de infectados semienterrados a su izquierda y una caravana volcada de la que ha surgido un hombre vivo que les mira con la misma expresión atónita que ellos a él.

*****************************

Holden ha vuelto a echarse sobre la cama. Su intención de salir de la habitación se ha visto frustrada cuando las paredes han empezado a dar vueltas a su alrededor.

- ¿Lo ves? - le reprocha Ángeles con dulzura- Ya te hemos dicho que es pronto todavía, que necesitas reposar un poco más.
Holden resopla con fastidio, después cierra los ojos unos segundos intentando que la sensación de vértigo se aleje.
- Está bien, - dice tras abrirlos - ponme al corriente de todo.
- Pero si te acabo de contar...
- No me refiero a que me hables de los nuevos.
Ángeles enmudece y le mira fijamente a los ojos.
- Vamos, cuéntame sin miedo. ¿Qué pasa con Fran y Roquito? ¿Por qué no los he visto todavía?
Ángeles piensa que Holden siempre ha sido muy intuitivo y que a ella nunca se le ha dado bien ocultar sentimientos.
- Fran ya no está con nosotros - dice por fin, bajando la mirada.
- ¿Cómo? - exclama - ¿Quieres decir que le... atacaron?
- ¿Recuerdas a la mujer que apareció de repente?
- ¿Qué mujer?
- Aquella que llegó justo cuando tratabas de encerrar a...
- Ah, sí, aquella mujer... ¿Sigue aquí? La había olvidado por completo.
- Eso queremos todos, ¡olvidarla! Aquella mujer apuñaló a Fran.

Holden mira a Ángeles como si estuviera contemplando algo prodigioso.
Ella prosigue con la crónica de aquel día trágico para concluir con la partida de Roquito.

- No dejaba de decir que no pararía hasta encontrarla. Estaba... no sé, tan fuera de sí...
- Puedo imaginarlo.
- Ay, Holden, me preocupaba mucho que todas estas emociones te pudieran afectar Tenía miedo de...
- No, Ángeles, - la interrumpe - no más miedos en adelante. El miedo es algo que debemos dejar atrás definitivamente. Con miedo no avanzaremos.
- Pero es inevitable tenerlo.
- Sí, es lógico sentir miedo, de hecho es necesario para sobrevivir, pero no podemos dejar que nos acobarde. Ven, dame la mano.
Ángeles se acerca y se cogen de las manos.
- Quiero que dejes de tener miedo en adelante porque todo va a ir bien. Aquí seguimos, ¿te das cuenta? A pesar de todo, aquí estamos.
Ángeles asiente con una sonrisa emocionada.
- Y nos queda mucho por hacer todavía.
- Juntos - dice ella
- Juntos - repite él.

*****************************

Roquito aprieta el puño mientras observa cómo se aleja el jeep por la misma dirección en que lo vio aparecer.

"¿Seguro que no quieres venir con nosotros?", le habían dicho.
"No, tengo que volver con mis compañeros y comentarles todo esto"

El sonido del motor se va diluyendo en la distancia hasta desaparecer.
Roquito puede ver algunos caminantes moviéndose lentamente entre los cuerpos enterrados.
"¿Por qué no les tengo miedo?"
Piensa que no le verán si él no se mueve.
También piensa en los cuervos, que vuelan ahora mucho más alto, planeando en grandes círculos. Ahora sus graznidos le parecen saludos, una agradable resonancia, una compañía a la que no hay que temer.

Decide volver por la carretera, parapetándose en el grupo de árboles que hay en la primera curva. En las sienes le late la sangre a cada paso, dándole molestos pinchazos que su exaltación logra ignorar por completo. En sus pensamientos recrea el momento en que vuelva a entrar en la casa.


"No van a creer la suerte que he tenido de encontrar a esos chavales... ¡Pero si tendrían poco más de veinte! ¡Y con armas!... ¡No se les veía miedo en la cara!... Sí, una colonia de supervivientes... un lugar seguro... Con médicos... agua potable... alimento... ropa... leña... combustibles... armas... Sí, estaban preparados. Como lo oís, un lugar seguro... Y van buscando a más gente. Todavía hay gente como nosotros... Y van buscando... buscando..."

Roquito se detiene en una sombra para descansar. Se recuesta contra el tronco de un árbol. Se siente agotado y cierra los ojos. Piensa que cuando llegue no podrá hablar, que tal vez no se sienta con fuerzas para contar la historia que tiene que contarles.
Pero no importa. Ya lo hará.

Cuando abre los ojos tiene la sensación de que la luz es distinta y que probablemente se ha vuelto a dormir. Durante unos segundos se siente completamente desorientado y al recordar sus pasos una duda le invade de repente.

Abre el puño y sonríe al ver el papel.
El papel en el que le han anotado el nombre del lugar y las coordenadas.

3 comentarios:

Ángeles dijo...

No hace falta decirlo, pero lo voy a decir: ¡otro capítulo fantástico!
me gusta porque hay emoción y acción; tensión y frustración, pero también esperanza. Es un capítulo muy bonito en cuanto a los aspectos humanos, y muy interesante en cuanto al desarrollo de la trama.
Te felicito :)

Nacho dijo...

Totalmente de acuerdo con Ángeles, otro capítulo fantástico y muy completito, incluida la aportación del diario que me ha encantado, genial!
Ha sido un momento conmovedor cuando Nacho y Mª José se han encontrado con el resto, Por fin!!!
Y encima Holden ya consciente, guay, muchas cosas buenas en este capítulo.
Un abrazo y felices vacaciones!

Montse Martínez Ruiz dijo...

Hay que decirlo, porque te lo mereces, aunque nos repitamos ¡un capítulo excelente, sí señor! al igual que la aportación de Ángeles que siempre es muy buena.
Me lo leí de un tirón desde el móvil y lo primero que pensé fue ¡qué alegría que ya estemos todos juntos y que Holden se haya recuperado!
Felices vacaciones a todos :)