Esta pretende ser la historia de quince supervivientes en un mundo devastado y plagado de zombis. Los protagonistas son familiares y amigos míos que habrán de interactuar para llegar hasta el último capítulo. Pero, irremediablemente, algunos de ellos se habrán de quedar en el camino.
(Esta es una sinopsis patrocinada por Doxma)

10 feb. 2016

05. SE ACERCA UNA TORMENTA

Carlos sujeta con vigor las patas traseras del conejo y lo libera del alambre. En realidad el animal se estranguló al caer en la trampa, pero es la fuerza de la costumbre la que mueve a Carlos a tomar precauciones. No todo lo que parece muerto lo está siempre realmente. 

Regresa a través  de la llanura, esquivando las anchas grietas y  los espinos, y asciende la suave loma  hasta vislumbrar  la autocaravana. 

Hace una hora que salió el sol y un día más aquella colorida casa con ruedas vuelve  a ayudar a que todo siga pareciendo como antes, igual que siempre. 

Cuando Montse lo ve llegar le hace una señal de aprobación levantando el pulgar  y se mete en el vehículo para sacar lo que va a necesitar. 

- Bohe, deja eso y ven a ayudarme; hoy haremos arroz con conejo. 

Ana deja su lámina de dibujo a los pies de la cama, se levanta con desgana y  estira los brazos hasta tocar el techo con las palmas de las manos, su forma favorita de desperezarse. Antes de salir echa una mirada a su inacabado carboncillo de Audrey Hepburn y lo termina mentalmente. 
Nunca queda satisfecha con ninguno de sus retratos, sin embargo siempre ha pensado que algo especial tendrán sus dibujos cuando siempre los vendió con facilidad. Carlos los adora. Si por él fuera nunca se habría desprendido de ninguno. 

Mirando las pupilas de la actriz,  recuerda su pasado bohemio, aquella vida de completa libertad en la que  encaraba con despreocupación la manera de subsistir cada día, sin mirar nunca mucho más allá.   
Hasta hace bien poco, para Ana Bohemia, cada nueva jornada era una nueva aventura bajo el sol, y jamás sintió inquietud por no ganar lo suficiente, pues siempre ha tenido presente la filosofía de que no es más feliz quien  más tiene, sino quien menos necesita. 

El nuevo mundo no le parecería tan distinto de su antigua vida si no fuera porque ahora tiene que convivir con el miedo. Es muy joven, y se siente sana y fuerte, pero la inevitable sensación de peligro, la necesidad de estar  alerta constantemente y  no bajar la guardia es algo que desgasta la sensación de bienestar que siempre la acompañó y que inevitablemente ha minado su alegría. 

Por suerte tiene a Carlos y a Montse, con quienes pasó todo un año aislada en las montañas dentro de la caravana. La ciudad se alteró tanto con la noticia del virus mortal que escaparon juntos para refugiarse en plena naturaleza. 
- Si tenemos que morir – les dijo él- que al menos sea en un sitio bonito, rodeados de paz. 

Subsistieron gracias a la habilidad de Carlos para cazar pequeños animales del monte, aunque Ana apenas los probaba. La joven tiene en su genética la ventaja de no necesitar ingerir apenas nada y sin embargo estar sana y fuerte. 

Montse, tan llena de vitalidad como siempre,  ha sacado la mesa plegable, se ha puesto unos guantes  y ya está haciendo el corte en el vientre del conejo para extraerle los órganos. 
Ana prefiere no tener que ver aquello y se acerca a Carlos, que observa las botellas de biodiesel que estuvo preparando la tarde anterior. 

- ¿Cómo van?- le pregunta. 
- Bastante bien, la glicerina se está asentando, ya está casi transparente. 
- ¿Cuántos litros has hecho? 
- Veinte. Tenemos aceite y lejía para otros tantos, pero vuelve hacernos falta más metanol. 

- ¡Ven, Bohe, - la llama Montse - ayúdame a tirar de aquí!

La piel del conejo está vuelta del revés  casi por completo y Ana puede ver su carne rosada y brillante. 

- Ay, Montse, ya te dije que hacer eso  me pone mala. 
- Pues cierra los ojos, o mira para otro lado. 
- No deberías habérmelo enseñado, - dice tirando de la piel con fuerza mientras Montse va haciendo pequeños cortes con el cuchillo para que se desprenda - sabes que no comeré si antes  he visto al animal muerto. 
- No seas tan remilgada, niña. Tenemos para comer y hay que dar gracias por ello. 
- Ya doy gracias por tener arroz. Y tomates. Hasta por tener pipas doy las gracias. Ojalá nos sobrara con el aire para vivir, te aseguro que no he comido con apetito en mi vida. 
- Pues haber nacido flor. Yo no tengo tanta suerte como tú, me ruge el estómago desde que he visto el conejo, y ya se me hace la boca agua de pensar en el arroz con que lo vamos a acompañar. 

Montse es una mujer positiva y emprendedora. Nacida en el seno de una familia tremendamente conservadora que reprimía constantemente  su manera de ser y de pensar, la hija díscola terminó escapando de casa y entró a formar parte de una comuna hippy.  En más de un punto de su azarosa vida se encontró ante la terrible encrucijada de decidir entre volver a su hogar , con los de sus sangre, o seguir viviendo con aquella gente “de su corazón”. 
Dejándose llevar por el sentido común, y siendo siempre fiel a sí misma, terminaba eligiendo la vida errante en la que se sentía feliz. 

Tras declararse el estado de alarma y ser testigo del caos y del pánico de todos los que la rodeaban, decidió afrontar la nueva realidad sin permitir que el miedo la invadiera y renació en ella su característico espíritu de superación. 
Fue capaz de tanta concentración y seguridad en sí misma, que llegó a creer que tal actitud era lo que la había salvado. El virus no la afectó. 

Recorriendo con paciencia los lugares en los que se habían asentado las comunas que conoció, solo halló a dos jóvenes compañeros: Carlos y Ana, que felices de volver a verla con vida, la invitaron a abandonar aquella pesadilla  y marchar a las montañas en autocaravana. 
   

- Bueno, carne troceada y lista para asar, señores – anuncia Montse. 
- Voy a darme prisa en encender fuego – dice Carlos - Puede cambiar el tiempo en cualquier momento. 
- ¡Pero si hace un día  maravilloso! – exclama Montse. 
- No creas – le advierte- Es el típico sol que trae lluvia. 

Ana  recorre el cielo con la mirada para comprobar si alguna de aquellas nubes tuviera aspecto amenazador y entonces ve a lo lejos una columna blanca que baja hasta la tierra. 
- Aquello no es una nube, ¿no? 
Montse, con los guantes manchados de sangre, aparta con el brazo el pelo que cae sobre sus ojos, para mirar al cielo. 
- No – contesta Carlos observando aquello- Sin duda es el humo de algún fuego. 
…......................................................... 

Por unos instantes ninguno de los tres reacciona al ver cómo el Mustang impacta  contra el Peugeot y lo hace volcar de lado en el bancal.  Ha sido todo tan rápido e imprevisto que parecen necesitar unos segundos para asimilarlo. 
Roquito es el primero que, tras escupir el huesos de una cereza, exclama: 
- ¡La madre que la parió! - y junto a Fran echa a correr hacia los vehículos. 

A.B. se queda cogiendo unas cuantas piezas más de su desayuno  antes de encaminarse hacia allí. 

La puerta del Mustang se abre y desciende Nerine que parece respirar con dificultad. 
- ¿Se encuentra bien? - le pregunta Fran aproximándose. 
¡¡No!! - grita Nerine- ¡No se me acerquen! ¡Bastantes problemas me han causado ia! Y ahora encima, esto. ¡Maldita sea! 
- ¿Pero se puede saber qué le pasa? -alza la voz Roquito, molesto por su actitud- ¿Por qué ha hecho esto? 
- ¡No ha sido adrede! - protesta ella- Se reventó una rueda y perdí el control. 
- ¿Que le reventó una... ? - repite indignado Roquito mientras revisa todas las ruedas del Mustang para cerciorarse de que así ha sido – Señora, no veo que haya reventado ninguna rueda. 
- ¿Me está acusando de mentir? ¡Si io le digo que ha reventado es porque ha reventado! Iban sin presión, algo estaió y perdí el control. 
- ¿Pero nos buscaba por algo? - pregunta de nuevo Fran sin alterarse. 
- ¡¡Por supuesto!! ¡Ustedes se llevaron mi coche! Y vengo a recuperarlo. 
- ¡Ah, muy bien! ¡Ahí lo tiene! - responde Roquito con sorna- Enderécelo y se lo lleva. 
- No, io no tengo fuerza para hacer eso, tendrán que hacerlo ustedes. 

A.B. se acerca con parsimonia  saboreando una cereza. 

- Señora, ¿pero usted no se estaba muriendo? 
- ¡Si! - grita ella enfurecida. 
- ¿Pues a qué espera? 
- ¡Ustedes son malas personas! - responde Nerine con desprecio- ¡Se burlan de la gente enferma e indefensa! 
- ¿Nosotros? - cuestiona  A.B. - Yo diría que la que se burla de nosotros es usted, que nos hizo creer que tenía la cara llena de llagas para que nos marcháramos y no darnos nada de comer. ¡Menuda trolera! 
- Io no miento, io enfermé porque me contagié de mi marido, él sí tiene la cara iena de iagas
- ¿Su marido? - pregunta incrédula A.B. - Qué más quisiera usted que tener marido. 
- Pues te fastidias, niña estúpida, que sí lo tengo – y añade bajando el tono de voz - Aunque tal vez por poco tiempo. 
- Pero a ver, señora, - interviene Fran intentando apaciguar los ánimos- ¿qué interés tiene usted por recuperar su coche? ¿Ha dejado a su marido allá en la gasolinera? ¿Quiere llevarle a algún sitio? Usted nos dijo que la dejáramos en paz, ¿ha cambiado de idea? 

Nerine mira fijamente a Fran y comprende que relajándose tal vez consiga que sientan lástima de ella. 
- Mi marido tardó mucho tiempo en ahorrar el dinero suficiente para comprar ese coche. Ustedes se marcharon con él y io sentí que le traicionaba. ¿Me lo devolverán?  Es solo por apego sentimental, ¿comprenden? 

Fran y Roquito cruzan miradas llenas de interrogantes. 
- Bueno – dice Roquito – habrá que ver si su coche funciona ahora. Fran, vamos a empujar el Peugeot. Tiene suerte de que  no haya dado la vuelta de campana. Se habría quedado panza arriba para los restos. 

Cuando el coche vuelve a su posición horizontal comprueban que tras el golpe recibido, la rueda delantera izquierda ha quedado torcida hacia afuera. 

- Ya lo ve, señora, no se va a poder llevar su coche. Se lo ha cargado usted misma. 
- ¡Deje de acusarme!  ¡Le repito que io no quise hacerlo! 
- Bueno, como usted diga, pero ahí lo tiene, inservible. 
- ¡Pero  tengo que volver con mi marido! ¡Me necesita! - dice sin dejar de mirar su coche. 
- Bien, - dice Roquito- veamos ahora si el Mustang, además de un faro roto,  tiene esa rueda reventada que dice. 

Se mete en el coche, lo arranca y maniobra para darle la vuelta en dirección contraria. 
- Escuche, señora... - dice Roquito asomado a la ventanilla - Por cierto, ¿cómo se llama? 
- Nerine – le contesta con desdén. 
- Nerine, es usted la mayor embustera que he conocido en mi vida. 
- ¡Vamos a hacer una cosa! - se adelanta Fran antes de oír las protestas que la australiana está a punto de lanzar - ¿queda combustible en aquella gasolinera? 
- No, no lo creo. 
- ¿Está segura? 
- Allí no queda nada. 
- Pues vamos a inspeccionar entonces de dónde viene aquel humo. Sin gasolina ya no avanzaremos muy lejos. 
- ¡No, imposible! - protesta Nerine- Me han de devolver a mi refugio. Mi marido está allí y corre peligro. 

Fran mira de nuevo a Roquito, que, desde el interior del coche levanta las pupilas en un gesto de paciencia contenida. 
- Señora Nerine – dice A.B.- no nos costaría nada darle el coche y perderla de vista de una vez, pero ha tenido usted la desfachatez de venir hasta aquí, rompernos el nuestro  a propósito y encima decir que venía a recuperarlo porque le tiene cariño. ¿Sabe lo que le digo? ¡Que se vuelva a patita a ver a su marido, si es que existe! 
- ¡Maldita niña ingrata! ¿No te da vergüenza hablarle así a una mujer enferma? 
- ¡Basta! - grita Fran- Vamos a acercarnos los cuatro a aquella aldea y no hay más que discutir. Puede que allí encontremos ayuda. ¡Venga, trasladad las cosas y subid a este! 
Roquito y A.B. abren el maletero del Peugeot y sacan mantas y mochilas mientras Nerine se frota las muñecas repetidamente. Roquito, además, coge su Lucille y los tres  suben al coche. 
- ¡Vamos, Nerine, suba! - dice Fran 
- ¡Un momento! - dice ella con cierto nerviosismo- Denme un minuto para que me despida de mi querido coche. 

La ven caminar con celeridad hacia el Peugeot, abrir la puerta del copiloto y sentarse en el asiento. 
- ¡Está fatal la tía! - murmura A.B. 

Nerine abre la guantera y respira aliviada cuando ve allí el frasco de Doxma. Se agacha como para besar el salpicadero y aprovecha para esconder el pequeño frasco en el sujetador. 
La ven salir con la cara compungida de dolor, se acerca al coche y sube a él, sentándose junto a A.B. Ambas se miran con acritud. 
Cuando  llegan al punto de la carretera en que surge la desviación hacia el caserío, Fran  introduce el Mustang en el camino, pero entonces el coche se mueve en bruscas sacudidas y  se para en seco. Por más intentos que hace, Fran no logra arrancarlo de nuevo. 

- Hasta aquí la vida cómoda – les dice a sus compañeros- Nos hemos quedado sin gasolina. ¡Hay que seguir andando! 

Descienden del coche, cada uno con un bulto y empiezan a caminar. La australiana se queda de pie junto al coche. 

- Vamos, Nerine – dice Roquito - ¿a qué espera ahora? 
- No – responde ella – Yo me vuelvo a mi refugio. 
- ¡Pero qué dice! - protesta Fran- La gasolinera está demasiado lejos para ir andando. 
- No, tan solo está a unos tres kilómetros. Tengo que volver, mi marido me espera. 

Se quedan mirándola, preguntándose si será cierta la historia del marido enfermo. A.B. se acerca a ella y le entrega cuatro cerezas que saca de un bolsillo de su chaqueta. 
- Tome, para el camino. Que le vaya bien. 
Nerine se queda mirándola con gesto confuso e inmediatamente se vuelve para marcharse. 

La ven alejarse con paso decidido hacia la carretera. 
Por el horizonte se acercan unas nubes de aspecto amenazador. 

…................................................................ 

Cuando comenzó a llover, Montse se apresuró a sacar la lona y ponerla sobre la sartén, pero al arreciar con fuerza tuvieron que entrar lona y sartén a la autocaravana, dejando que la lluvia apagara el fuego. 

- ¡Ay, qué rabia! El conejo está hecho pero al arroz le falta un poco. 
- Da igual, Montse – le responde Carlos – nos lo comeremos igual. Cosas peores nos hemos llevado al estómago. 

Comen los tres en silencio, escuchando el repiqueteo de la lluvia en el techo de la roulotte.  
- Bueno, tampoco está mal del todo – dice Montse al rato. 
- ¡Silencio! – dice Carlos, que parece haber escuchado algo afuera. 
Entonces oyen caer al suelo la mesa plegable. Con precaución, Carlos se asoma por la ventana. Ve inmediatamente a un hombre que levanta la cara al cielo moviéndola en todas direcciones, como si buscara el rastro de un olor. Tiene puesto un mono de trabajo verde que la lluvia está oscureciendo al mojarlo. Cuando se vuelve, Carlos se oculta. 
- No hagáis el más mínimo ruido. Tenemos la visita de uno de esos. 
- ¿Solo uno? - susurra Ana Bohemia con los ojos muy abiertos. 
- Sí, creo que sí. De momento solo parece haber uno. 
Oyen el cubo donde Montse echó los despojos del conejo arrastrar por el suelo. Ella se muerde el labio inferior y mirando a Carlos se toca varias veces la nariz. Él asiente con la cabeza. 

Vuelve a asomarse en silencio.  Puede ver que el cubo se ha volcado y la lluvia extiende la sangre por la tierra. 
El zombi se mueve en movimientos espasmódicos, mirando con brusquedad a derecha e izquierda. Pisa la mesa plegable del suelo, vuelve a tropezar con el cubo y se encamina hacia las brasas ya extintas. 

Un trueno lejano se deja oír y Carlos piensa que es lo único que  faltaba en  aquel macabro escenario. 

….............................................. 

A escasos metros de la aldea , Holden pide a Ángeles que apriete el paso porque está a punto de llover. 

- Sí, me he dado cuenta – responde ella – Ya me han caído  varias gotas. 
Holden tiene el gesto serio y desde la vaguada mira hacia las primeras casas  con suma atención. Durante el trayecto ha ido pasando de unos supuestos a otros en cuanto a lo que pueden encontrar. Llevan tres meses en completa soledad y no quiere que nada ni nadie cambie ahora aquel equilibrio. 
Cuando se refugian en el gran árbol que hay pegado a su casa, empieza a llover con fuerza. Ángeles saca la llave y cuando va a echar a correr hacia la puerta para abrirla, Holden la detiene. 
- Dámela a mí. 
Holden sigue mirando por el sendero que sube hacia los corrales, esperando ver aparecer a alguien. Abre la casa y hace un gesto a Ángeles para que se acerque. 

- Espérate aquí, - le dice cuando entran- voy a echar un vistazo. 
¿Ahora? - exclama ella pasándose las manos por el pelo para quitarse el agua – ¡Pero si está diluviando! 
- Y qué quieres que haga, ¿que me quede aquí de brazos cruzados? Necesito saber quién ha encendido fuego y por qué. 
- Espera al menos a que escampe un poco. 
Ambos oyen tronar en la distancia, e inmediatamente después unos golpes sordos que ella no sabe reconocer. 
- ¿Qué ha sido eso? - le pregunta a Holden. 
- No lo sé - le responde, esperando que no sea lo que imagina. 

….............................................................. 

Anasister y Pepi miran  el fuego de la chimenea sin decir nada. Ambas piensan en la posibilidad de que los zombis que hay en aquella cámara logren abrir la puerta, salir de la casa  y esparcirse por la aldea. 
Aquel ya no parece un lugar seguro, pero la necesidad de abandonarlo es dura de aceptar. Pepi piensa que no deben alejarse más de Tomás,  pero  también imagina la posibilidad de que él las esté buscando lejos de allí. 
La idea  era seguir hasta la costa sur al fin y al cabo. 

- Anasister 
- Dime 
- ¿Cuándo nos vamos? 

…............................................................ 

Para evitar la lluvia en la cara, Nerine camina mirando al suelo. Está pensando en Tomás, en si seguirá allí tal y como lo dejó. Toca el frasco de Doxma a través de su sueter mojado y aprieta el paso mirando sus zapatos totalmente empapados. Piensa que tendrá que quitarse la ropa y secarse bien para evitar un enfriamiento. 

El ambiente se ha oscurecido mucho a pesar de ser poco más de mediodía. La lluvia es ahora una cortina de agua que no deja ver más allá de unos metros. Nerine ha perdido la noción del tiempo y no sabe cuánto llevará andado, por eso a veces mira al frente esperando ver la silueta de la gasolinera en la distancia.  Espera encontrarla cuando supere la pronunciada rasante que tiene a unos metros. 

Al llegar a lo alto ocurre  algo excepcional que la deja maravillada. 
Las densas  nubes grises que encapotan el cielo se dispersan en un solo lugar y por allí irrumpe poderoso un rayo de sol que ilumina el paisaje, permitiéndole ver toda la carretera perderse en la distancia. Se detiene para contemplar el mágico espectáculo de grises y diminutas luces reflejadas en los millones de gotas que caen sobre aquel campo de fantasía.  

Y entonces una visión le hiela la sangre. 

Su refugio está a menos de un  kilómetro de dónde ella se encuentra. Por la carretera, una manada de zombis ha superado la gasolinera y camina en dirección hacia ella. A través del valle, por encima del sonido metálico de la lluvia, le llegan nítidos sus lamentos, los jadeos de aquella muchedumbre de harapos y carne muerta.


12 comentarios:

JuanRa Diablo dijo...

Queridos Super supervivientes:
Ahora que todos habéis aparecido en escena, he pensado en publicar proximamente un resumen de lo que llevamos recorrido, así como las ideas de cómo irán sucediendo las bajas, que como ya veréis no será algo que decida yo.

Por otro lado empezaré a pediros propuestas, porque, como grupo, unos querréis tirar hacia un sitio y otros hacia otro. Lo decidiremos democráticamente, jaja

La pregunta que dejo planteada hoy aquí es:
¿Qué hacemos con Tomás?
Creo que alli encerrado, calentito y con comida, se debe estar pegando unas siestorras...

Roquito78 dijo...

Felicidades Juan sigues manteniendo un ritmo muy alto y una lectura adictiva, acabas de publicar el quinto capítulo y ya estoy deseando leer el sexto por favor no tardes estoy ávido de esta historia tan entretenida jajjaajja

Pepi Fuentes dijo...

Increíble Juan!!

Holden dijo...

La historia va de fábula JuanRa, parece que nos vamos a encontrar todos de alguna manera fatídica :D

Pobre Tomás, yo no quiero que muera tan prontito. Yo diría que está buscando una solucion ingeniosa a su problemilla.

Ángeles dijo...

Eres un maestro del cliffhanger, JuanRa, dejando cada trama detenida en el momento de más suspense. Luego no te quejes si nos manifestamos exigiendo el siguiente capítulo cuanto antes ;)

Aparte de esto, y de lo interesante que es la historia y lo bien ensamblada que está, en este capítulo en particuar hay frases y párrafos, como los dos últimos, que me parecen literatura de la buena.
Te felicito.

Y respecto a Tomás, yo creo que se va a poner en marcha pronto, ya se apañará con su "problemilla", como dice Holden :D, que no está el mundo para siestas.

Anónimo dijo...

Juan,maravilloso!!!! Ya estamos todos!.
Anabelén...muy tú...
Ahora qué? Qué? Nos conoceremos antes de morir...no?
Anasister

Montse Martínez Ruiz dijo...

Cada capítulo es más apasionante que el anterior y hoy, además, nos dejas con la intriga final de esa muchedumbre de zombies dirigiéndose hacia Nerine ¡ay, pobrecilla!
Estoy contenta de que me hayas descrito tan positiva y animosa ¡buenísimo lo del conejo con arroz! y me gusta que ya estemos todos los personajes, estoy deseando saber cómo sigue la aventura, la estás llevando muy bien, sabes perfilar cada una de nuestras personalidades y narrar la historia con soltura ¡y está tan emocionante!

Sobre Tomás, yo creo que debería ser el personaje misterioso, que tarde un poco más que los demás en unirse al grupo que, una vez juntos vayan en su busca cuando Anasister y Pepi cuenten que lo han perdido. Mientras, en lugar de siesta, estará batallando con los dos que tiene atrapados en el sótano y descubriendo algo sobre el doxma. Bueno, no sé, es una sugerencia nada más ¡tu eres el jefe!
Un besito.

Ana Bohemia dijo...

Pues ya estamos todos en tu tablero de palabras, nos toca mover ficha... umm, yo apuesto porque Tomas se un personaje muy importante, así que tendrá que salir cuanto antes de su trampa, vamos a poner que sea de una manera ingeniosa y divertida, como eres tú JuanRa.
Me ha gustado Nerine, jaja, es un personaje embaucador y con morro, así que me ha preocupado la escena final, a ver como esquiva a la horda de comecerebros.
Ah, gracias por dibujarme con palabras de una manera tan ... ¡tan fiel a la realidad, oye!, porque si hay algo que no soporto es ver animales muertos y pensar luego que me los tengo que comer. Pues nada, como florecilla del campo que soy me despido con un "paz, hermano", que no te pierdas en palabras como canta Pink Floyd.
:D

Anónimo dijo...

¡Guau! ME gusto más en tu relato que en la realidad. Ya me gustaría a mí, ya, saberme desenvolver así en la Naturaleza...
Por cierto, que me has traído a la memoria una escena de cuando era niño que era brutal pero que, a fin de cuentas, era algo normal y necesario; incluso hoy en día quizá deberíamos no haber perdido del todo toda esa ciencia. Me refiero al desuello del conejo. Cuando era chico mi padre tenía un corralillo con conejos y todas las semanas había que cargarse uno de un manotazo tras las orejas, degollarlo y "despellatarlo" como decimos por aquí, después del strepteasse, ya sin vísceras, había que colgarlo en la fregadera al pobre toda la noche, para que escurriera la sangre con un palo ahuecando la caja torácica para que se aireara. Era escalofriante pero vital. Y además, el conejo, criado de forma natural estaba de rechupete; mucho mejor que los de la carnicería que después hemos tenido que comer.
Y me alegro un montón de estar tan bien acompañado...con lo bien que cocina Montse y lo poco que come Ana, me voy a poner como el quico.
Hombre, pues a Tomás hay que sacarle de ahí. Y sólo podrá hacerse, aunque sea involuntariamente, gracias a Nerine que encontrará el modo de sortear al grupo de zombies para ser sorprendida por el zombi que acosa a Tomás,por ejemplo. Y, como necesitamos al al elemento traidor para que siga la trama, los dos deberán sobrevivir.
carlos

JuanRa Diablo dijo...

¡Mañana os contesto a todos!

JuanRa Diablo dijo...

Roquito78:

Muchas gracias, Ángeloquito. Espero que en esta historia te salga todo rodado , sin contratiempos que te puedan hacer sucumbir (como cuando toca la Q en el Apalabrados, jajaja)

Pepi:

Increíble es verte ahí, en un mundo lleno de zombis. (Da gracias a que no haya un perrazo rabioso también :p)

Holden:

De alguna forma habrá que iros juntando, ¿verdad?
Tomás sigue siendo “el perdido” , pero al menos puede comer. ¡A ver si el que va a ir de fábula es él! xD

Ángeles ;

Ya lo dice mi DNI. Profesión: cliffhangeador :p
Mira que si me pusiera en huelga de escribir y viniérais los 15 como una horda de zombis a darme una paliza...

Me alegra mucho lo que me dices. A ver si de vez en cuando consigo demostrar cuánta poesía hay en el mundo zombi, porque salvo tú y pocos más, ¡nadie lo quiere admitir!

Anasister:

Nada te puedo adelantar porque soy yo el que cuando se sienta a escribir digo: ¿¿Y ahora qué??
Yo solo tengo clara una cosa, que si hubiera que untarse el cuerpo de tripas de zombi, tú no te dejabas libre ni media oreja, ¡¡tú hasta los agujeros de la nariz, jaja!!

Montse:

En otras circunstancias te hubiera descrito podando un rosal de algún jardín bien cuidado, pero no te encuentras en la situación apropiada, ya ves. ¿Y te imaginas saliendo los jueves a fotografiar zombis? Tampoco pega mucho, ¿no? Jaja

Sí, me gusta esa opción de que Tomás tarde en aparecer, y que sea el grupo el que haga un ultimo esfuerzo en dar con él antes de seguir hacia otro lugar. ¡Tomo nota, Montse!

Ana Bohemia:

A ti tenía que dibujarte lo más bohemia y libre posible. Y artista. Y vegetariana (o casi). Y como la historia se hiciera más larga te veo capaz de decir que se te escapó un gato en globo (pero a ver cómo explicaría yo eso sin que pensaran los lectores que te habías fumado algo :D)

Sí, Nerine está en uno de esos momentos “de máxima audiencia”, jeje

(“tu tablero de palabras”... Me ha gustado eso :))



Carlos:

Te advierto que ese otro Carlos que sabe cazar conejos, hace unos años no tenía ni idea de que lo sabría hacer . No olvides que la necesidad agudiza el ingenio.

Oye, tu descripción del desuello del conejo es tan visual que me la guardo por si más adelante la cuenta tu alter ego. Eso de estar pelado y colgado en la fregadera toda la noche goteando sangre ¡¡es brutal! ¡¡muy zombi!! ¡¡poesía pura!!

Y luego nos los comemos y nos chupamos los dedos. ¿Te das cuenta de que en realidad, tanto humanos como zombis, somos unos carnívoros carniceros con un hambre que no conoce sentimientos? La realidad es zombi también. La gente no quiere verlo, pero es así.

A Tomás habrá que sacarlo, pero dudo que sea Nerine, porque la horda de zombies ha pasado ya la gasolinera. A Nerine no le queda otra que decir “Pies, para qué os quiero”

Ya sabrás que estás en la cuerda floja, así que... ¡suerte en lo venidero, amigo!

Anónimo dijo...

A.B

Me he quedado muy sorprendida por lo mucho que soy yo en esta experiencia Zombi.
Me encanta todo el grupo y me gustaría conocerlos a todos.
La personalidad de Nerine me atrae y me angustia al mismo tiempo(espero que le gustaran las cerezas).
Con respecto a Tomas, me imagino una escapada muy artística y surrealista,con unos cientos de zombis remataos!!(a lo bestia).