Esta pretende ser la historia de quince supervivientes en un mundo devastado y plagado de zombis. Los protagonistas son familiares y amigos míos que habrán de interactuar para llegar hasta el último capítulo. Pero, irremediablemente, algunos de ellos se habrán de quedar en el camino.
(Esta es una sinopsis patrocinada por Doxma)

5 feb. 2016

04. ENCUENTROS Y DESENCUENTROS

Aquella mañana, hasta momentos antes de ver la columna de humo,  Ángeles había estado escribiendo en el cuaderno que siempre lleva consigo.

Sentada sobre una piedra plana entre juncos,  al abrigo de la brisa, levantaba la cara al sol para recibir el suave calor y aprovechaba aquel plácido momento para poner en orden sus pensamientos.

No sabe muy bien para qué escribe aquellas notas, quizás por la necesidad de dejar constancia de su existencia.

Empezó a hacerlo el día en que chateaba desesperadamente con Holden, cuando todo parecía estar a punto de derrumbarse a su alrededor. 
La noticia de que el virus ya había entrado en Europa ocasionó idénticas reacciones a las que se produjeron en tantos otros países al otro lado del océano. La gente se encerraba en sus casas o abarrotaba las iglesias para rezar, torturados por el miedo y la incertidumbre. Las calles estaban completamente vacías. El silencio se adueñaba de las ciudades como si  un manto de hielo avanzara por sus avenidas engullendo el sonido de la vida.

Ángeles fue consciente entonces de que la comunicación con Holden a través de lnternet cesaría tarde o temprano. Dejar de saber de él la angustiaba incluso más que la alta probabilidad de morir ella misma.

“Pon la cam, Ángeles” - escribió él – Tengo algo muy importante que decirte”.

Ella se secó las lágrimas con las manos temblorosas. Cuando Holden apareció en pantalla vio su cara crispada por la ira.

- ¡Escúchame! – le dijo- ¡Ese puto virus no nos va a matar!, ¿me oyes? ¡¡No nos va a matar!! ¡¡Ni a ti ni a mi!!
- Holden – respondió ella negando con la cabeza-  Sabes que no se salva nadie, que...
- ¡Mentira! - interrumpió él- ¡Sí que hay supervivientes!  Lo he oído en comunicados por radio. ¡No todos mueren! Algunos sobreviven y... escúchame ¡y deja de llorar, hostias! ¡Mírame! ¡Mírame te digo!
- Te miro.
- Voy a ir a por ti, ¿vale?
- ¿Qué?
- Que voy a ir a tu casa, así que espérame. No llores, ¡ni una lágrima!, no te rindas y repite conmigo: “Yo no voy a morir” ¡Repítelo!
- Yo... no voy a morir.
- ¡Otra vez! - volvió a gritar - ¡Pero de verdad! ¡Quiero que te lo creas porque es verdad!
- Yo no voy a morir.
- Bien, presta atención. No sé cómo están las cosas por ahí afuera y puede que esté complicado el tema de los desplazamientos, así que no sé cuanto tardaré desde Madrid, pero ten por seguro que voy a verte.
- Holden... - comenzó a decir, y aunque su intención era disuadirle porque lo veía una locura, se limitó a sonreír y asentir con la cabeza.
- Recuérdalo – insistió – por muy asustada que estés, no te rindas. Ni tú ni yo vamos a morir

Cuando se despidieron y apagó el portátil, Ángeles seguía viendo el futuro tan negro como la oscura pantalla que quedó ante sus ojos.

Se aproximaban tiempos inciertos, de terror, dolor y desesperanza, y estaba tan asustada que no se sentía capaz ni de asomarse a la ventana.

Pero entonces recordó la cara de su amigo, su  forma tan característica de apretar la mandíbula cuando decía algo con rabia, y del puñetazo que había dado en la mesa cuando la vio llorar, y una leve sonrisa asomó a sus labios.

Miró a su alrededor y vio una libreta con adornos florales que jamás había usado.
La abrió, pasó la mano por su primera página en blanco y tomando un lápiz  empezó a escribir:
Yo no voy a morir. No voy a morir. Me lo ha dicho Holden. Y yo le creo

Aquella mañana, cuando Anasister y Pepi conseguían que el humo ascendiera para ser una llamativa señal de vida, Ángeles releía  aquella primera página y le parecía que había sido escrita una eternidad atrás.

Pasando los dedos por aquellas primeras palabras, como si las acariciara, miró al frente para ver cómo Holden, desde lejos, le mostraba el barbo que acababa de pescar.

Y  entre el murmullo del agua le llegaban sus gritos de júbilo remontando el río.
…..................................................................
¿Por qué yo?

Sin duda esa era la pregunta que más a menudo se hacían los que quedaron en pie tras aquella devastación mundial.

¿Por qué les tocó ver a sus seres queridos apagarse entre intensas fiebres sin que a ellos le afectara lo más mínimo? ¿Qué tenían de diferente para que el virus les pasara de largo o no les afectara? ¿Por qué les eligió la suerte en vez de la muerte?

Aunque, ¿se podía llamar suerte a aquello realmente?

De Estados Unidos habían llegado comunicados  dando una orden muy precisa que se extendió  por todo el planeta: era absolutamente necesario destruir el cerebro de los fallecidos antes de los 10 minutos de haber dejado de respirar.  Bastaba con clavar un objeto punzante en la frente o en cualquier zona del cráneo siempre que llegara a la masa encefálica y la dañara en mayor o menor medida.

A pesar de la insistente advertencia, lo más común era que no quedara nadie en las familias para llevar a cabo esa acción, y en los casos en que un miembro no afectado pudiera hacerlo, no siempre tenía los conocimientos o la predisposición o la rapidez para hacerlo.

Juan Miguel fue uno de tantos otros supervivientes que no fue capaz de perforar los cráneos de los miembros de su familia  cuando ambos fallecieron, pero fue ante todo por el hecho de desconocer realmente las consecuencias de su inacción. Siempre creyó que  aquellas órdenes  tenían por objeto destruir al virus para que no siguiera propagándose, algo que le parecía absurdo, cuando a ojos vista era ya  imparable.

Había asistido a sus padres  hasta el último segundo, y cuando expiraron, uno junto al otro, quedó arrodillado con la cara hundida sobre la cama. En su mente comenzaron a fluir recuerdos familiares encadenados, recuerdos que la realidad se empeñaba en interrumpir, llenándole el corazón de dolor y amargura.

En aquellos momentos percibió  bajo la manta un leve movimiento que le hizo levantar la cabeza.  ¿Había sido solo su imaginación?  No, tan solo unos segundos después su madre giró levemente la cabeza hacia él.  No podía creer lo que veía ¡seguía viva!  

Se apresuró a ponerse a su lado y hablarle, y como viera que sus ojos se habían abierto y la cara mostraba una extraña expresión, como de estar asfixiándose, la incorporó para acomodarla sobre un par de almohadas.

- ¿Cómo te sientes, mamá? - le preguntó al tiempo que le tocaba la frente para comprobar que la fiebre había desaparecido - ¿Quieres agua? ¿Necesitas...?

En un acto reflejo retiró el brazo que su madre intentó de repente morder, con el mismo gruñido que hubiera emitido un perro hambriento al que intentaran quitarle la comida. Juan Miguel se apartó de ella confuso, y su perplejidad aumentó cuando tras una leve sacudida del cuerpo, su padre abrió los ojos de golpe.

Aturdido por tan inesperados e inexplicables acontecimientos, y no sabiendo cómo actuar, cogió la manta desde el otro extremo de la cama y la lanzó sobre sus cabezas.

- ¡No! - les gritó - ¡¡No quiero veros!! Si no sois vosotros ¿para qué despertáis?

Los gritos parecieron excitarlos y ambos se levantaron de la cama. Su padre, o aquel ser inmundo que seguía teniendo la apariencia de su padre, le mostró los dientes cuando la manta cayó de su cabeza y en sus ojos vio también la expresión de un perro furioso que necesitara atacarle  a toda costa.

En un rincón de la habitación había un perchero de madera que Juan Miguel aferró con fuerza, y con él, a modo de lanza, empujó hacia atrás a su padre, que perdió el equilibrió y cayó sentado en el suelo. Tuvo que hacer lo mismo con su madre que le miraba con la cabeza torcida y un rictus repugnante en la boca. Así, durante unos minutos estuvo apartando de su lado  a los dos resucitados, pero era tanta la insistencia de estos  que, desesperado,  les lanzó con fuerza el perchero y salió huyendo de la habitación.

Se encaminó apresurado hacia la cocina y con manos temblorosas buscó en el cajón de los cubiertos el cuchillo más grande que hubiera. Ahora comprendía aquella orden de destrozar el cerebro de los muertos.

Apenas había cogido el primer cuchillo que encontró, cuando escuchó a su lado el jadeo del zombi que ya le había dado alcance, y en un rápido movimiento a la defensiva le hizo un profundo corte en el cuello.  Pero esto no le detuvo en absoluto, por lo que Juan Miguel levantó la pierna derecha para lanzar hacia atrás a su padre con una enérgica patada. Juan Miguel aprovechó para salir de la cocina en el mismo instante en que entraba su madre con las manos arañando el aire y esa boca torcida por la que asomaba una lengua sanguinolenta. Alzó el cuchillo a la altura de sus ojos, dispuesto a hundir el arma entre ellos, pero en el último instante le faltó el valor necesario y cuando ella le rozó con sus dedos, él la apartó con fuerza hacia un lado.

Su padre se estaba incorporando cuando Juan Miguel huía hacia el salón. Pisó el charco de viscosa sangre negra que manaba del cuello abierto del muerto y resbaló. Al caer al suelo estuvo a punto de clavarse el cuchillo a sí mismo.

El zombi le agarró entonces  por los tobillos y se impulsó para morderle en una pierna; fue en ese instante cuando Juan Miguel no dudó lo más mínimo para desde el suelo girarse de inmediato. Se volvió e introdujo  con todas sus fuerzas el cuchillo en la frente de aquel ser inmundo, que quedó inmóvil con las pupilas mirando al techo.

Extrajo el cuchillo, y con una furia incontenible se levantó para hacer lo mismo con la que fuera su madre.

Esta se acercaba con la cabeza torcida. Había estado mordiendo su propia lengua y un trozo se desprendió.

Juan Miguel se repetía interiormente que ya no era su madre, era solo su carcasa, que otro ser la había invadido y la hacia caminar hacia él con la intención de devorarlo. Cuando estaba dispuesto a hacerla descansar para siempre, su mirada se desvió unos segundos a los pendientes que ella llevaba puestos, un regalo que él le había hecho en el último cumpleaños. La recordó sonriente, abrazándole, y entonces supo que no podía hacerlo, que no estaba preparado.

Abrió la puerta de cristal que daba acceso  a la pequeña terraza y salió. Ella no tardó en asomar y tras detenerse unos segundos porque la luz pareció cegarla, lo miró y  se encaminó de nuevo hacia él, que la esperaba  parapetado tras  el tendedero plegable. Lo alzó ante su cara impidiendo que ella pudiera morderle. La oía gruñir furiosa, la veía bracear a uno y otro lado de las barras de aluminio, buscando la forma de aferrarse a cualquier parte de su cuerpo, pero, incomprensiblemente, Juan Miguel dejó de tenerle miedo para pasar a sentir una profunda tristeza. 

 
- Lo siento -  le decía mientras la iba empujando hacia una esquina de la barandilla - Siento que esto haya tenido que acabar así”

Una vez arrinconada la miró hasta sentir que estaba mentalizado para el desenlace.
 
- Adiós, mamá- le dijo. Y agachándose con rapidez, empleó toda su fuerza para, todavía con el tendedero como escudo entre ambos,  aferrarla por las piernas e impulsarla por encima de la barandilla hacia el vacío.

….....................................................................................

Nunca  hubiera imaginado ella, ni en sus mejores sueños, llegar a ser la mano derecha de uno de los hombres más ricos e influyentes del país. Dueño de varias empresas en Europa y América, cotizando siempre al alza por sus excelentes rendimientos, apenas tenía tiempo para mantener una relación directa y cercana con ninguno de sus cientos de empleados. Ni siquiera en las reuniones de empresa, en las que nunca mostró especial interés por nadie de los allí presentes.

Sin embargo era más observador de lo que aparentaba, y a ella, por esa discreción que la caracterizaba, por el buen trato personal, por la eficiencia para resolver todo lo que él consideraba “asuntos fastidiosos” y, en definitiva, por su savoir faire, le tenía reservada una considerable mejora en su trabajo.

Una mañana le pidió que pasara por el despacho de la octava planta, advirtiéndole que al llegar entrara sin llamar y le esperara allí. Así lo hizo, y al abrir la puerta quedó maravillada por las vistas tan impactantes a través del gigantesco ventanal. Las paredes estaban forradas de láminas de caoba, había detalles vegetales muy elegantes que resaltaban en aquella luz matinal, y la mesa...

En la mesa descubrió una placa dorada con letras talladas en la que se podía leer: MARIA JOSÉ OLALLA. DIRECTORA DE GESTIÓN.

Fue uno de los días más felices de su vida.

Habían pasado tan solo 6 meses desde aquel “sueño” maravilloso cuando él la llamó a su despacho.
Le encontró un rictus extremadamente serio, con la mirada perdida en la pared, sin percatarse siquiera de que ella había entrado. 
 
- Ah, María José, - exclamó al volver de su abstracción – siéntese, por favor.

- Dígame.

Aún pasaron varios segundos antes de que él empezara a hablar.

- ¿Sabe usted... ? ¿Imagina usted cuánto dinero he ganado desde que fundé esta empresa?

- Pues... no – respondió ella bastante sorprendida ante tal pregunta.

- Todo y nada – dijo él finalmente.

- Disculpe, no le entiendo.

Él se miró las manos mientras hacia gestos de negación con la cabeza. Por fin comenzó a hablar.

- He subido a lo más alto, a todas las cimas que me propuse, he llegado a tenerlo completamente todo, ¡todo! para descubrir un buen día, un día como otro cualquiera, un día como hoy mismo, que en realidad no es nada, que habiendo alcanzado todo... ¿de qué sirve hoy? ¡De nada!

- Perdóneme, pero sigo sin entenderle ¿puede explicarme qué  ocurre?

- ¿Ha oído hablar de todo lo que está sucediendo con lo del virus?

- ¿El de Estados Unidos? Sí, claro.

- ¿Qué ha oído?

- Que ha muerto mucha gente.

- ¿Cuántos?

- Unos 90 dijeron la última vez que oí las noticias.

- Están rondando los 200.000, probablemente ya sean más desde que hemos empezado a hablar.

Se quedó mirando fijamente su expresión. María José parecía haberse petrificado.

- Sí -continuó-, es más grave de lo que imaginábamos. He recibido informes de expertos. Lleva visos de convertirse en una pandemia mundial sin precedentes. Es altamente mortífera y no tardará mucho en llegar aquí.

María José se llevó las manos a la boca. Se le amontonaban las preguntas en la cabeza y sin embargo no era capaz de articular palabra.

- Pero... Cómo sabe... Por aquí no han dado ninguna señal de alarma... ¿no será...?

- No tardarán en hacerlo. Usted me dijo que tenía familia, ¿no?

- Si, dos hijas

- Bien, me va a hacer  un favor, María José – y le entregó una tarjeta que sacó de un cajón- Vaya cuanto antes a esta dirección y pregunte por Nacho. Bueno, es posible que solamente esté él. Dígale que va de mi parte, aunque tampoco hará falta eso, él ya tiene órdenes mías. Le entregará una caja. Es para usted.

- ¿Cómo? Perdóneme, no... no le estaba escuchando, es que estoy aturdida.

- Lo comprendo. Preste atención ahora, es importante.

- Sí, dígame.

- En esa dirección le van a entregar un paquete. Vaya a por él. Cuando lo tenga llámeme- Y viendo que ella permanecía en la silla sin reaccionar, se levantó y le ofreció una mano.

Vamos, es mejor que no pierda tiempo. Pero procure prestar atención conduciendo, no vaya a tener un accidente.

Aquel almacén estaba en el otro extremo de Madrid. María José miraba los árboles de la avenida como si fuera la primera vez que los veía. Le parecían bellísimos. Vio un par de palomas posarse en el semáforo y cómo la gente cruzaba por el paso de cebra. Hombres, mujeres, algún niño de la mano de su madre... caminaban todos en las dos direcciones, llevaban ropa colorida y muy distinta. Lo veía todo con profunda admiración, como si fuera ajena a ese mundo al que siempre había pertenecido y ahora lo viera diferente, prodigioso. 

Una voz interna parecía decirle que retuviera para siempre aquellas imágenes, pues el mundo, tal y como hasta ahora lo había conocido iba a desaparecer de forma repentina. 
 
Había un solo coche en el parking. María José caminó alrededor de aquella nave industrial buscando un acceso. Encontró una gran puerta metálica con un timbre y lo pulsó. Segundos después se levantaba esa puerta y María José recordó por un instante el cuento de Ali Babá que contaba a sus hijas cuando eran pequeñas. “Ábrete, sésamo”, pensó.
 Aquel almacén parecía una ciudad de edificios de cartón y madera. Cajas y más cajas con etiquetas de diversos colores apiladas en distintas alturas, y largas y rectas calles le daban todavía más aspecto de ciudad. De ciudad abandonada.

 
- ¿Hola? - gritó al no ver a nadie.

- ¡Voy! - contestó una voz, y enseguida apareció un hombre que se secaba las manos con un trapo- Perdone, estaba en el otro extremo.

Nacho se movía con rapidez por aquel lugar, a pesar de no haber dormido apenas en los últimos días. A María José le resultó una cara familiar. 

- Viene por la caja de Doxma, ¿no?

- Sí

- Acompáñeme.

Mientras caminaban, él la miró con disimulo un par de veces.

- Una pregunta – le dijo- Es que diría que nos conocemos. ¿Eres María José?

- Sí – contestó ella con sorpresa- Y sé que te conozco pero no sé de qué.

- Soy Nacho, ¡estudiamos juntos un par de años!

- ¡Claro! ¡Nacho! ¿Qué tal estás? - y se saludaron con dos besos.

- ¿Entonces trabajas en Manbark?

- Así es, ¿y tú? ¿qué lugar es este?

- Trabajo para una multinacional farmacéutica. Este es solo uno de sus almacenes. ¡Pero cuánto tiempo sin vernos! ¿qué tal estás?

A ella se le humedecieron los ojos.

- Ay, Nacho. Me iba muy bien... me va muy bien, de hecho, pero hace un rato que estoy hecha polvo.

- Lo imagino. Ya te han puesto al corriente, ¿no?

- ¿Cómo lo sabes? ¿Conoces a mi jefe?

- Desde hace años. Y lamento haberle dado tan malas noticias.

- Yo... sigo confusa. ¿Qué sabes de esto? Explícamelo bien, por favor.

Él suspiró hondo.

- No sé si has oído hablar de este medicamento, le dijo mostrándole una caja con una etiqueta blanca en la que se leía: Doxma.

- No

- Yo tampoco lo conocía hasta hace bien poco.  A ver... Creo que es mejor que empiece desde el principio. ¿Tienes prisa?

- Estoy deseando volver a casa. Necesito hablar con mi marido y ver a mis hijas.

- Pues verás, todo esto que te voy a contar lo sé por información directa de mi hermano, que trabaja en el Departamento de Virología de Maryland. Es un virus tan desconocido que ni siquiera se sabe aún cuál es el portador ni el medio por el que se propaga, pero infecta rápidamente la sangre. Se convocó una comisión urgente de virólogos, que  ha estado trabajando contrarreloj en estas pasadas semanas buscando una vacuna. Y la encontraron, o eso creen, dado que la probaron en tres individuos recién contagiados y mejoraron, pero surgió un segundo problema aún mayor: la gente que muere... - y quedó callado.

- ¿La gente que muere? ¿Qué pasa?

- La gente que muere... es difícil de explicar... no muere del todo, sufre una especie de trasformación que la vuelve agresiva. Pierden el habla y solo se mueven buscando la forma de... de morder. Pasan a ser auténticas bestias carnívoras.

- ¡Qué horror!  – susurró María José, que seguía escuchando tan inmóvil como una estatua.

- Sí, un horror, bien puedes decirlo. Pero a lo que voy: los virólogos no creen posible producir esa vacuna en la cantidad necesaria en tan poco tiempo. El avance de la pandemia es impresionante y aunque se consiguiera de algún modo administrarla, no surte ningún efecto en la gente contagiada que ha pasado a la segunda fase, la agresiva.

- ¿Entonces?

- Como te he dicho,  los afectados sucumben a la fiebre. Al principio caían en coma y al despertar tardaban unos días en mostrarse violentos, pero esos tiempos se han acortado, al parecer porque el virus mutó y se hizo más resistente y más mortífero. Parece ser que los infectados mueren realmente y con ellos el virus que los mató, sin embargo estos nuevos seres que resucitan desarrollan una bacteria en la saliva que es también tremendamente peligrosa.

- Pero, ¿tanto tiempo ha habido para estudiar estas cosas? ¿Desde cuándo...?

- Es que no empezó en Estados Unidos, sino en Filipinas, varios meses antes.

- Sí, lo recuerdo.

- Desde el primer caso conocido, el de una chica que se llamaba Eimy, o algo parecido, se empezó a investigar. Fue trasladada a Maryland,  y allí se analizó todo su organismo. Se descubrió esta bacteria en su saliva, que  es capaz de reactivar el organismo que el virus ha destruido, o mejor dicho, que el virus previamente alteró. Es decir, y aunque te va a sonar a ciencia ficción, el virus dejaba a la bacteria el cuerpo preparado para que ésta se desarrollara con las condiciones necesarias para dar lugar a un nuevo individuo.

- No sé si alcanzo a entender del todo lo que me dices, pero estoy aterrada. ¿Qué posibilidades tenemos de evitar todo esto? ¿Existe alguna? ¿Qué pasa con esto que me enseñas? ¿Qué hace este Doxma?

- Poca cosa. O mucho, según lo veas.

- ¿Por qué?

- La posibilidad de sobrevivir al virus es muy baja. Están hablando de un diez por ciento, puede que incluso menos. Esto supone que miles de millones de personas van a desaparecer de la Tierra.

María José miró alrededor para buscar un lugar donde sentarse, porque se estaba mareando.
Él le colocó una caja de madera.

- ¿Estás bien?

- No, no estoy bien. - dijo enjugándose las lágrimas- Quiero irme, necesito ver a mi marido y a mis hijas. Pero todavía no sé  por qué he venido a por esto.

- Pues porque aquellos que logren sobrevivir... En fin, que se ha descubierto que la codeína en combinación con la prometazina paraliza esta bacteria que solo se transmite a través de la sangre. Se está investigando todavía si sería algo definitivo. Mi hermano me llamó para decirme que no hacía falta ningún preparado especial contra esta bacteria, que ya tenemos un medicamento aquí que las contiene en las proporciones necesarias: el Doxma.

- Pero, ¿entonces se consigue en farmacias?

- No en todas, desde hace un tiempo se ha comercializado una nueva marca que solo contiene codeína. No es efectivo. Yo me comprometí a conseguir todas las unidades que pudiera.

- Pero ¿qué es esto, para qué se receta?

- Es algo tan simple y tan inocuo como un jarabe para la tos.

- ¿¿ Doxma es un jarabe para la tos??

- Así es. Y además infantil.

Después de meter la pequeña caja en el maletero se despidieron con un prolongado abrazo, deseándose toda la suerte del mundo.

Sentada ante el volante hizo una llamada al trabajo.

 - ¿Ya la tiene, María José? - escuchó decir a su jefe nada más descolgar el teléfono.

- Sí, ya la tengo.

- Estupendo. Espero que le sirva.

- Pero me pareció oír que me pedía un favor, ¡y el favor me lo hace usted a mí!

- No, no lo crea, me hace sentir mejor el intentar ayudarla.

- ¡Gracias, muchas gracias! - respondió emocionada - Me va a permitir que mañana me tome el día libre, necesito asimilar un poco todo esto.

- María José – escuchó decir con solemnidad - ¿no lo entiende todavía? Permanezca con su familia, no tiene que volver. Que Dios la proteja a usted y a los suyos - Y colgó.

Mientras volvía a su casa llorando, su jefe siguió recibiendo a sus empleados en su despacho.

Uno a uno les hacía pasar, les pedía que tomaran asiento y les comunicaba que tenía algo muy importante que decirles.

15 comentarios:

Holden dijo...

¡Genial! Voy a tener que ir aprendiendo a pescar para ponerme en consonancia con tu obra xD Esto va fenomenal JuanRa, me parece que te va a quedar una historia de lo mejorcito: las piezas van encajando poco a poco ^^

JuanRa Diablo dijo...

Zumbazombis:

Ya solo quedáis tres para completar el grupo de quince que conforma esta aventura.
Una vez entréis todos en acción, escribiré un resumen de lo hasta ahora acontecido para que me deis vuestra opinión y me sugiráis posibles caminos a seguir.
Os recuerdo que una vez termine el plazo para elegir lider, los tres menos votados correrán un gran peligro y al menos uno será baja (probablemente devorado por un zombi)

De momento, ¿qué personaje o escena os ha gustado más?

¡Hasta pronto, valientes!

JuanRa Diablo dijo...

¡Ah, Holden, que te has adelantado!
Me alegra un montón leer tu opinión. Aquí tiene que encajar todo ¡aunque sea a mamporros! :D
Deja la caña y mira a ver qué pasa en tu aldea. ¿Ah, y cuida bien de Ángeles!, ¿eh?

Juan Miguel dijo...

Joder Juan como se enteren mis padres me van a querer matar pero de verdad, que angustia he pasado.

¿Jarabe para la tos?¿y de niños?, jejejeje

Punto de humor Americano, eres un crack.

Sigue así.

JuanRa Diablo dijo...

Que conste, Juan Miguel, que no pensaba en tus padres cuando escribía, ¿eh?
Digamos que el que se mete en una historia de zombis, sigue siendo él, pero sus padres... son otros.
(Sí, es una cosa muy rara, jaja)

Montse Martínez Ruiz dijo...

¡Madre mía, cómo está de interesante! Lo describes tan bien que es como si ya estuviera viendo la película, me imagino las escenas, los lugares, si es que casi veo a Holden en la pantalla del ordenador diciéndome "No nos va a matar, ni a ti ni a mi" y la escena del pobre Juan Miguel con sus padres es genial, la lucha entre la ternura y el espítiru de supervivencia que hay dentro de cada uno de nosotros.
Que el Doxma sea un jarabe infantil me ha hecho sonreir, el resto me ha puesto los pelos de punta. Me encanta como llevas el relato, haciéndonos saltar de una historia a otra y siempre manteniendo el interés.
Me pido salir en seguida, que me hace mucha gracia saber qué va a pasarme dentro de esta historia!!
Muchos besos.

Nacho dijo...

Pobre Juan Miguel, que mal rato ha tenido que pasar cargándose a sus padres, lo describes tan bien que no me extraña que se angustiara en esa parte del relato que le ha tocado vivir.
JuanRa, te superas en cada capítulo, la historia va genial, eres un gran narrador con mucha imaginación, enhorabuena!.
Habrá Doxma para todos?

Natty dijo...

wuaaaaa, esta historia está cada vez mejor y más enredada =P ... siempre se me ha hecho un poco difícil leer historias con tantos personajes.

Saludos!!! Ya esperando la próxima entrega!!

aH!! Y sobre lo que más me ha gustado estoy entre la historia de María José y la de Tomás!!

Ángeles dijo...

Es todo muy emocionante, JuanRa. Los personajes tienen mucha entidad, las tramas están muy bien presentadas y los escenarios muy bien definidos. Te felicito.

A mí me parece muy bonita la parte del río, y no lo digo por los personajes (bueno, por los personajes también, claro :D), sino porque en un universo zombi, ese escenario es el que parece menos trastornado. Las ciudades mueren, dejan de funcionar, pero el bosque y el río siguen tal cual, con sus árboles mecidos por la brisa y sus peces mecidos por la corriente. Me parece una metáfora de la supervivencia, de que no todo está perdido, de que una parte de nuestro mundo es más fuerte que el dichoso virus. Y eso inspira a los seres humanos para no desfallecer.

Saludos a todos!

Ana Bohemia dijo...

Este capítulo atrapa. Me ha angustiado mucho la parte de Juan Miguel y sus pobres padres transformados, casi he sentido el sobresalto de notar en la nuca el aliento del zombie, ahhh y su madre comiéndose su propia lengua. También me ha gustado la última conversación con esa información interesante.
Muy bueno
;)

Anónimo dijo...

Felicidades de verdad! Te está quedando una genialidad con todas estas escenas simultáneas desarrollándose por todo el país y por todo el globo. Además como ahora mismo está sucediendo lo del virus Zica ese y hace poco sufrimos lo del ébola, queda de lo más oportuno; menos mal que, de momento, la realidad no supera a la ficción.
De los personajes protagonistas, de momento, me están gustando especialmente Holden y Ángeles, quizá porque los conozco un poco y creo que has captado su personalidad real. Y además, es que hacen muy buena pareja ja,ja! Ahora, que el momento emotivo de "repite conmigo" no puedo imaginarlo sin acordarme del actor ése que lleva semanas anunciando la gala de los Goya, ese al que Penélope Cruz le insta a repetir "soy gracioso y todo va a salir bien...! ja,ja,ja.
También me sigue impactando la australiana Nerine, otro personaje formidable que estoy esperando vuelva a dar señales de vida.
Un momento que me gusta es este que acabas de describir en el que Mª Jose comienza a ver con otros ojos la "belleza" del mundo rutinario que está próximo a extinguirse.
Y por último, me admira sobremanera tu capacidad para llevar andantes dos blogs a la vez. ¡Tremendo!
carlos

María José Olalla dijo...

Que grande eres Juan. Me encanta!
Magistral como vas desarrollando la historia y la forma en que la narras

Roquito78 dijo...

Juan y si en los próximos capítulos de se escapasen los zombis y nos acorralaran? Y tuviéramos que huir de ellos? Te recuerdo que si matas uno y usas si sangre y vísceras para restregartelas impregnandote de olor a zombis no te detectan ya que ellos se guían mucho por el olfato también, no se es una sugerencia

JuanRa Diablo dijo...

Montse:

No veas cuánto me entusiasma tu entusiasmo :) :)
Acabo de estrenar tu personaje en la historia. No sé si tendrás mucho espíritu hippy, pero te he metido en una caravana con Ana Bohemia y Carlos.
Y a ver qué pasa, ¡que a la gente positiva no la para ningún zombi! ;)

Nacho:

De momento a Juan Miguel le ha tocado la parte más dura, pero como lider le auguro mucha fortaleza para superarlo, jeje.

Muy peliculero es lo que soy. Y, calro, si me doy cuerda... :D
Muchas gracias, Nacho

PD. Eso te pregunto yo a ti, ¿habrá Doxma para todos?

Natty:

Esta es una historia con 15 personajes, pero creo que los zombis quieren hacerte un favor y para que no te sea demasiado difícil pretenden comerse a unos cuantos xD

Gracias por el interés, Natty

¡Qué maravilla lo que dices, Ángeles!
Y además tan cierto. ¿Qué pretendemos dando la espalda a nuestro verdadero origen, a vivir de forma natural, sin artificios? La Naturaleza segue ahí para recordarnos que nuestro sustento estará siempre en ella, algo que no parecemos tener muy presente.

Todas estas cosas son las que anotas en tu libreta, ¿lo sabías? ;)

Qué bien, Ana, o Bohe, como también te van a llamar en la historia. Me ilusiona que te atrape. ¡Muchas gracias!

Guauu, Carlos, ¡¡qué chute de ánimos el que me das!!
La verdad es que hay una serie de personajes, como Holden o Nerine, que creo me pueden dar mucho juego, porque los imagino muy bien y eso hace que los pueda dibujar con mayor realismo.

Y el que te haya gustado tanto esa escena de Maria José mirando todo con emoción me satisface mucho.

Repite conmigo: ¡No me va a comer un zombi! ¡No me va a comer!

María José Olalla:

Pero quién nos iba a decir que nos ibamos a meter en esto, ¿eh, calabaza? :D
¡Mil gracias!

Roquito:

Muy bien, eso quiero yo, ¡sugerencias!, y no descarto esa de untarse carne de zombi por el cuerpo, cual mermelada sobre tostadas, jaja
Por evitar que un zombi te coma las entrañas yo me empastaria hasta las cejas de lo que hiciera falta, por muy vomitivo que fuera.

Después del capítulo 5 vendrá un resumen de lo que llevamos y os pediré más sugerencias, ya lo verás.

Montse Martínez Ruiz dijo...

¡Me encanta la idea de ir en una caravana hippie con Ana y con Carlos! jeje ;)