Esta pretende ser la historia de quince supervivientes en un mundo devastado y plagado de zombis. Los protagonistas son familiares y amigos míos que habrán de interactuar para llegar hasta el último capítulo. Pero, irremediablemente, algunos de ellos se habrán de quedar en el camino.
(Esta es una sinopsis patrocinada por Doxma)

29 ene. 2016

03. UNA COLUMNA DE HUMO

El lugar en el que se registró el primer caso del que se llamaría Síndrome Imee fue en la ciudad filipina de Butuan. 
Una joven trabajadora de la limpieza del Maternity Hospital volvía a casa después de una jornada laboral especialmente dura. Dijo encontrarse tan cansada que se acostó nada más llegar. Su familia la llevaría de nuevo al hospital horas después porque el proceso febril en el que se había sumido iba en aumento. La temperatura que alcanzó su cuerpo fue tan alta que perdió finalmente el conocimiento, entrando minutos después en estado de coma. Los médicos se esforzaban por encontrar la causa de tan radical desenlace. 

Un par de horas después, en la misma isla de Filipinas, pero en Ciudad Quezón, un camionero se detenía en el arcén de la autovía y hacía una llamada al servicio de urgencias pidiéndoles que mandaran una ambulancia, pues se sentía desvanecer por la  alta fiebre. Cuando ésta llegó al lugar, encontraron al hombre delirando en el interior de su camión, y al ingresar en el hospital, también había entrado en coma. 

Tan solo dos días después había registrados 7 casos más en Ciudad Quezón, 6 en Olonpago y 4 en Manila. Todos con el mismo proceso: alta fiebre, delirio, pérdida de conocimiento y coma. 
Las autoridades sanitarias dieron la voz de alarma a los departamentos gubernamentales de todas las islas. Algo muy extraño estaba sucediendo. 

Se aislaron los 19 casos,  que no mostraron evolución alguna en los siguientes días, y se empezaron a llevar a cabo protocolos de actuación ante posibles nuevos brotes de lo que parecía un virus agresivo, y totalmente desconocido que los facultativos analizaban con sumo cuidado.

Entonces sucedió algo imprevisto: diez de los afectados por ese  virus murieron de repente el mismo día, con intervalo de unos minutos de unos a otros. En las autopsias se descubrió algo asombroso: sus  órganos internos habían sufrido una transformación inimaginable, habían perdido toda el agua de sus células y se mostraban rígidos, secos y acartonados. Solo la piel externa seguía ofreciendo un aspecto normal, incluso saludable. 

Todavía no se habían inhumado todos los restos cuando otro hecho insólito vino a ocupar la portada de diarios de todo el mundo:  Imee, la primera afectada, la limpiadora de Butuan, había despertado. 
A pesar de que sus funciones vitales recobraron la normalidad y de que los posteriores análisis fueron positivos, la joven se mostraba ausente y no reaccionaba a las muestras de cariño de sus familiares. Imee respondía con naturalidad y coherencia a cualquier pregunta pero había algo extraño en su personalidad que la familia notó enseguida: ya no sonreía. 
En los dos días posteriores a ese regreso del coma de Imee, fueron despertando los otros ocho aislados, como si se tratara de la evolución natural de tan extraño proceso de incubación vírica. Médicos y científicos estaban estupefactos ante algo tan insólito.

Todos presentaban las mismas  características físicas de Imee: derrame en los ojos y labios de un vivo carmesí, e idénticas particularidades en su nueva personalidad: suma tranquilidad, indiferencia ante muestras de felicidad e incapacidad no solo de reír, sino también de llorar. 

Nada hacía presagiar que “la triste Imee”, como era ya conocida en medio mundo, protagonizaría, días después de recibir el alta, un terrible episodio, que sería el primero de tantos otros que la humanidad entera estaba a punto de vivir con horror. 

Caminaba por la calle con su madre cuando una señora que llevaba un pequeño perro en los brazos pasó junto a ellas.  De repente la joven se abalanzó hacia el animal, lo aferró con fuerza con sus manos y lo destrozó a dentelladas ante el horror de su madre y la propietaria del animal, que intentando arrebatar a su perro de las manos de lo que parecía una fiera con aspecto humano, fue también mordida con fuerza en una mano. 
Los transeúntes, incapaces de reaccionar,  fueron testigos de cómo el perro moría entre alaridos de dolor y cómo la joven lanzaba finalmente una masa sanguinolenta al suelo, mostrando una cara bañada en sangre, unos ojos demoníacos desorbitados y una boca que aún masticaba las vísceras del animal. 
A pesar de tan impactante escena, el suceso no tuvo demasiado eco. 
Al día siguiente los rotativos tenían en sus páginas una noticia de mayor alcance, que eclipsaría a la anterior: en Estados Unidos había 85 casos de altísima fiebre que desembocaba en coma. 
….......................................................................... 

Tomás se incorpora con dificultad para mirar a través del hueco de la puerta, que ha quedado abierta. Sigue confundido ante la extraña reacción de Nerine de salir de allí a toda prisa.  Por unos segundos le pasó por la cabeza la idea de que aquello fuera solo teatro, una trampa por su parte para comprobar qué haría él  si se le presentara  la oportunidad de escapar, y que si lo intentaba reaparecería descendiendo la escalera, con una gran sonrisa, un  largo cuchillo y aquella dulce voz diciendo: “¿A dónde crees que vas, darling?” 
   
Sin embargo oyó el rugido del motor al arrancar y cómo el sonido se desvanecía al dejar el recinto de la gasolinera y continuar por la carretera. 

No entiende nada, pero tampoco le extraña demasiado; los locos no actúan de forma lógica, y no le cabe duda de que Nerine está loca. 

Consciente de que cada segundo es vital si quiere salir de allí, mira a su alrededor buscando la forma de librarse de las cuerdas que le tienen inmovilizado de pies y manos. A duras penas consigue levantarse, y dándose impulsos sale saltando al espacio más amplio en el que la australiana ha estado viviendo. 
Las velas son más grandes allí y sus llamas más vivas, por lo que coloca la cuerda que rodea sus muñecas sobre la más próxima y consigue desprenderse enseguida. 

Masajea la rojez de sus doloridas muñecas e inmediatamente se sienta en el suelo para desatar la otra cuerda que aprieta con fuerza sus tobillos. 
En ese instante escucha un estruendo a sus espaldas que lo sobresalta y le hace mirar atrás. 
 Un tipo muy alto, sin camisa, acaba de caer rodando por la escalera. Tomás se incorpora  de un brinco, pero al no haber conseguido desanudar la cuerda, pierde el equilibrio y cae sentado en la cama de Nerine. Con el corazón galopando en su pecho puede ver cómo el inesperado visitante se incorpora. Es extremadamente delgado, tanto que todas las costillas resaltan bajo la piel, que se hunde en el estómago como si tuviera una cueva en el lugar de las tripas. Durante unos segundos aterradores, lo que parece ser un muchacho, o haberlo sido al menos, mira desorientado el lugar en el que se encuentra, hasta que sus ojos empañados se detienen en Tomás. Abriendo una boca sin labios por la que escapa el quebrado resuello de los zombis, se encamina hacia él. 

Tomás le lanza con fuerza un cojín a la cara, y ese leve freno es suficiente para ganar los pocos segundos que necesita para volver a saltar hacia el reducido espacio en el que estuvo secuestrado, cerrando la puerta de inmediato. 
Apoyado de espaldas contra la madera que le separa del peligro exterior, percibe enseguida el empuje de ese monstruo de largos brazos y piernas, que es casi un esqueleto.
“Maldita sea”, piensa mientras su mente busca con celeridad la forma de escapar de allí. 
Se vuelve a sentar sin dejar de apoyar la espalda en la puerta. Está cerrada, pero no está seguro de si los zombis sabrán girar los picaportes. 
Maldice una y otra vez a Nerine por haberle atado los pies con tanta fuerza, pues no logra aflojar aquellos nudos, pero cuando finalmente lo consigue se siente tan furioso que empieza a concienciarse de que con miedo o cobardía no llegará a ningún lado. 
El zombi sigue golpeando la puerta desde el otro lado y Tomás sabe que ya no se alejará de allí por más tiempo que pase, por lo que tendrá que enfrentarse a él. 

Entonces se arma de valor y abre levemente la puerta, preparado a ejercer todo el empuje de su cuerpo sobre ella. El zombi introduce los dedos de una mano por la rendija  que ha quedado, momento en el que Tomás vuelve a cerrar con fuerza, escuchando el crujir de todos los huesos, que se parten con la embestida.
- ¡Jódete!, grita Tomás, eufórico, 

Vuelve a abrir un poco la puerta y el zombi introduce toda la mano, con  cuatro dedos a punto de desprenderse de ella. Con un nuevo impacto le parte la muñeca y Tomás  golpea con el puño esa mano huesuda que ha quedado colgando frente a él, hasta conseguir separarla por completo del brazo. 

La facilidad con la que aquellos huesos parecen quebrarse envalentona a Tomás para intentar abrir el hueco un poco más. 

Si el zombi asomara la cabeza, seguramente  podría partirle el cráneo a portazos. 

Decide hacerlo. Abre algo más la puerta y el zombi mete todo el brazo. Para que pueda asomar la cabeza debe permitir que la puerta se abra más, pero no le resulta fácil, pues el zombi sigue empujando y él ha de contrarrestar esa fuerza con el peso de su cuerpo. El brazo manco se mueve de arriba a abajo como una palanca de latex blanco y Tomás siente asco y odio al mismo tiempo. 

Por fin el zombi hace ademán de asomar la cabeza, momento que Tomás aprovecha para abrir lo suficiente como para que la introduzca, y al cerrarla de inmediato consigue aprisionarle por el cuello. 
Tomás embiste contra la puerta con todas sus fuerzas, pero solo consigue que el zombi se mueva con espasmos. Sus voraces ojos le miran y gruñe con rabia, estirando el despellejado cuello. Dentro de la desesperante situación, Tomás se siente afortunado de que ese brazo que ya le toca no tenga mano que pueda agarrarle. 

Una idea surge  como un relámpago y la lleva a cabo. 
Con el corazón desbocado en la garganta, se atreve a abrir la puerta de golpe. Eso hace que el zombi, que ponía todo su empeño en empujar para entrar, caiga de golpe al suelo. Tomás sale pasando por encima de él. Pero cuando quiere cerrar , el zombi es tan largo que la puerta choca con sus piernas. 
En ese momento de pánico en el que está a punto de salir huyendo, ve cómo el zombi encoje las piernas para poder levantarse y eso le permite cerrar la puerta, aferrando fuertemente el picaporte. 
Solo entonces respira aliviado. 

Sin perder tiempo, se dirige a la escalera, pero al ver tantas latas de conserva busca el modo de llevarse unas cuantas. “Pepi y Anasister se alegrarán de poder comer todo esto”, piensa. 
Vacía el relleno del cojín más grande y mete en su interior varias latas y un par de mandarinas. Los sordos golpes del zombi atrapado empiezan a sacarle de quicio por lo que se apresura hacia la escalera, donde se topa cara a cara con lo inesperado. 

Un ser inmundo con profundas heridas en cara y  cuello aparece frente a él y tan próximo se encuentra que percibe  el  leve silbido del aire que  escapa por el hueco de su garganta. 
Tomás retrocede sin dejar de mirarle, desciende un par de escalones hacia el sótano y cierra la trampilla con rapidez. 

Se queda allí sentado, aturdido y decepcionado, escuchando al zombi que golpea la trampilla sobre su cabeza intentando entrar y al que está abajo queriendo salir.
…................................................................................................... 

Aquella aldea parece totalmente abandonada, y Anasister empieza a sentirse más relajada. 
Con un hacha afilada, deambula entre las casas intentando dejar el miedo a un lado. Pepi, en cambio, no deja de mirar hacia todos lados, sin bajar la guardia en ningún momento. 

Han tenido la gran fortuna de hallar un lugar con árboles frutales y corrales abiertos a un  prado en declive, por el que, entre chopos de tronco plateado, discurre a lo lejos un riachuelo de agua cristalina. De esos corrales salen y entran gallinas que picotean las plantas y escarban la tierra buscando alimento. En sus gallineros han encontrado huevos y ya han decidido qué gallina asarán a la brasa. 

- Anasister, ¿no te parece que aquel huerto está muy cuidado para estar abandonado? 
- Pues sí, la verdad, pero no sé, la primavera es así de agradecida. Todo brota de nuevo. 
- Tengo la sensación de que tarde o temprano va a aparecer alguien, y eso me pone muy nerviosa. 
- Intenta relajarte, Pepi, ya has visto que todas las casas están abiertas pero aquí no hay nadie. 
- Solo hemos entrado en cinco o seis, quedan muchas. 
- No tantas, creo haber contado doce. Más tarde terminaremos de mirar bien por todas. Pero si hubiera alguien ya habría salido, mujer. 

La brisa matinal ha terminado despejando la nubes del cielo y ahora luce un azul intenso en el que resalta la columna de humo que sale por la chimenea de la casa más grande, en la que ambas dejaron, nada más levantarse, un fuego encendido. 

Cuando Anasister se percata de tan llamativa imagen, hace saber a Pepi lo que se le acaba de ocurrir. 

- Pepi, ese humo debe de estar viéndose desde mucha distancia, pero aún podría verse mejor. ¿Qué te parece si hacemos una hoguera grande aquí en el prado? Echándole ramas verdes por encima saldría más humo todavía. 
- ¡Sí! - exclama Pepi, entendiendo su propósito – Tomás no puede andar muy lejos. ¡Podría  ver nuestra señal y encontrarnos! 

Cuando media hora más tarde tienen una gran pila de leña seca preparada, descubren con disgusto que solo les quedan tres cerillas. 
La primera, a pesar del sumo cuidado que ponen en que prenda todo cuanto antes, se apaga por culpa de la brisa. 
 - Pepi, tenemos que encontrar algo que sirva de parapeto contra el aire. ¡Espera! 
- se aleja unos metros para volver con una oxidada chapa metálica que había apoyada contra un muro- Quizás esto sirva. 

En el segundo intento todo sale bien, y la hojarasca puesta en la base pasa de inmediato de su color marrón a un naranja vivo del que pronto surge  humo en espirales  y empiezan a aparecer fugaces llamas que se cuelan por todos los huecos como huidizas serpientes. 

Como habían previsto, la columna de humo que empieza a alzarse es espectacular y las dos miran al cielo  satisfechas. 

Dentro de un rato echaremos ramas verdes, ahora tenemos que encontrar cerillas o algún mechero. Por alguna de estas casas tiene que haber a la fuerza. 

- ¡Seré tonta! - exclama Pepi- ¡Si en mi mochila tengo un mechero! - y,  tras unos segundos mirándose, ríen las dos. 
- ¡Ay, estos nervios, que no nos dejan pensar...! Bueno, de todas formas vamos a explorar y coger todo lo que nos pueda servir. Cerillas y mecheros nunca van a sobrar. 

Toman de nuevo sus hachas y comienzan a caminar hacia las casas que se encuentran más cerca del arroyo. 

La mayoría de ellas, construidas con grandes piedras, tienen dos plantas, y por lo general en la segunda  encuentran una gran cámara vacía utilizada para guardar el grano. 

Las inspección por las dos primeras casas resulta infructuosa. Los cajones no contienen nada. Las despensas solo están llenas de polvo. 
En la tercera encuentran una caja repleta de velas y Pepi mete una decena en su mochila. No hay cerillas. 
La cuarta casa no tiene más que una planta pero en la despensa hallan tarros con arroz y lentejas , lo que las alegra tanto  como si hubieran descubierto un tesoro de monedas de oro. 
En la siguiente, un caserón enorme,  hay bastantes muebles en cuyo interior encuentran sábanas, mantas y algunos abrigos de terciopelo negro en un armario que huele a naftalina. Un cuadro en la pared lateral de un dormitorio hace que Pepi recuerde a Tomás, por lo mucho que a él le gustan los cuadros antiguos, y no puede evitar que se le humedezcan los ojos. 

En la segunda planta, un gran tonel colocado delante de la doble puerta de la cámara del grano impide que  se puedan abrir. 
- Ayúdame a mover esto, Pepi. 
Pero pronto descubren que el tonel está tan lleno de líquido que pesa demasiado para que ellas sean capaces de apartarlo siquiera unos centímetros. 
- Aquí abajo hay un tapón, ¿lo quitamos? 
- Sí, aunque sea por ver si es agua o vino o qué. 
Pero tampoco consiguen extraer ni un centímetro de ese gran corcho que parece llevar siglos allí presionado. 
Entonces Pepi le da golpes con el filo del hacha y el tapón se mueve un poco. En los siguientes intentos el saliente de corcho empieza a desintegrarse. 
- Déjalo, Pepi, solo lo estás rompeindo. Vamos a mirar en la última casa y nos ponemos luego a preparar la comida. 

En el exterior observan  cómo la columna de humo sigue ascendiendo en grandes volutas, como una gruesa pincelada de grises y blancos sobre un lienzo celeste. 
Empezando a caminar hacia la última casa escuchan a sus espaldas un repentino sonido que las sobresalta. 
- ¡Ay, Anasister!, ¿qué ha sido eso?, exclama Pepi pegándose a ella. 

Tras unos segundos de alerta en los que ambas agudizan el oído, perciben el sonido de agua cayendo al suelo. 
Anasister se asoma de nuevo a la casa intuyendo lo que ha ocurrido; el agua que contenía el tonel está cayendo por las escaleras. 
- ¡Anda, mira, al final el tapón  se ha salido solo!

A regañadientes, porque Pepi quiere marcharse ya de allí, la acompaña a subir a  la cámara que les falta por mirar. 
Pisando el suelo mojado se acercan al tonel que, ya vacío, cede a su empuje.
Es Anasister la que abre una de las dos grandes puertas. Pepi, intentando apartar el tonel un poco más, solo ve que Anasister vuelve a cerrarla  inmediatamente, intentando no hacer ruido. 
- ¿Qué pasa? - le pregunta, pero le basta con mirar la cara de Anasister para entender que ha visto algo horrible. 
Hace un amago de echar a correr, pero Anasister le dice que no con la cabeza y le señala el tonel. 
- ¡Empújalo hasta aquí! – le pide en un susurro. 
Pepi la obedece con la cara desencajada por el miedo. 
Como resulta todavía demasiado pesado para ella sola, Anasister se arriesga a dejar de sujetar la puerta y ayudarla. En ese último empuje, el tonel choca levemente con la puerta y ambas quedan petrificadas unos segundos. 
  
Están bajando las escaleras en absoluto silencio cuando empiezan a sonar torpes golpes en las puertas de la cámara. 
Con celeridad, Anasister y Pepi salen  de allí. 
- ¿Qué has visto? - le pregunta mientras corren. 
- No sé, Pepi. - responde entrecortadamente- Gente, mucha gente.  De pie, balanceándose. Hombres y mujeres. Creo que también había niños. 

El hombre está recogiendo sus cañas tras la pesca. Desconoce el nombre de aquel riachuelo, solo sabe que algunos kilómetros más abajo desemboca en uno mayor en el que hace unas semanas vio un cartel que decía Guadalmez. 
Lleva puesta ropa militar de camuflaje con los bolsillos muy abultados por tantas cosas que en ellos guarda.  Tiene una barba muy tupida, la cabeza afeitada  y un gesto duro en sus facciones. 
La mujer también está recogiendo y antes de asir la cesta de mimbre que dejó en la orilla busca en sus bolsillos una horquilla para recogerse el pelo que le cae sobre los ojos. 
En esos momentos levanta la vista hacia el cielo y ve la columna de humo por encima de los árboles que rodean la vaguada. 

- ¡Holden! - exclama, señalando el lugar - ¡Mira! 
 - ¿Y ese humo? - dice él muy asombrado. 
- Eso es en dirección a la aldea, ¿no? 
- Eso me temo. ¡Mierda! Venga, recoge rápido, Ángeles, quiero ver qué pasa. 
- Sabía que no tardaría en aparecer gente – dice ella con gesto de preocupación. 
- Vamos a ver qué tipo de gente es esa. Pobres de ellos como vengan a joder lo que hemos conseguido. 
Nerine conduce a más velocidad de la que está acostumbrada. Ve claramente una gran columna de humo a su derecha. Piensa que debe venir  de la aldea y se pregunta si tendrá que ver con los tres desgraciados que se llevaron su coche. Como no puede arriesgarse a perder el tiempo prefiere seguir algunos kilómetros más, por si logra verles y darles alcance. Si no los ve, volverá para averiguar qué es ese humo. 
…............................................................... 

A.B. se limpia con el envés de la mano los dulces regueros de zumo que resbalan de su boca. Se está dando un atracón de cerezas, eligiendo las más grandes de cada árbol. Fran y Roquito también sacan provecho de lo que les ofrece aquel bancal que apareció de repente ante sus ojos. 

Roquito levanta los ojos al cielo. 
- ¡Mirad allí! 
- ¡Humo!, exclama  Fran. 
- ¡Viene un coche!, les comunica A.B. 
Roquito se pone en cuclillas pues los cerezos no le dejan ver la carretera. 
- ¡¡Es el Mustang!! - les dice con asombro 

El Ford Mustang azul se acerca a toda velocidad y al llegar a la altura del Peugeot, que han dejado en el arcén, hace una brusca maniobra y choca contra él, haciéndolo volcar de lado en el bancal de los cerezos. 

15 comentarios:

JuanRa Diablo dijo...

¡Supervivientes!:

Quince días para proclamar al líder del grupo, que tiene asegurada la permanencia hasta los últimos episodios, y quince días para que uno de los menos votados diga adiós a la aventura, así que por una razón y por otra: ¡seguid pidiendo votos!

A todo esto, ya habéis saltado al ruedo 9 de vosotros.
¿Quién quiere ser el décimo?

Juan Miguel dijo...

Venga yo seré el próximo si queréis, se hacen cortos los capítulos, pero se va poniendo muy interesante, como siempre consigues que nos pongamos en la piel de los protagonistas.
Muchas sensaciones, gracias maestro.

Nacho dijo...

JuanRa, no aguanto más si aparecer en tan fascinante historia. Condiciones las que quieras, ya sabes que estoy a tu disposición para lo que me pidas.
Te superas en cada capítulo, eres genial.

Nacho dijo...

Se me adelantó Juan Miguel, cachis! quería haber sido el primero en los comentarios para aparecer en el próximo capítulo.

Roquito dijo...

Bravo Juan,me encanta el.capítulo y no se a hecho largo para nada,al contrario estoy deseando ver el siguiente capítulo !!!

Anónimo dijo...

Guau...lo he vivido totalmente!!!! Me encanta esto.Pepi

Ángeles dijo...

¡Trepidante y emocionante! Las escenas son muy visuales, muy gráficas; es muy fácil "ver" a Tomás intentando desatarse, a las chicas moviendo el tonel, al zombi flaco todo desmañado, y todo lo demás...
Enhorabuena once more :)

Holden dijo...

Cabeza afeitada, barba tupida. Así me gusta, un hombre de verdad :P

Anónimo dijo...

Yo hasta puedo ver a Ángeles desaseada y con el pelo un tanto desgreñado recogiendo la pesca...¡increíble!
carlos

JuanRa Diablo dijo...

Muy bien, Juan Miguel, ¡concedido!
Ha sido increíble esta velocidad; tu mensaje ha llegado de inmediato, y un segundo después el de Nacho :O
Ahora, como es habitual, una petición por mi parte: elige a otros dos compañeros de los 5 que faltan por aparecer en la historia
Y gracias por seguir el juego :D

Uyyy, Nacho, ¡por solo un segundo! Debíais estar los dos escribiendo al mismo tiempo, jaja. Bueno, aun puedes ser elegido por Juan Miguel, y si no, ya no falta mucho para "subir al escenario"
Gracias también por tanto interés. ¡Así da gusto!

Estupendo, Roquito, espero que te sigan gustando tanto. No te separes mucho de Lucille, ¿eh? Esos desgraciaos son a veces muy silenciosos.

Pepi: ¡Yo también te veía perfectamente! Solo me falta soltarte un perro zombi para darte el susto padre, jaja

¡Qué bien, Ángeles,! ¡Mil gracias! ¿Entonces me está saliendo un cómic sin necesidad de dibujar? Esto es lo que tiene ser un buen zombiólogo, que se tiene el mundo de los muertos vivientes muy vivo. Y cuando me pongo a caminar... :p

PD. ¿Once capítulos más? ¡Claro, y puede que doce! :D

Holden:

Y espérate, que también un cachobestia (pero ya sabes, el macarra con corazón de oro :p)

Carlos:

Sí, ¿verdad? Esa horquilla para el pelo también le sirve de marcapáginas del libro que siempre lleva a cuestas ¡Eso le pega aún más, ¿no crees? :)
¡A ver dónde te meto a ti, amigo!

Ana Bohemia dijo...

¡¡Toma ya!! Que bien se desenvolvió Tomas con el zombie. Buen capitulo, tiene un poco de todo. A propósito, Pobre Imee, por otra parte menos mal que no hay perros zombies, ¿o los hay también?
:D
PD: Mientras te escribo esto están pasando en la tele, Zombies party, una noche de muerte. Estoy viendo señales por todas partes...

Juan Miguel dijo...

Pues nada Juan elijo a Nacho (ya que como bien dices le faltó segundos, jeje) y Mª José Olalla, espero que sean buenos compañeros de viaje, jaja, sino es así te los cargas enseguida :O, es broma. Ahora que sé que soy el siguiente tengo más ganas de leer el próximo capítulo, y más nervios para ver que sucede.

Juan esto parece una editorial que sale por fasciculos cada semana, jeje.

Pdta. Hurry to post the next chapter, thanks.

Montse Martínez Ruiz dijo...

¡Madre mía, esto está super emocionante!
Lo describes muy bien, casi se puede ver a Tomás sacándose las cuerdas y luchando con el zombie y puedo ver la columna de humo, esa que los unirá a todos para formar un equipo más fuerte ¿o tal vez no?

Yo me estoy comiendo las uñas, estoy ansiosa por salir, aunque ya leo que el puesto está ocupado y me resigno, pero estoy cargando mi motosierra de poda para llevármela ¡pienso cargarme a más de uno de esos carne-floja de zombies!

Besitos!

Nacho dijo...

Juan Miguel, primero darte las gracias por elegirme como compañero de viaje. Que majos sois los Yeclanos!!! Seguro que nos llevaremos bien.
Ufff que nervios, a ver que nos depara el próximo y próximos capítulos, que el guionista parece que es poco cabroncete, jeje, esperemos que no nos haga sufrir mucho, o sí… aunque bueno, ya tendrá en mente cual será nuestro papel, yo estoy a su disposición, me dejaré hacer lo que desee, él es el que manda.
La verdad es que ya estoy ansioso por ser un personaje en esta historia y que sepas JuanRa que estoy muy orgulloso de formar parte de esta experiencia.
Nos tienes en vilo, publica yaaaaa el próximo capítulo!!!

JuanRa Diablo dijo...

Ana Bohemia:

Creo que no. Hay zombies como perros, pero no perros zombies. O mejor dicho, en esta historia no han nacido todavía :D

Buena peli, jeje. Esas señales están promocionando The Zombie Experience :p

Me encanta verte con ganas de zumbar a los zombis, Montse. Aquí tienes la oportunidad de dejarte el miedo en casa y entregar toda la valentía del mundo a esa otra Montse que va a darlo todo en tu lugar.

En el capítulo 5 aparecerán los tres que faltáis: Ana Bohemia, Carlos y tú.

Nacho:

Ya habrás visto que acabo de ponerte cuerpo y voz en la historia, y que sabes mucho de virus y bacterias, así que no me vayas a hacer la trastada de dejarte morder por zombie alguno, ¿eh?
Muchas gracias por tanto interés. No sabes cuántas alas me da eso para seguir :)